Alberto Núñez Feijóo ha tocado una tecla delicada: las bajas laborales. Según publicó elDiario.es, el líder del PP defendió ante empresarios vascos que el absentismo en España es “un cáncer”, lo cifró en 30.000 millones de euros y habló de 1,16 millones de personas afectadas cada día por bajas, permisos u otras incidencias. También planteó sentar a sindicatos y patronal para abordar recortes de sueldo “y prestaciones” a trabajadores de baja, “con o sin acuerdo” sindical.
La respuesta del Gobierno llegó rápido. Pedro Sánchez cargó este miércoles contra ese enfoque y lo presentó como lo que para la izquierda es: una puerta abierta a recortar derechos laborales. elDiario.es recogió su frase de fondo: el PP no cree en los derechos laborales y sus propuestas son recortes. Después, el propio PP intentó acotar el tiro y, según El País, circunscribió las palabras de Feijóo al fraude.
El fraude existe; usarlo como martillo contra todos es otra cosa
La baja falsa existe, claro. Como existe el contrato en negro, la factura inflada, el alquiler sin declarar y el empresario que convierte una oficina en una trituradora de salud mental. La política seria persigue el fraude. Lo que no hace es colocar a todo trabajador enfermo bajo sospecha y luego pedir aplausos por “gestionar”.
Ahí está el problema del marco elegido por Feijóo. Si la discusión se plantea como una pelea contra el absentismo sin distinguir bien entre enfermedad real, permisos, bajas de larga duración, accidentes, cuidados o fraude, se fabrica una diana demasiado grande. Y en esa diana acaba entrando la cajera con lumbalgia, el camarero con ansiedad, el operario lesionado y también quien hace trampa. Meterlos en el mismo saco es cómodo para un mitin empresarial, pero pésimo para legislar.
El PP dice ahora que habla del fraude. Perfecto: entonces que presente medidas contra el fraude, no una nube de amenaza sobre sueldo y prestaciones. Más inspección, mejores controles médicos, coordinación entre Seguridad Social y servicios autonómicos, prevención en empresas con tasas anómalas y sanciones para quien abuse. Eso es una política pública. Lo otro suena a viejo reflejo: cuando hay un coste laboral, se empieza mirando al trabajador.
Una baja no es una paga extra: es una red cuando el cuerpo falla
Conviene recordar algo elemental. La baja médica no es un premio. Es una protección cuando una persona no puede trabajar por motivos de salud. Y una prestación no es una cortesía del Gobierno de turno: forma parte de un sistema pagado por cotizaciones, impuestos y reglas comunes. Si se quiere cambiar, que se explique con claridad quién pierde dinero, cuándo, cuánto y bajo qué garantías.
Desde una lectura progresista, la frase “con o sin acuerdo” sindical es la parte más fea del asunto. Porque no habla solo de absentismo; habla de poder. De quién decide sobre la nómina de una persona enferma. De si sindicatos y trabajadores son interlocutores o decoración. Y de si el futuro programa laboral del PP empieza por corregir abusos concretos o por asustar a quien ya está en una posición débil.
También hay una ironía política. Vox, según El País, se desmarcó con una frase sencilla: “La culpa no es de los trabajadores”. Cuando hasta la derecha más dura huele el peligro social de tu mensaje, quizá el problema no es la oposición, sino el mensaje.
España necesita hablar de productividad, bajas, prevención y fraude. Pero esa conversación no puede empezar con la sospecha generalizada ni acabar en el bolsillo del trabajador enfermo. Si el fraude es el objetivo, que el PP apunte al fraude. Si el objetivo real es abaratar ausencias a costa del débil, que lo diga sin envolverlo en tecnocracia.
Fuentes y contexto
- elDiario.es — Feijóo apuesta por recortar sueldo “y prestaciones” a trabajadores de baja
- elDiario.es — Sánchez carga contra el discurso de Feijóo sobre las bajas laborales
- El País — el PP matiza las palabras de Feijóo y las circunscribe al fraude
- Google News RSS — cobertura sobre Feijóo, absentismo y bajas laborales
