Oriol Junqueras ha enviado este viernes un recado que suena a invitación y a ultimátum a la vez: Junts debería volver a la mayoría que hizo presidente a Pedro Sánchez si quiere sacar algo tangible del final de legislatura. No un gesto, no una foto, no otra rueda de prensa con solemnidad de cartón. Hablamos de financiación autonómica, condonación de deuda catalana y Presupuestos Generales del Estado.
La frase importante no es solo que ERC quiera recomponer la mayoría de investidura. La frase importante es que Junqueras avisa al Gobierno de que los Presupuestos no pueden ser “una campaña publicitaria”. Traducido: si Moncloa busca vender estabilidad sin poner números, compromisos y cesiones encima de la mesa, Esquerra no quiere hacer de decorado.
La mayoría que existe solo cuando se la trabaja
El contexto pesa. Esta misma semana, PP, Vox y Junts tumbaron en el Congreso la senda de estabilidad, el primer carril para unos Presupuestos nuevos. El Gobierno volvió a comprobar que no tiene mayoría automática: tiene una mayoría negociada, frágil, cara y con memoria. Cada votación hay que sudarla.
Junqueras intenta colocar a ERC como el adulto útil del bloque: el partido que no quiere regalar la legislatura a la derecha, pero tampoco firmar cheques en blanco al PSOE. Su mensaje a Junts va por ahí: flirtear con mociones de censura o cuestiones de confianza puede sonar muy épico en el mitin, pero puede acabar abriendo la puerta a un Gobierno de PP y Vox. Esa es la alarma que ERC quiere activar.
Desde una lectura progresista, la maniobra tiene lógica. Si quedan meses de legislatura, la pregunta no es quién grita más fuerte contra Sánchez, sino quién arranca medidas que cambien algo. Una financiación autonómica nueva, un acuerdo sobre deuda y unas cuentas públicas no son poesía patriótica: son hospitales, dependencia, trenes, universidades, vivienda y margen real para gobernar.
Junts también tiene un dilema
Junts lleva tiempo jugando a ser socio imprescindible y oposición a ratos. Esa posición le da foco, pero también le coloca ante una pregunta incómoda: ¿para qué sirve tener la llave si al final solo se usa para bloquear? ERC quiere empujar a su rival independentista hacia una respuesta práctica. Menos maximalismo, más resultado.
Eso no convierte a ERC en una ONG parlamentaria. Junqueras también marca condiciones. Habla de “respuestas concretas y reales”, de condonación del Fondo de Liquidez Autonómico, de nuevo sistema de financiación y de Presupuestos. En cristiano: apoyo sí, pero con factura política.
El Gobierno, por su parte, queda retratado en su dependencia. Puede presumir de haber sobrevivido a muchas tormentas, pero no puede aprobar lo grande solo con resistencia. Necesita volver a coser la mayoría de investidura y convencer a partidos que ya no se conforman con promesas generales. La legislatura no se mantiene por inercia: se mantiene pagando el precio de cada socio.
El riesgo de vender estabilidad sin contenido
La tentación de Moncloa será presentar cualquier movimiento como “responsabilidad” y cualquier crítica de sus aliados como ruido. Sería un error. Si el Gobierno quiere Presupuestos, tendrá que aceptar que sus socios no son extras de una película presidencial. Quieren partidas, garantías y relato propio ante sus votantes.
La izquierda debería tomar nota. La estabilidad solo merece ese nombre si produce algo reconocible para la gente. Si no hay vivienda, servicios públicos, financiación suficiente y acuerdos verificables, la palabra se convierte en una alfombra debajo de la cual se esconde la debilidad.
Junqueras ha puesto la pelota en varios tejados: en el de Junts, para decidir si bloquea o negocia; en el del PSOE, para demostrar si los Presupuestos van en serio; y en el de todo el bloque de investidura, para elegir entre convertir la aritmética en políticas o dejar que el final de legislatura se pudra entre amenazas cruzadas.
