Feijóo ha bajado a Getafe a decir en voz alta lo que media España comenta en voz baja: este Gobierno se pone firme con los aliados y blando con quien le aprieta de verdad. La frase del día no es un adorno. Es un diagnóstico. “Se dicen republicanos y son los más monárquicos, pero del país equivocado.” Distantes con el Rey de España. Reverenciales con el Rey de Marruecos.
Se puede discutir el tono. No se puede fingir que la imagen no está ahí. Ceuta ha vivido una entrada masiva, la ciudad pide aire, Italia alarga controles Schengen y Moncloa responde a trompicones. En ese escenario, el líder del PP no ha salido a hablar de “relatos”. Ha salido a hablar de soberanía.
Frontera, dignidad y el CNI en secreto
Según Europa Press, Feijóo ha pedido a Margarita Robles que “deje” comparecer a la directora del CNI, Esperanza Casteleiro, en la Comisión de Secretos Oficiales. No pide un reality. Pide verdad “en el formato del secreto”. Lleva desde principios de agosto con esa demanda. Si el Gobierno la bloquea, dice, Robles será “igual que Pedro Sánchez” aunque no le aplauda.
Eso importa. Porque sin inteligencia explicada a quien debe vigilarla, la política migratoria se convierte en nota de prensa y en pelea de bar. Feijóo ha añadido una idea de Estado que debería ser obvia: España no tiene que elegir entre buena relación con el vecino y dignidad propia. No tiene que pedir permiso para controlar sus fronteras. Es obligación, no capricho.
El resto del retrato es duro y deliberado. Gobierno “hostil con los invadidos y dócil con los invasores”. Implacable con las comunidades desbordadas por menores y “manso” con las mafias. Desleal con Juan Jesús Vivas y comprensivo con ministros a la defensiva. Contundente con naciones aliadas que protegen su perímetro y “sumiso” con quien, a juicio del PP, revienta el de España. Se puede rechazar cada adjetivo. Cuesta más rechazar el patrón que describe.
Ayuso pone el foco en Rabat; Feijóo, el marco nacional
Ayuso ha cargado el relato con la tesis de una acción coordinada desde Rabat y sus servicios secretos, y ha afeado que Sánchez no cortase unas vacaciones que ella tilda de “lujosas” mientras la frontera ardía. Feijóo ha completado el marco moral: un político “no es oficinista de 8 a 3”. En Getafe, el mensaje interno ha sido tan importante como el externo. El cambio “está cada vez más cerca”, pero “no está hecho”. Nada de sentarse a esperar que el poder caiga “como una fruta podrida”. Hay que apretar de cara a las municipales y autonómicas de mayo y a unas generales que el PP ya olfatea.
Eso no es triunfalismo barato. Es la lección de 2023, dicha sin anestesia: no basta con ganar si después otros vuelven a gobernar.
Del Rey al bolsillo: el “modelo Junqueras”
Cuando el mitin baja de la geopolítica al recibo, Feijóo no suaviza. Llama “modelo Junqueras” a la financiación sacada adelante en el CPFF con el apoyo de Cataluña y Canarias y pregunta en qué cabeza cabe imponer el reparto de todos con el rechazo que él cifra en el “80 por ciento” de los españoles. Su tesis es simple y electoralmente demoledora: se financia el coste de sanidad, educación y servicios sociales, no el peaje de “seis o siete votos” ni la presión de un líder independentista que “no es nadie a efectos de financiación autonómica”.
Ayuso lo ha traducido al madrileño de barra: levantar persianas para “pagar la fiesta nacionalista a cuatro mindundis”. El lenguaje es bronco. El fondo conecta con una evidencia institucional de este viernes: la mayoría de comunidades dijo no y el modelo siguió. Si a eso se suma que barones socialistas como Page hablan de insolidaridad, el problema ya no es solo trinchera de Génova. Es que el mapa territorial no compra el relato de Hacienda.
Hablar de España, no del manual de supervivencia
Feijóo ha cerrado el círculo con la promesa de “gobiernos para todos” y con una agenda que suena a país normal: infancia, educación, conciliación, vivienda, incluso la extensión de la prohibición de pantallas individuales en aulas al estilo Madrid. Se puede ironizar. También se puede comparar con un Ejecutivo que, en plena crisis de Ceuta, sigue atrapado entre la nota diplomática, el peaje parlamentario y el miedo a decir “frontera” sin pedir perdón.
El curso político del PP arranca con una idea incómoda para Moncloa: si España tiene que bajar la voz ante Rabat, pelearse con Roma y pagar la factura de ERC para llegar a fin de mes parlamentario, el problema no es que Feijóo hable claro. El problema es que el Gobierno haya dejado que la claridad solo salga de la oposición.
Fuentes y contexto
- Europa Press: Feijóo exige la comparecencia de Casteleiro y carga contra la “sumisión” a Marruecos
- Europa Press: ataque al “modelo Junqueras” y citas sobre el 80% y las dos CCAA
- elDiario.es: crónica del acto con Ayuso y el marco Marruecos/Rey
- La Vanguardia: “no confiarse” y ofensiva de inicio de curso
- The Objective: “monárquicos… pero en el país equivocado”
- PP: mensaje oficial de inicio de curso
