Hay reformas que se venden como modernización y se reciben como un portazo. El martes, el Consejo de Ministros aprobó en segunda vuelta el Proyecto de Ley del Estatuto Marco del personal estatutario y lo mandó al Congreso. Elma Saiz lo presentó como deber pendiente desde hace 23 años: el marco actual data de 2003. Mónica García celebró en X la «luz verde». El mismo día, el Comité de Huelga de los sindicatos médicos dio por agotada la interlocución. No es un matiz de gabinete. Es el diagnóstico de quien sostiene las urgencias: aprobar no cierra el conflicto.
«No habrá Estatuto Marco para los médicos sin contar con los médicos», advierten CESM, AMYTS, SMA, SME, O'MEGA y Metges. Denuncian «cerrazón» y «empecinamiento» de Sanidad tras un verano sin, a su juicio, un verdadero intento de acercamiento. Han protagonizado ya varias jornadas de huelga este año y mantienen la amenaza de una huelga indefinida en septiembre. Quien crea que el BOE basta para apagar esa mecha no ha pisado un hospital de guardia.
El PP clava el dardo en Sánchez, no solo en la ministra
Génova ha decidido que el problema ya no se puede aparcar en el despacho de Mónica García. Fuentes del PP, recogidas por ABC y ESdiario, acusan a Pedro Sánchez de convertirse en «cómplice» de la ministra y de hacer suyos «los ataques» al colectivo médico. El eslogan es seco a propósito: «Aprobar no es acordar. Imponer no es dialogar». Y añaden un detalle de teatro político que duele: la ministra no salió a defender en rueda de prensa su medida estrella. Si la reforma es tan buena, ¿por qué se esconde detrás del portavoz?
La derecha parte de una premisa incómoda para el relato oficial: España sí necesita actualizar un Estatuto de 2003, pero necesita uno bueno, con seguridad jurídica, viabilidad económica y recursos. No un texto que llegue a la Carrera de San Jerónimo con los facultativos en pie de guerra y las comunidades pidiendo reabrir el diálogo. Las 17 autonomías han reclamado a Sanidad que retome la conversación con los médicos; el ministerio replica que parte de las mejoras caen en competencias autonómicas. Ese tira y afloja es real. También lo es que Presidencia, cuando los facultativos pidieron mesa interministerial el 25 de junio, dejó a Sanidad como único interlocutor. Hoy ese blindaje se vuelve boomerang: si solo habla García, Sánchez ya no puede decir que el lío «no va con él».
Qué dice el papel… y qué echan en falta los médicos
El proyecto, según Sanidad y crónicas de Gaceta Médica y Diario de Santiago, baja el tope semanal de 48 a 45 horas, limita la suma jornada+guardia a 17 horas, impide empezar una ordinaria justo después de una guardia y deja las guardias de 24 horas para supuestos excepcionales con consentimiento e informe de riesgos. Habla de conciliación, desconexión digital, exenciones por embarazo o cuidados, y de pelear la temporalidad con ofertas más regulares. Da cinco años a los servicios de salud para adaptarse sin pérdida retributiva, dice el Ejecutivo.
Suena a manual de buenas intenciones. El Comité de Huelga responde con el catálogo de lo que falta o se diluye: un reconocimiento profesional específico —el famoso A1+/A+ ligado a la formación MIR y al nivel 7 del marco de cualificaciones—, jornada ordinaria de 35 horas con lo que exceda en voluntariedad, mejor pago de guardias, jubilación flexible y blindaje real frente a la sobrecarga. Ellos no niegan que el SNS sea de todos. Nigan que se pueda meter al cirujano de guardia en el mismo saco laboral que si no existiera la particularidad de la profesión. El 26 de enero, García cerró un acuerdo con SATSE, CCOO, UGT y CSIF; los sindicatos médicos lo rechazaron por negociarse sin interlocución específica. Desde entonces, el choque dura ya alrededor de 15 meses y superó las 14.000 alegaciones antes del verano.
Del Consejo de Ministros al barro del Congreso
«Aprobar el proyecto en Consejo de Ministros no significa resolver el conflicto. El conflicto médico sigue abierto», insiste el Comité de Huelga. Tienen razón en la mecánica: ahora empieza la trituradora parlamentaria, con oposición en contra y dudas sobre si los socios del Gobierno tienen estómago para tragar un texto tan caliente. Los sindicatos ya anuncian presión grupo a grupo y más movilizaciones. El PP enlaza además el malestar con la tensión sanitaria vivida en Ceuta: el mismo Ejecutivo al que acusan de llegar tarde a la frontera pretende reformar las reglas del personal sin haber cerrado la paz con quien atiende las camas.
Hay una lectura de sentido común que la derecha puede defender sin inventar monstruos: modernizar el SNS no es humillar a los médicos ni usar el BOE como sustituto del acuerdo. Si la reforma es de Estado, se negocia como de Estado. Si es de trinchera, se notará en las listas de espera y en los turnos rotos. Sánchez podía haber obligado a reabrir la mesa antes de la segunda vuelta. Ha preferido la foto de la remisión a Cortes. Muy bien. Ahora que no diga, cuando suene el pito de la huelga, que nadie le avisó.
Fuentes y contexto
- ABC: sindicatos rompen negociaciones y crítica del PP a Sánchez
- ESdiario: aprobación del proyecto y reacción de Génova
- Gaceta Médica: contenido del proyecto y envío al Congreso
- Diario de Santiago: segunda vuelta, alegaciones y huelga indefinida
- El País: remisión al Congreso y amenaza de huelga médica
