El PP no ha esperado al lunes para marcar el tablero. Este sábado, en Getafe, Alberto Núñez Feijóo e Isabel Díaz Ayuso han abierto el curso político con un mensaje doble: presión máxima sobre la crisis de Ceuta y aviso interno de que 2023 no se repite. Fuera del atril, el partido ya tiene papel: una proposición no de ley que quiere llevar al Pleno del Congreso la próxima semana.

No es un tuit ni un titular de mitin. Es un plan con cuatro patas —infraestructuras, gente, tecnología y leyes— y con medidas que el PP presenta como respuesta de Estado. Según Europa Press, propone alargar el espigón del Tarajal, dejar refuerzos permanentes de Policía y Guardia Civil, más personal de Extranjería y sanidad, y empujar un aumento de jueces y fiscales en la ciudad.

También pide lo que más duele en el debate público: agilizar retornos y expulsiones de quienes entraron de forma irregular, extender el rechazo en frontera a la vía marítima y tocar la Ley de Asilo para que una entrada por la fuerza no active automáticamente el mismo procedimiento que una solicitud presentada por cauces ordinarios. A eso suma Frontex, triaje, mecanismos europeos de crisis e “instrumentalización”, y un plan de reactivación económica para Ceuta y Melilla de al menos 650 millones entre 2027 y 2032.

Hay un detalle que conviene no esconder: parte de lo que el PP reclamaba en el texto de agosto —declarar interés para la Seguridad Nacional, convocar el Consejo de Seguridad Nacional y nombrar una autoridad funcional— el Gobierno ya lo ha materializado, según la misma crónica de agencia. O sea: la oposición llega tarde a algunas banderas… y aun así mantiene el marco de que Moncloa va a remolque.

La verdad, pero en comisión secreta

El golpe político del día no es solo el plan. Es la exigencia de Feijóo a Margarita Robles: que “deje” comparecer a la directora del CNI, Esperanza Casteleiro, en la Comisión de Secretos Oficiales. El PP dice que lo pide desde principios de agosto. El mensaje es simple y electoralmente potente: si hay avisos, informes o agujeros, que se cuenten aunque sea a puerta cerrada.

“Deja que nos cuenten la verdad en el formato del secreto”, ha dicho Feijóo. Y ha subido la apuesta personal: si Robles lo impide, “aunque no le aplaudas, eres igual que Pedro Sánchez”. Es una acusación política, no una sentencia. Pero dibuja el terreno en el que el PP quiere pelear el otoño: frontera, inteligencia y dignidad nacional.

En el mismo acto, el líder popular ha cargado con frases hechas para titular. El Gobierno, según él, es “hostil con los invadidos y dócil con los invasores”; “contundente” con aliados que protegen fronteras y “sumiso” con quien las revienta; “distante” con el Rey de España y “reverencial” con el de Marruecos. Ayuso ha rematado el tono de trinchera: fronteras “abandonadas” y un presidente al que acusa de priorizar el descanso en plena emergencia.

Curso largo, memoria de 2023

La Vanguardia resume bien la otra mitad del guion: Feijóo ha ordenado no confiarse. El PP encadena buenos resultados, huele cambio… y recuerda que ya llegó a unas generales creyéndose la foto final. Por eso el lema no es triunfo, es presión diaria. Madrid como escaparate, Ceuta como prueba de estrés del Estado, y un Congreso donde la próxima semana se votará —o se escenificará— el plan popular.

Lo que el PP no puede demostrar solo con un mitin es la tesis más grave: que todo fue una operación dirigida y que el Gobierno lo sabía y miró hacia otro lado. Eso está en sede judicial y en la disputa de informes. Lo que sí puede hacer, y está haciendo, es convertir cada hueco de información en un cargo político. Y ahí el CNI se vuelve el trofeo de la semana.

Queda la letra pequeña europea. Sánchez ya anunció en el Congreso que España pedirá presencia permanente de Frontex en el puerto y el espigón de Ceuta; Bruselas, dice la agencia, espera aclaraciones. El PP no se conforma con el anuncio: quiere despliegue inmediato, reformas legales y un relato de reciprocidad dura con Marruecos. En román paladino: menos diplomacia de salón y más control del perímetro.

Para un lector de centro-derecha, el sábado deja una foto nítida. El PP no discute solo la gestión humanitaria. Discute quién manda en la frontera, quién rinde cuentas en inteligencia y si España puede seguir improvisando cada vez que la presión llega a Ceuta. El papel ya está registrado. Ahora falta ver cuántos votos reúne… y cuánta verdad sale de la Comisión de Secretos.