El PP ha movido otra ficha en el caso Leire Díez y ha pedido al juez que investigue una derivada muy concreta: el supuesto puesto “a medida” en Correos para la exmilitante socialista. La noticia no es que haya una condena, ni siquiera una imputación ya acordada por el instructor. La noticia, de momento, es que el principal partido de la oposición, personado como acusación popular, solicita que se cite como investigadas a Leire Díez, Vicente Fernández, Juan Manuel Serrano y dos cargos de Correos, según comunicó este viernes la formación.

Conviene pisar el freno desde el primer párrafo porque aquí el terreno es resbaladizo. El PP habla de indicios y de una presunta creación de puesto. Eso no convierte la tesis en hecho probado. Sí la convierte, en cambio, en munición política de primera: Correos, la Guardia Civil, la UCO, cargos socialistas y la sombra de las empresas públicas vuelven a mezclarse en una semana en la que Génova intenta mantener a Sánchez encerrado en el marco de la corrupción.

Qué pide exactamente el PP

Según la nota difundida por el Partido Popular, Alma Ezcurra anunció que la formación ha solicitado la imputación de varias personas por la presunta creación de un puesto en Correos para Leire Díez. También pide que, si la investigación lo sostiene, los implicados devuelvan las cantidades percibidas por ese puesto. Es una petición procesal de parte, no una resolución judicial.

El partido añade otra reclamación delicada: medidas cautelares para que la directora general de la Guardia Civil, Mercedes González, y el DAO Manuel Llamas no puedan abrir expedientes contra agentes de la UCO ni conocer investigaciones vinculadas a causas en las que, según el PP, están implicados. De nuevo, hay que separar ruido y hecho: el PP lo pide; corresponde al juez decidir si hay base suficiente.

Por qué esto importa más allá del barro

La política española se ha acostumbrado a vivir en modo sumario. Un día hay una comparecencia, al siguiente una filtración, luego una acusación popular y después una rueda de prensa con frases diseñadas para cortar vídeo. El problema es que, cuando todo se convierte en barro, también se pierde de vista lo importante: si una empresa pública sirvió o no para colocar a alguien, si hubo presiones sobre investigadores y si las cadenas de mando protegieron o entorpecieron el trabajo policial.

Desde una lectura institucional, no basta con gritar “cloacas” o “cacería”. Si el PP tiene documentación sólida, debe llevarla al juzgado y dejar que hable el expediente. Si el Gobierno cree que todo es una operación política, debe responder con papeles, cronologías y explicaciones verificables, no solo con indignación. A estas alturas, la ciudadanía merece algo más que bandos: merece saber quién firmó qué, cuándo, con qué informe y bajo qué responsabilidad.

El riesgo: convertir la sospecha en sentencia

La tentación de la derecha es clara: presentar cada solicitud judicial como una prueba más de un sistema podrido. La tentación del PSOE también: despacharlo todo como una maniobra desesperada de la oposición. Las dos cosas pueden ser cómodas para sus parroquias, pero ninguna sustituye al control judicial.

La comparecencia previa de Mercedes González en el Senado, recogida por LaSexta, ya dejó un terreno lleno de preguntas sobre contactos, versiones y límites entre relación política y responsabilidad institucional. El archivo de Público sobre Leire Díez muestra, además, que el caso lleva semanas generando piezas y ramificaciones. La novedad ahora es que el PP intenta convertir una parte de ese relato —Correos y las cautelares sobre la Guardia Civil— en actuación judicial concreta.

La democracia no se defiende creyendo al partido propio por defecto. Se defiende obligando a todos a enseñar los papeles. Y, si hay delito, que se persiga. Si no lo hay, que también se diga alto. Lo contrario es una política de niebla permanente donde nadie termina de rendir cuentas y todos se declaran víctimas.