Vicent Mompó se ha metido solo en un problema político que el PP no necesitaba. En una respuesta a Diana Morant sobre la gestión de la DANA, el presidente de la Diputación de València acabó llamándola “lameculos de Sánchez” y diciendo que “no vale para nada”. La frase es grosera, innecesaria y regala al PSOE justo el marco que buscaba: machismo, degradación institucional y silencio de Feijóo.

El origen del cruce sí era político. Morant acusó a Mompó de conocer medidas preventivas en la Diputación y de no trasladarlas a todos los valencianos. La información citada por los medios apunta a que el juzgado pidió datos sobre una lista de difusión interna y que Recursos Humanos confirmó que incluía a diputados, asesores, presidente y vicepresidenta. Ahí había una discusión legítima sobre quién sabía qué, cuándo y qué comunicó.

Una defensa política no puede acabar en humillación personal

Mompó contestó reprochando a Morant su aparición dos días después en el “helicóptero Pedro Sánchez” y acusándola de preocuparse más por las cámaras que por las personas afectadas. Ese tipo de crítica, dura pero política, cabe en el debate. Lo que no cabe es rematar con una descalificación personal que tapa cualquier argumento anterior.

La consecuencia era previsible. Pilar Bernabé, secretaria de Igualdad del PSOE, ha exigido a Feijóo el cese inmediato. El Periódico añade que los socialistas se abren a explorar una moción de censura en la Diputación. El PSOE ha olido sangre y la va a usar para presentar al PP como incapaz de ordenar su casa.

El PP tiene que decidir si defiende gestión o bronca

Desde la derecha, la lectura incómoda es clara: si había un caso que explicar sobre la DANA, Mompó lo ha debilitado. Ha cambiado papeles, tiempos y decisiones por una frase que ahora ocupa todos los titulares. Y cuando eso pasa, el adversario no necesita ganar el debate de fondo; le basta con enseñar el insulto.

Feijóo no debería caer en el reflejo de cerrar filas por puro automatismo. Puede denunciar la utilización socialista del episodio y, a la vez, exigir a los suyos un mínimo de disciplina institucional. En política se puede ser duro. Lo que no se puede es confundir dureza con hacerle el trabajo al rival.

También conviene no perder de vista la trampa socialista. El PSOE está intentando convertir un error real de Mompó en un juicio general al PP valenciano y nacional. Esa maniobra es evidente. Pero precisamente por eso el PP no puede regalarle más material. Cuando uno sabe que el rival busca una foto de degradación, no se sube voluntariamente al decorado.

La derecha que quiera gobernar la Comunitat y España tendrá que acostumbrarse a una regla simple: cada cargo institucional pesa más que su cuenta de X. La indignación puede servir para movilizar, pero la solvencia se mide cuando hay que responder sin perder los papeles. En este caso, Mompó los perdió y el PSOE encontró una vía para tapar el debate incómodo sobre la DANA con una discusión más fácil de ganar.