Salvador Illa llegó a la Generalitat con un producto político muy vendible: menos drama nacional, más gestión. Normalidad institucional después del ciclo independentista. El primer tramo de ese relato lo ha sostenido con bastante oficio. El segundo —el de los equipos que aguantan y los departamentos que no se convierten en puerta giratoria— está mucho más tocado.
El Confidencial publica este 14 de septiembre una contabilidad incómoda: ocho salidas relevantes de altos cargos en dos años, presentadas como patrón y no como anécdotas sueltas. La Vanguardia habla de una “ristra” de ceses y renuncias en departamentos clave. Cuando la prensa de distinto signo coincide en el diagnóstico de rotación, el eslogan de la buena gestión empieza a sonar a powerpoint.
La lista que nadie quería colgar en el despacho
El recuento que ofrece El Confidencial incluye nombres que tocan nervios sensibles del Govern: Josep Maria Serena (Energía, marzo de 2025), Josefa Beltrán y Xavier Güell en el entorno educativo (marzo de 2025), la consellera de Benestar Social Mònica Martínez Bravo (julio de 2026), Teresa Sambola en Educación (cese de finales de agosto ligado a la reestructuración tras el episodio que dejó a Cataluña fuera del informe PISA), Tomàs Carrión como número dos de Interior (1 de septiembre), Josep Lluís Trapero al frente de la policía catalana (9 de septiembre) y Jesús Maria del Cacho en justicia juvenil el mismo día.
No hace falta dramatizar cada ficha como si fuera un thriller. Hace falta mirar el conjunto. Educación concentra varias bajas. Interior encadena Carrión y Trapero en cuestión de días. Benestar pierde a una consellera. Eso no es “movilidad natural”: es un organigrama que no pega el motor.
Trapero, el símbolo que se escapa
El fichaje de Trapero era, para Illa, algo más que un curriculum. Era un mensaje de autoridad policial con peso propio tras 2017 y su absolución posterior. ABC lo resume sin adornos: su marcha frustra la apuesta por estabilizar los Mossos. Comunicó la dimisión a la consellera Núria Parlon; ella intentó retenerlo; la versión oficial habla de motivos personales. El sustituto es Ferran López, hasta ahora en la delegación de los Mossos en Madrid —una ironía de guion, porque López ya había relevado a Trapero en otra etapa del cuerpo.
En el Parlament, las lecturas se cruzan. Junts, según El Periódico, habla de fracaso personal del president y recuerda que el fichaje se escenificó en campaña. ERC y Comuns celebran la salida por polémicas previas del major, pero los Comuns clavan al mismo tiempo la acusación de “provisionalidad” del Govern. Hasta los que aplauden el adiós admiten que el ejecutivo vive de susto en susto. Eso no es estabilidad: es supervivencia con rueda de prensa.
Motivos personales, silencio público
Una constante de esta oleada —y la señalan varias crónicas— es el tapón de las “razones personales” sin explicación detallada. En política, a veces es verdad y a veces es el eufemismo más barato del manual. El ciudadano no tiene derecho a la vida privada de un alto cargo; sí tiene derecho a preguntar por qué un departamento crítico pierde al jefe cada dos por tres.
Fuentes del Govern, recogidas por La Vanguardia, restan dramatismo: no todo el mundo vale o está dispuesto a la Administración pública; la responsabilidad y la disponibilidad son duras. Puede ser. También puede ser que el problema no sea solo la dureza del cargo, sino la dificultad de encajar perfiles fuertes, apagar fuegos educativos y mantener Interior en una sola pieza. La excusa del “es muy difícil” no gobierna un país; como mucho, consuela al que se va.
La normalidad se mide en continuidad
Illa puede enseñar, con razón, que no ha convertido cada mañana en un órdago soberanista. Esa normalidad institucional importa. Pero la gestión no es solo no romper el vaso: es llenarlo y que no gotee. Si Educación se reestructura a golpe de cese tras el batacazo PISA, si Interior pierde al secretario general y al director de la policía en la misma racha, el relato de la “Cataluña que funciona” se queda en mitad de la frase.
Nadie demuestre aquí —porque las fuentes no lo demuestran— una trama única detrás de cada renuncia. No hace falta. Basta el balance: demasiados cargos clave para tan poco tiempo, demasiados “motivos personales” y un fichaje estrella de seguridad que dura lo que un curso accidentado. La oposición hablará de descomposición; los socios de ajuste; el PSC de rigor. El lector puede quedarse con una métrica más simple: un Govern estable no necesita actualizar el directorio cada trimestre.
Fuentes y contexto
- El Confidencial — Ocho dimisiones: las costuras del Gobierno de Salvador Illa
- La Vanguardia — El Govern de Illa acumula ceses y renuncias en departamentos clave
- ABC — La marcha de Trapero frustra la apuesta de Illa por estabilizar los Mossos
- El Periódico — Reacciones parlamentarias a la dimisión de Trapero y cambios en Interior
