El nuevo Gobierno andaluz de Juanma Moreno ya tiene su primera piedra en el zapato: el nombramiento de Rafael Sánchez Saus como viceconsejero de Turismo, Justicia, Desregulación y Administración Local. El dato oficial está en el BOJA: el Decreto 132/2026 dispone su nombramiento en el departamento que dirige el líder de Vox en Andalucía, Manuel Gavira, vicepresidente segundo de la Junta. La bronca viene por su perfil político e ideológico.
María Jesús Montero, secretaria general del PSOE-A, ha exigido explicaciones a Moreno por nombrar a un alto cargo al que vincula con “posiciones falangistas” y al que acusa de haber defendido públicamente la exclusión de las mujeres del mercado laboral, según recoge Europa Press. Otros dirigentes socialistas andaluces han elevado el tono y han pedido su cese. Medios como Heraldo también han informado de críticas de PSOE y Adelante Andalucía por un pasado ligado a Falange.
La foto que Moreno no quería vender
Moreno ha intentado durante años envolver al PP andaluz en una marca tranquila: gestión, sonrisa, moderación y cero estridencias. Pero cuando Vox entra en el Gobierno, la factura no llega en abstracto. Llega con nombres, competencias y nombramientos. Y este caso toca una fibra especialmente sensible: memoria democrática, derechos de las mujeres y normalización de perfiles situados en la órbita de la extrema derecha histórica.
Conviene ser precisos. Politic.es no convierte una acusación política en sentencia. El nombramiento es oficial. Las críticas de Montero y del PSOE-A son públicas y están atribuidas. Las referencias al pasado falangista proceden de esas críticas y de informaciones periodísticas citadas. Lo que sí es evidente es que el presidente andaluz ya no puede jugar solo a la ambigüedad amable. Si coloca a Vox dentro del coche, no puede sorprenderse de que el copiloto toque la radio.
El problema no es solo un currículum: es el mensaje
Un viceconsejero no es un tertuliano. No está para provocar en redes ni para ganar una batalla cultural de fin de semana. Gestiona, firma, influye y representa a una administración pública. Por eso importa el mensaje que se manda cuando una persona cuestionada por vínculos ideológicos de ese tipo llega a una estructura que además incluye Justicia y Administración Local.
La izquierda hará de esto una prueba de que el pacto PP-Vox no era una anécdota parlamentaria, sino una puerta institucional. Y tiene un argumento fácil de explicar: si las instituciones democráticas se llenan de perfiles que coquetean con símbolos o tradiciones antidemocráticas, la moderación queda para los carteles de campaña. La derecha responderá que se trata de una cacería ideológica. Puede hacerlo. Pero entonces debe contestar a lo concreto: qué defendió Sánchez Saus, qué relevancia tiene y por qué es la persona adecuada para ese puesto.
Explicar no es rendirse
Moreno tiene una salida sencilla y difícil a la vez: transparencia. Defender el nombramiento con razones profesionales, marcar límites democráticos claros y despejar si comparte o no las posiciones que la oposición atribuye al nuevo viceconsejero. Lo que no sirve es esconderse tras el organigrama, como si un decreto en el BOJA borrara el debate político.
Andalucía no necesita convertir cada nombramiento en un juicio sumarísimo. Pero tampoco necesita blanquear como “normalidad institucional” todo lo que Vox mete en la mochila del Gobierno. La memoria democrática no es un adorno para días señalados. Se prueba en decisiones pequeñas, en cargos intermedios y en esa frontera donde un presidente decide si manda él o si acepta que sus socios le marquen el tono.
