Quedan veintitrés días para el 29-N y todavía no sabemos si habrá debates. Bueno, rectificamos: sabemos que el PSOE los quiere y que el PP anda dando largas. Dos semanas llevan negociando, según fuentes socialistas, y de momento nada cerrado, ni comunicado conjunto, ni fecha, ni cadena. Lo que sí hay es una denuncia de bloqueo por parte de los socialistas y, sobre todo, un dato que chirría: el Partido Popular habría descartado de forma rotunda celebrar un debate en RTVE.

Léanlo otra vez: el partido que aspira a gobernar España no quiere debatir en la televisión pública española. En la que pagamos todos. En la que llega a todos los rincones, incluidos esos pueblos donde la fibra sigue siendo ciencia ficción y las privadas van con interferencias. En la única que, al menos en teoría, no responde a intereses empresariales.

El elector, buscando el debate con lupa

Hay algo profundamente antidemocrático en escurrir el bulto cuando toca dar la cara. Y no hablamos de cualquier cara: hablamos de la cara de quien quiere presidir el Consejo de Ministros. ¿Tan poco confía el PP en su candidato que prefiere evitar la cadena con mayor obligación de neutralidad? ¿O es que el problema es justamente ese, que RTVE tiene reglas y las privadas, digamos, tienen línea editorial?

El PSOE ha puesto sus condiciones sobre la mesa y no parecen descabelladas. Primera: un debate a cuatro, porque lo que va a gobernar este país será una coalición, gane quien gane. Y segunda: que al menos uno de los debates sea en RTVE, en la tele de todos, y otro en privada, como prefiere el PP. Incluso han dejado la puerta abierta a que Podemos participe si lo pide. Es decir, han propuesto un reparto salomónico, casi de manual.

Pero parece que al PP no le convence. O mejor dicho: parece que al PP no le conviene. Porque negarse a RTVE no tiene mucho sentido lógico si lo que uno quiere es llegar al máximo de españoles posible. A no ser, claro, que lo que uno quiera no sea llegar a todos, sino llegar a los suyos en el terreno más favorable.

El relato, siempre el relato

Llevamos años escuchando al PP acusar al Gobierno de «controlar» la televisión pública. Es uno de sus mantras favoritos. Pues bien, ahora tienen la ocasión de demostrar que RTVE no está tan controlada: basta con aceptar un debate allí, mirando a cámara, con las mismas reglas para todos. Si tan manipulada está la cadena, ¿qué mejor forma de evidenciarlo que poniendo a su candidato delante de millones de espectadores?

Pero no. Lo que vemos es lo contrario: un rechazo frontal. Y eso, queramos o no, dice mucho. Dice que prefieren el debate en cadenas privadas donde la moderación será otra, donde los tiempos se gestionan de otra manera, donde el contexto informativo previo y posterior ya viene con el sello de la casa. No es ilegal, claro que no. Pero es profundamente calculado. Y el cálculo, en política, suele pagarlo el ciudadano.

Porque aquí no hablamos de formatos televisivos ni de guerras de audiencias. Hablamos de algo más básico: del derecho a ver a los candidatos confrontar ideas antes de votar. Y no en fragmentos de treinta segundos en un informativo, sino en un debate largo, con espacio para el matiz, para el error, para la réplica incómoda. Eso es lo que está en juego.

A quién beneficia el silencio

Cuando un candidato evita el debate, la pregunta que hay que hacerse es siempre la misma: ¿a quién beneficia que no haya contraste? La respuesta suele ser sencilla: al que va por delante en las encuestas o al que tiene más que perder si se expone. En el caso del PP, puede que sean ambas cosas a la vez.

Mientras tanto, la ciudadanía se queda mirando el calendario. El 13 de noviembre arranca la campaña oficial. Quedan días para cerrar fechas, acordar formatos, confirmar presencias. Y cada jornada que pasa sin acuerdo es una jornada en la que el electorado tiene menos información para decidir.

Porque eso es un debate: información. No es entretenimiento, no es espectáculo, no es una final de fútbol. Es la oportunidad de ver cómo reacciona un candidato cuando le rebaten, cómo argumenta cuando le aprietan, qué cara pone cuando le pillan en un renuncio. Y eso no se puede simular en un mitin ni en un vídeo de campaña grabado con luz perfecta.

El PSOE denuncia bloqueo. El PP guarda silencio. RTVE espera. Y nosotros, los que vamos a votar el 29-N, nos quedamos con la sensación incómoda de que alguien nos está hurtando algo que nos pertenece.

Puede que al final haya debates. Puede que el PP ceda en algo y el PSOE en otra cosa y todo acabe en uno de esos acuerdos de última hora que tanto gustan en este país. Pero hoy, 6 de noviembre, lo único cierto es que llevamos dos semanas de tira y afloja y que la televisión pública sigue fuera de la ecuación por voluntad de uno de los dos grandes partidos.

Eso no se olvida. Eso se anota. Y eso, el 29-N, también se vota.

Fuentes y contexto