Alberto Núñez Feijóo eligió Badalona, no un plató, para soltar la frase del día. Delante de Alejandro Fernández y del alcalde Xavier García Albiol, el líder del PP puso el pasaporte español en el centro del tablero migratorio: hay que recuperar “el prestigio” del documento y la protección de las fronteras. La nacionalidad, dijo, no es solo un catálogo de derechos. También es una lista de deberes. Y si alguien viene a saltarse la ley, la advertencia fue seca: España estará cerrada a cal y canto.

No es un eslogan suelto. Feijóo enlazó tres piezas que el PP quiere vender como un mismo paquete: inmigración ordenada, frontera creíble y revisión de cómo se concede, se mantiene y se puede perder la nacionalidad. El tono no fue de seminario jurídico. Fue de precampaña con altavoz. “Si a alguien le molesta que retiremos la nacionalidad a un condenado por pertenecer a una banda criminal, a un asesino o a un agresor sexual reincidente, que nos lo explique”, zanjó, según recogen El Confidencial, Vozpópuli y Antena 3.

Abiertos al trabajo, cerrados al abuso

El marco que dibuja el PP no es el del cierre total. Feijóo insiste en una política “ordenada” y abierta a quien quiera venir a trabajar, cumplir la ley y asumir las mismas obligaciones que el resto. Su crítica al Gobierno es otra: que resulte más fácil entrar de forma irregular que con un contrato de trabajo. Esa asimetría, dice, es un “sinsentido”. En la práctica, el mensaje busca ocupar el terreno que el PP considera abandonado: seguridad, igualdad ante la ley y autoridad del Estado sin pedir perdón por nombrar el problema.

En Badalona el discurso se mezcló con la crisis de Ceuta. Feijóo acusó a Pedro Sánchez de dimitir de responsabilidades y de generar la sensación de que, cuando hay un problema gordo, el Gobierno deja solo a quien paga impuestos y cumple. Reclamó más Europa en Ceuta y Melilla y reivindicó que la frontera sur no es un apéndice lejano: “Europa no finaliza en Andalucía”. Es el mismo eje que el PP lleva semanas empujando en clave de Estado, ahora aterrizado en un mitin catalán con olor a municipales.

El pasaporte como frontera moral

Lo novedoso no es que el PP hable de control migratorio. Es que eleve la nacionalidad a herramienta de disuasión y de reafirmación. Revisar concesión, mantenimiento y pérdida no equivale a tener ya un articulado en el BOE —y conviene no venderlo como tal—, pero sí marca una línea roja política: el pasaporte no sería un cheque en blanco perpetuo ante delitos graves. Para el electorado que prioriza orden, la frase funciona porque es comprensible en el metro. Para quien teme recortes de derechos, suena a puerta abierta a arbitrariedad. Feijóo no entró en matices constitucionales finos; entró en el terreno de la igualdad formal: mismos derechos, mismos deberes, mismas consecuencias.

El acto no se limitó a fronteras. Tocó ocupación ilegal y seguridad —con Albiol reclamando cambios legales para que el propietario recupere antes su casa—, coste de la vida, IPC, hipotecas, alquileres y la anomalía de gobernar sin Presupuestos Generales del Estado. “Aquí no hay quien viva y aquí hay que hacer algo”, resume el propio Feijóo en la crónica de Antena 3. Vozpópuli habla de un auditorio de más de 6.000 personas. Sea cual sea el aforo exacto, el PP buscaba imagen de fuerza en una Cataluña que quiere convertir en palanca de “limpieza total” y “cambio real” en Madrid, según el propio relato de campaña recogido por ABC.

Desde la derecha liberal-conservadora el argumento es de sentido común estatal: un país que no protege su frontera ni el valor de su pasaporte acaba externalizando el conflicto a los barrios y a los ayuntamientos. Desde otras orillas se leerá como endurecimiento punitivo del estatus de ciudadanía. Lo que no se puede negar es el movimiento político: Feijóo ha convertido una tarde de domingo en Badalona en un mensaje nacional. No pide solo más Policía en el agua. Pide reescribir las reglas del carné de español cuando la ley se rompe del lado más grave. Y ha avisado, sin rodeos, de que el PP no piensa pedir disculpas por eso.