Alberto Núñez Feijóo llegó este lunes al Casino de Madrid con el mensaje bien medido. El desayuno informativo de Europa Press del 3 de noviembre tenía en el aire una pregunta inevitable: ¿va a verse con Javier Milei, que llega mañana a la capital para la XXX Cumbre Iberoamericana? La respuesta fue nítida, sin dramatismos ni aspavientos: no tiene previsto reunirse con el presidente argentino. Ni el martes ni el miércoles. Sin más.

Dicho esto, Feijóo no tardó ni un segundo en dejar claro que eso no es un veto ni un reproche de orden ideológico. Argentina es un país hermano. Milei es un presidente legítimamente elegido por los argentinos. Y la cumbre —que se celebra los días 4 y 5 de noviembre en Madrid— la preside el jefe del Estado español. Lo que Feijóo exige, a Milei y a cualquier otro mandatario que pise España en nombre de su país, es exactamente eso: que se respete al rey y que se respete a España. Sin matices y sin trampa.

No es ninguna declaración de guerra diplomática. Es la vara de medir de siempre, la que lleva siendo norma en cualquier cancillería con dos dedos de frente. Que Milei haya llamado «dictador» a Sánchez en su visita anterior —y otros calificativos que quedaron en hemeroteca— es un hecho conocido y publicado. Feijóo lo asume como contexto sin convertirlo en causa beli. Su posición fue meridiana: «Si Milei va a un mitin de un partido y le critica siendo él presidente, ni se me ocurriría romper relaciones diplomáticas con Argentina». Las relaciones entre estados no son moneda de cambio para el rencor de ciclo informativo. Eso no se toca.

Ahí está la diferencia con el estilo Sánchez: para el PP, las relaciones exteriores son política de Estado. Para Moncloa, en los últimos años, han parecido ser política de supervivencia de coalición.

El diagnóstico de Feijóo: exterior como arma de partido

El reproche más afilado de la mañana no fue sobre Milei. Fue sobre el inquilino de La Moncloa. Feijóo fue directo: Sánchez lleva tiempo «utilizando la política exterior para mantener la coalición electoral» y para «mejorar su posición partidista». El diagnóstico no es nuevo, pero la formulación fue especialmente dura. «Este es el problema de la política exterior de España: que no se ha hecho política exterior y no se han defendido los intereses del país», dijo el líder del PP. Y fue más allá: eso «no puede seguir ocurriendo».

No hace falta ser Henry Kissinger para ver lo que está pasando. El presidente español publicó en X —camino de Burgos, para más inri— una canción argentina que parodia a Milei como «fanático». El jefe del Gobierno de la cuarta economía de la zona euro respondiendo a un presidente extranjero con una canción en redes sociales. Así entiende Sánchez la diplomacia. Feijóo, que tampoco es un diplomático al uso, tiene al menos claro que esa no es la función de las embajadas ni la altura que requiere el cargo.

Preguntado directamente si la presencia de Milei en Madrid perjudica al PP —una trampa razonablemente previsible en cualquier desayuno político—, Feijóo cortó por lo sano: no hace «cálculos electorales sobre presidentes legítimamente elegidos en los países hermanos» y, remató, quiere mucho a Argentina. Ni cálculo partidista ni distancia ideológica artificialmente construida: instituciones primero.

Delcy y el capítulo venezolano: el relato oficial y lo que apunta Feijóo

Hay otro nombre sobre la mesa en esta cumbre: Delcy Rodríguez, número dos del régimen venezolano, que no acudirá a Madrid. Sobre ella pesan sanciones de la Unión Europea —que, según el Ejecutivo español, podrían haberse levantado para facilitar su presencia— y también el convulso contexto interno venezolano. El escenario tras la salida de Maduro a principios de año añade capas de complejidad que el Gobierno prefiere no airear.

Feijóo fue explícito: Moncloa «está intentando» que Delcy no venga a España, y advirtió de que no hay que creerse el relato de que es ella quien no quiere aparecer en la capital. El juicio político es claro: el Gobierno construye narrativas convenientes para la política interna mientras disfraza de principios lo que en realidad son maniobras de posicionamiento. La ausencia de Delcy es lo que es: sanciones europeas, presión política y aritmética de coalición. Sin más condena de la que los hechos ya aportan por sí solos.

La agenda de la cumbre y los bilaterales que no existen

Una nota de contexto que importa: no consta ningún encuentro bilateral previsto entre Milei y el rey Felipe VI en el marco de esta visita, ni entre Milei y Pedro Sánchez. La agenda de la Casa Real no contempla reunión privada con un mandatario que no ha tenido encuentro previo con el jefe del Gobierno. El protocolo tiene su lógica, aunque la política se empeñe a veces en ignorarla.

Feijóo salió del Casino de Madrid con el mensaje que quería transmitir: ni show, ni ruptura, ni cálculo. Instituciones, respeto al jefe del Estado y una crítica en regla a un Gobierno que ha convertido la diplomacia en extensión de campaña permanente. Si la política exterior de España tiene un problema estructural, ese problema no lleva nombre argentino. Lleva el nombre del presidente que lleva años usando las relaciones internacionales como pegamento de su coalición en lugar de como herramienta del interés nacional.