Pongámoslo fácil, para que se entienda en el metro: en un solo mes han desaparecido 26.531 anuncios de alquiler del portal Idealista. Un 19% menos de oferta. El informe, difundido el 5 de noviembre de 2026, compara los anuncios activos —alquiler permanente y de temporada— entre el 25 de septiembre, justo antes de los primeros decretos de vivienda del Gobierno, y el 25 de octubre, con la última norma todavía pendiente de convalidar en la Diputación Permanente.

Que nadie se confunda: esto no es el INE ni el Ministerio. Es lo que ve una inmobiliaria en su escaparate digital. Pero cuando el escaparate pierde uno de cada cinco carteles en cuatro semanas, algo ha pasado. Y lo que ha pasado tiene nombre: el propietario se ha asustado y ha retirado el piso.

El mapa: cae en casi toda España

No es un fenómeno de dos capitales con mala prensa. La caída es general y supera el 20% en doce comunidades autónomas. Según los datos recogidos por ABC, Madrid y Cantabria rozan el 25-26%. Luego van Navarra y Castilla y León (-25%), Extremadura y Aragón (-24%), Galicia (-23%), La Rioja y Euskadi (-22%), Cataluña, Asturias y Castilla-La Mancha (-21%), Murcia (-18%), Comunidad Valenciana (-17%), Andalucía (-16%) y Canarias (-15%). La única excepción llamativa es Baleares, con un 0%.

Y aquí viene el dato que desmonta el relato oficial: Madrid capital, que no ha limitado precios, pierde un 27% de la oferta. Más que Barcelona (-25%) y Sevilla (-23%), empatada con Valencia (-27%). Si el problema fuera solo el tope de renta, Madrid no debería estar entre los peores. Lo está. Lo que asusta no es únicamente el tope: es el clima.

Donde más aprietan, más se evapora

Eso sí, donde el intervencionismo ha ido más a fondo, el agujero es de escándalo. En las capitales tensionadas o con topes de precio, la sangría se dispara: Pamplona -30%, Vitoria -27%, A Coruña -25%, Donostia -24%, Bilbao -21%. En Cataluña, laboratorio de la regulación: Lleida -29%, Barcelona -25%, Girona -24% y Tarragona -12%.

Pero los récords absolutos están en capitales pequeñas, donde un puñado de propietarios retirando pisos cambia el paisaje entero: Teruel -46%, Soria -37%, Burgos -36%, Cuenca -34%, Huesca -32% y Jaén -31%. En total, once capitales pierden al menos un 30% de su oferta, incluidas Zamora, Ávila, Salamanca, Santander y la propia Pamplona. Ciudades donde el drama no era el precio desbocado, sino directamente que ya no hay nada que alquilar.

Andalucía: un mes después del decreto

El relato se repite en el sur. ABC Sevilla titula sobre el llamado «decreto Maricarmen» para contar que la oferta andaluza cae un 16% solo un mes después de la norma de vivienda. Mismo patrón, misma reacción: menos carteles en el escaparate justo después de meter mano al mercado.

Seamos honestos: lo dice la propia Idealista

Toca el matiz, que para eso estamos. La propia Idealista avisa de que estos datos son una excepción —los ha sacado por el interés mediático del asunto— y de que habrá que confirmarlos con las métricas del cuarto trimestre de 2026 a principios de 2027. O sea: una foto, no la película entera. Y no sabemos con certeza dónde ha ido a parar cada piso retirado.

Pero la foto no está sola. En los primeros días tras los decretos, ABC ya apuntaba una caída en torno al 5,4%. Fotocasa y la Federación de Asociaciones Inmobiliarias proyectaban un desplome de operaciones del 25-30%, por el freno de firmas, la retirada de inmuebles y el desvío a otros usos. Todo apunta en la misma dirección.

La lección que nadie quería oír

El argumento liberal lleva años siendo el mismo y es aburridamente predecible porque funciona: cuando metes inseguridad jurídica en un mercado, la oferta no baja de precio, se esconde. El propietario no es un villano de película; es un señor con un piso que, si teme no poder recuperarlo o cobrar, prefiere no alquilarlo. Lo vende, lo deja vacío, lo pone de temporada o lo guarda para la familia. Todo menos ponerlo en el mercado con las reglas que le dan miedo.

Y el que paga el experimento no es el ministro de turno. Es el que busca casa. Menos oferta, sumada a una escasez que ya veníamos arrastrando, significa más gente peleándose por menos pisos. Más competencia entre inquilinos. Más presión. No hace falta inventar cifras de subida en euros para entender hacia dónde empuja eso.

Qué cambia y qué no

Que no cunda el pánico con los números finos: es una foto de un portal, con un mes de recorrido, y habrá que verla confirmada en 2027. Eso no cambia. Lo que sí cambia es la coartada. Ya no vale decir que la regulación «protege al inquilino» sin mirar lo que pasa en el escaparate el mes siguiente. Porque el escaparate ya ha contestado: 26.531 carteles menos. El inquilino al que iban a proteger es, precisamente, el que ahora encuentra menos donde elegir.