Si hoy ha pasado por la gasolinera y ha tenido la sensación de que el depósito le salía un pelín más caro, no es cosa suya. Desde este 1 de julio, el IVA de la gasolina y el diésel vuelve al 21%. Se acabó el tipo reducido del 10% que había hecho de parche durante meses, y el Gobierno ha decidido no prorrogarlo.

La jugada tiene su lectura. El Ejecutivo aprobó el pasado 29 de junio un segundo real decreto-ley dentro del Plan de Respuesta a la Crisis en Oriente Medio, con parte de las medidas en vigor durante tres meses. Y lo vende como lo que más luce: ayudas directas para amortiguar el golpe. Lo que se cuenta con la boca pequeña es que, por detrás, deja que el impuesto vuelva a su tipo general.

Ayudas con una mano, IVA al 21% con la otra

El paquete no es menor sobre el papel: Moncloa lo cifra en 1.825 millones de euros en 2026, a los que suma otros 2.700 millones de impacto fiscal en 2027 y 2028 por la eliminación progresiva del impuesto a la producción energética. Cifras gordas para un anuncio que se presenta como escudo social.

El mecanismo para suavizar la vuelta del IVA va por otro lado: una rebaja a través del impuesto sobre hidrocarburos que se apaga poco a poco. Serán 15 céntimos por litro en julio, 10 en agosto y 5 en septiembre. Para los sectores que viven pegados al surtidor —transporte, agricultura y pesca— se mantiene una ayuda equivalente a 20 céntimos por litro hasta el 30 de septiembre.

Traducido: el alivio existe, pero tiene fecha de caducidad y va menguando mes a mes. En octubre, salvo sorpresa, el conductor se queda solo ante el surtidor y con el IVA al 21% intacto.

La letra pequeña: un botón por si la inflación se dispara

El decreto incluye un seguro para el propio Gobierno y para el bolsillo: si la inflación interanual de los carburantes supera el 15%, la rebaja vuelve a activarse a 20 céntimos por litro. Es decir, se reservan un botón de emergencia por si los precios se descontrolan otra vez. Prudente, sí. Pero también es la confirmación de que nadie las tiene todas consigo con lo que pueda pasar en los próximos meses.

Y ahí está el problema de fondo para quien tiene que llenar el depósito cada semana o cuadrar las cuentas de una empresa: la previsibilidad brilla por su ausencia. Escalones que bajan, ayudas que caducan, cláusulas que se activan si pasa tal cosa. Planificar con esto en la mano es un ejercicio de fe.

¿Cuánto sube al final? Ojo con las cifras

Las estaciones de servicio ya han echado cuentas. Según recoge RTVE, desde el sector —la patronal CEEES— calculan que, al combinar la recuperación del IVA con los cambios en el impuesto de hidrocarburos, el gasóleo podría encarecerse en torno a un 1,89% y la gasolina hasta un 6,95%. Conviene subrayarlo: son cálculos de las gasolineras sobre precios medios, no cifras oficiales del Gobierno, y no significan que cada litro vaya a subir exactamente eso en cada punto de España.

Tampoco toca caer en el titular fácil de que "el Gobierno sube un impuesto". Técnicamente no lo sube: deja decaer el tipo reducido y el IVA vuelve al general de siempre. El resultado en el ticket, eso sí, es el mismo que va a notar usted: pagar más.

Bruselas y el FMI, en la sombra

Para entender por qué el Ejecutivo suelta ahora el parche del 10% hay que mirar fuera. La propia RTVE apunta que tanto la Comisión Europea como el Fondo Monetario Internacional venían pidiendo retirar las ayudas generalizadas, y que Bruselas veía problemas en ese IVA reducido. No es que nadie haya obligado por la vía judicial, pero la recomendación estaba encima de la mesa y pesaba.

De modo que el movimiento tiene su lógica desde el punto de vista de las cuentas públicas: las rebajas para todos, ricos y pobres por igual, salen caras. Ahí el argumento liberal y el de Bruselas se dan la mano. Lo llamativo es cómo se cuenta: el Gobierno abraza la disciplina fiscal que le reclaman desde fuera y, a la vez, se cuelga la medalla del escudo social. Las dos cosas al mismo tiempo.

El saldo para el conductor de a pie es más terrenal. A partir de hoy paga el IVA completo, disfruta de una rebaja que se irá deshilachando hasta septiembre y cruza los dedos para que la inflación no vuelva a las andadas. Ayudas, sí. Pero la factura, un mes más, la sigue pagando quien reposta.