En Vitoria, Arnaldo Otegi ya no habla en condicional. Ante cuadros de EH Bildu y candidatos a las próximas locales, el líder abertzale ha confirmado un acuerdo «táctico» con el PNV y el PSE-EE para un nuevo estatuto vasco. El objetivo, en sus palabras, es «seguir avanzando» en autogobierno con la soberanía como horizonte lejano. Traducción política: el triángulo PNV–Bildu–PSE se consolida como bloque de poder territorial… y como dique frente a un posible cambio en Madrid.
No es un tuit suelto. El portavoz parlamentario Peio Otxandiano ya situó la negociación en la «recta final» tras meses de conversaciones discretas. Otegi ha rematado el mensaje con una frase casi calcada a la del lehendakari Imanol Pradales: más «instrumentos de decisión» sobre el futuro político de Euskadi. Cuando la izquierda abertzale y el PNV comparten vocabulario de soberanía suave, el PSE tiene un problema de relato… o un cálculo de permanencia.
El «derecho a decidir» diferido y la línea roja de Andueza
Según la información de El Mundo, PNV y Bildu habrían logrado que los socialistas de Eneko Andueza admitan una vía diferida de reconocimiento del «derecho a decidir» en el texto que se ultima. Andueza, por su parte, insiste en la «prioridad social» y repite el mantra de campaña: el acuerdo «será constitucional o no será». Es la cuadratura del círculo clásica del socialismo vasco: firmar con quienes empujan la frontera del autogobierno y, al mismo tiempo, jurar lealtad a la Constitución.
El calendario no es inocente. El pacto a tres puede solaparse con la convocatoria de elecciones generales por Pedro Sánchez y con el ciclo de locales y forales. Bildu no lo esconde: quiere usar el acuerdo como «mojón» contra un eventual gobierno de Feijóo. Otegi vende «programas de mínimos» frente a la ultraderecha y reivindica el legado de José Antonio Agirre —la batalla simbólica con el PNV por la memoria del primer lehendakari— para presentar a Bildu como fuerza de «gobiernos de concentración» en Euskadi, Navarra e Iparralde.
Qué gana cada uno… y qué pierde España
El PNV obtiene rearme estatutario sin romper del todo con el marco. Bildu obtiene centralidad, relato soberanista y un instrumento para condicionar Madrid. El PSE obtiene estabilidad territorial a cambio de normalizar un lenguaje que hace diez años habría hecho saltar todas las alarmas en Ferraz. El PP vasco, previsible, se postula como «única alternativa» a ese tripartito de hecho.
Nadie ha firmado aún el texto definitivo en el Parlamento Vasco. Nadie ha aprobado un estatuto nuevo. Pero el movimiento político ya está encima de la mesa: un acuerdo entre diferentes que mira más allá de Vitoria y que, si cristaliza, convertirá el autogobierno vasco en moneda de cambio permanente de la legislatura española. Cuando la soberanía se vende como «táctica» y el derecho a decidir como «diferido», el truco es el mismo de siempre: mover el marco sin decir la palabra ruptura… hasta que el marco ya no se parece al de partida.
