Ceuta no va a desaparecer del telediario. Pero el PP ha decidido que no se puede vivir solo de la frontera. Según el relato de El País, los populares ensanchan su ofensiva contra el Gobierno con dos asuntos que pegan en la cocina y en la calle: los precios y la inseguridad ciudadana.

El domingo, en Badalona, Alberto Núñez Feijóo lo puso en una frase de barra de bar y de mitin a la vez: «Aquí no hay quien viva». Habló de españoles «ahogados por los impuestos» y de pérdida de poder adquisitivo. A su lado, el alcalde Xavier García Albiol y la plana del PP catalán. El mensaje no era solo catalán: el líder popular quiere llevar la alarma de la delincuencia —Cataluña por encima de la media nacional en ciertos indicadores, con hurtos especialmente visibles en Barcelona— al conjunto del país. Y soltó el eslogan grande: quiere que España sea «el país más seguro de Europa».

Aquí conviene no hacer trampas con los datos. El propio reportaje recuerda que España ya figura en lo alto de las escalas de seguridad de la Unión Europea y del mundo. Los hurtos en Barcelona superan la media española, sí; pero siguen por debajo de los de otras grandes capitales europeas. El PP no necesita inventar un país en llamas para hacer política: le basta con que la gente sienta el bolsillo más corto y el móvil más agarrado en el metro. La percepción también gana elecciones.

En economía, el giro es llamativo. Durante años el PP evitó convertir en trifulca permanente la gestión de Nadia Calviño y, después, de Carlos Cuerpo. Ahora sí anuncia fiscalización parlamentaria. El marco que dibuja Feijóo mezcla menor crecimiento en el horizonte, inflación al alza y encarecimiento de productos esenciales. El País subraya que los indicadores internacionales y nacionales siguen mostrando, en conjunto, datos todavía positivos… y que, aun así, el consumidor lo nota. Los combustibles, tensionados por las guerras de Ucrania e Irán, empujan la cadena de precios. Y el 30 de septiembre caduca el último paquete de ayudas del Gobierno, que prepara uno nuevo.

Moncloa, mientras, sigue en su guion: Pedro Sánchez, en la Fiesta de la Rosa del PSC en Gavà con Salvador Illa, enarboló la bandera de los buenos datos macro. Esta semana no habrá duelo directo en la sesión de control: el presidente vuela a Nueva York, a la Asamblea de la ONU y a un foro económico con el alcalde progresista Zohran Mamdani. Dos teatros distintos. Dos públicos distintos. Misma pelea de fondo: ¿quién define la realidad económica que vive la gente?

La derecha tiene un cálculo frío. Ceuta europeiza el conflicto —Feijóo prevé el respaldo de Manfred Weber, del Partido Popular Europeo, y Ursula von der Leyen ya proclamó la europeidad de la ciudad en el debate del estado de la Unión—, pero la agenda doméstica de impuestos, cesta de la compra y seguridad llega a más hogares que el mapa del Estrecho. Si el Gobierno se atrinchera solo en el PowerPoint del PIB, el PP le disputará la conversación del supermercado y del portal.

No es un programa cerrado ni un plan detallado de reformas. De momento es crítica, marco y presión. Pero en política eso basta para mover el tablero. El aviso de Feijóo es claro: la legislatura no se va a jugar solo en la valla. Se va a jugar también en el ticket de la gasolina, en el recibo y en la sensación de que la calle es de quien la camina sin mirar atrás. El Gobierno puede discutir las cifras. Le costará más discutir el malestar si lo deja crecer sin respuesta concreta.