En Madrid, con el lema «Paz, casa y trabajo», Irene Montero ha dejado de ser solo la eurodiputada que representa a Podemos en la distancia. El sábado 12 de septiembre formalizó lo que su partido venía cocinando desde 2025: quiere encabezar la apuesta morada a las generales y no quiere el cargo por designación de pasillo. Lo ha dicho sin anestesia: primarias «abiertas a todo el mundo», donde pueda votar cualquiera y pueda presentarse cualquiera.
No es un detalle de reglamento interno. Es el intento de convertir la debilidad numérica de Podemos en una narrativa de legitimidad. ABC, Cadena SER, Heraldo y El Mundo recogen el mismo núcleo: Montero se postula, pero condiciona el liderazgo a un proceso abierto también a gente de fuera del carné. El mensaje implícito es político, no técnico: si la izquierda alternativase ha encogido, que no se note que se encoge entre cuatro apellidos.
El programa que desplegó suena a catálogo de choque para quien cobra al final de mes. Varias crónicas coinciden en un salario mínimo de 1.800 euros. En jornada laboral, ABC y El Mundo sitúan la promesa en 30 horas semanales; Cadena SER habla de una reducción hacia 35 horas entre las prioridades del primer año de legislatura. No hace falta forzar un único titular de reloj: el marco es el mismo —menos tiempo entregado al mercado, más vida fuera del fichaje— y ya confronta con la agenda de la coalición que gobierna.
Ahí entra la lectura de izquierdas sin disimulo. Montero no vende gestión fina del BOE; vende pelea con lo que llama «superricos» y especuladores, tope de precios en energía y alimentos, vivienda sin negocio depredador y un no rotundo a gastar «ni un euro más en armas», según El Mundo. Cadena SER añade vivienda, paz y emergencia climática como prioridades del primer año. Es un discurso pensado para quien siente que Sumar ha negociado demasiado y el PSOE ha normalizado demasiado.
Ione Belarra no fue florero. La secretaria general, candidata a la Comunidad de Madrid en las autonómicas de mayo de 2027 según ABC, cargó el acto de marco antirracista y de memoria migratoria, con guiños a Ceuta y al debate del voto de los nietos. El tándem es claro: Belarra en Madrid, Montero como referente nacional de un espacio que dice no querer subordinarse al PSOE. Heraldo y ABC recuerdan que esa hoja de ruta ya se fijó en la asamblea de 2025.
¿Hay alianza cerrada con ERC, con lo que queda de Sumar o con la «sociedad civil»? De momento, no. Fuentes del partido hablan de un proyecto «nítidamente de izquierdas» y lo más amplio posible, sin detallar matrimonios. Eso importa: Montero está marcando el terreno de juego antes de que otros le marquen la coalición. Primarias abiertas, salario alto, tiempo de vida y paz no son un PowerPoint inocente; son una oferta para disputar el relato a la izquierda que gobierna y a la derecha que espera 2027.
Para Politic.es, el dato duro no es el grito del mitin. Es que una formación menguante ha decidido jugar a mayor: abrir el candado de las primarias y hablar de bolsillo, de casa y de guerra en el mismo párrafo. Si cuaja o se queda en escenografía del «sí se puede» reciclado lo dirán las urnas internas y, más tarde, las generales. Mientras tanto, el mensaje a la izquierda institucional es incómodo de esquivar: o se habla de lo básico con ambición, o otro lo hará desde el atril de al lado.
