Tres años después de las generales del 23-J, PP y PSOE han decidido resumir la legislatura con dos caricaturas que se entienden en diez segundos. Feijóo dice que Sánchez es un presidente agotado, sin mayoría y rodeado de corrupción. El PSOE contesta que Feijóo lleva tres años instalado en el “raca-raca”, sin proyecto propio y cosido a Vox. España, mientras tanto, mira la escena con una pregunta bastante menos épica: ¿alguien piensa gobernar o solo preparar el próximo cartel electoral?

El líder del PP hizo el miércoles su balance del curso político. Según la crónica de Cadena SER con información de agencias y la propia nota del PP, Feijóo sostuvo que Sánchez atraviesa “el momento de mayor debilidad de su mandato”, que “España no está mejor que hace tres años” y que “la cuenta atrás” para el cambio ya ha empezado. También prometió una “limpieza a fondo” de las instituciones y vinculó su alternativa a vivienda, seguridad, sanidad, infraestructuras y regeneración democrática.

El PSOE respondió este jueves desde el Congreso por boca de Patxi López. En su comunicado, el portavoz socialista afirmó que Feijóo no ha puesto “ni una sola propuesta” encima de la mesa salvo las que, a su juicio, le impone Vox. López defendió además que, tras el Pleno del día, habría 74 leyes aprobadas y publicadas en el BOE y más de 40 en tramitación. Es el mensaje clásico de Moncloa cuando la aritmética parlamentaria aprieta: hay ruido, sí, pero el BOE sigue funcionando.

La derecha ve final de ciclo; la izquierda presume de BOE

La lectura conservadora tiene combustible. El Gobierno no tiene mayoría estable, los Presupuestos siguen siendo una montaña cuesta arriba y cada votación importante se convierte en una negociación a varias bandas con socios que se contradicen entre sí. Feijóo intenta fijar una idea simple: Sánchez ya no gobierna, sobrevive. Y cuando un presidente parece sobrevivir más que dirigir, la oposición huele sangre.

Pero la respuesta socialista tampoco sale de la nada. La legislatura no está parada en sentido formal. Hay leyes aprobadas, decretos convalidados, reformas en tramitación y una agenda parlamentaria que este jueves incluía asuntos de peso: senda de estabilidad presupuestaria, deuda autonómica, AP-9, nacionalidad saharaui, jubilación parcial en administraciones públicas o inclusión laboral de personas con discapacidad. La política real, aunque suene menos viral que un insulto, también va de esos expedientes.

El problema para el Gobierno es que gobernar con BOE no basta si la sensación pública es de bronca permanente. Y el problema para Feijóo es que denunciar el agotamiento de Sánchez tampoco basta si no despeja la pregunta incómoda: con quién gobernaría, a qué precio y con qué parte de Vox tendría que convivir. Su frase sobre gestionar “la realidad política” si necesita pactos con la ultraderecha es pragmática, pero deja abierta la puerta que el PSOE quiere convertir en alarma.

En el fondo, ambos bloques están vendiendo una película incompleta. El PP habla de reconstrucción nacional, pero mezcla propuestas concretas con acusaciones muy duras que exigirán cuidado probatorio si pasan del mitin al programa. El PSOE presume de producción legislativa, pero evita reconocer que aprobar leyes a empujones no equivale a tener un rumbo estable. Un país puede estar legislando y, aun así, parecer políticamente exhausto.

El tercer aniversario del 23-J deja una fotografía poco romántica: un Gobierno que aguanta, una oposición que aún no remata y un Congreso convertido en máquina de supervivencia. Lo importante no es quién grita mejor el balance. Lo importante es quién consigue que el siguiente curso político no sea otra temporada de bloqueo con titulares reciclados.