La derecha española vuelve a medir su fuerza donde más le gusta medirse cuando no manda: en la calle. Este sábado 26 de septiembre, Sociedad Civil Española convoca en Madrid la II Marcha por la Dignidad, y esta vez no irá sola en el cartel político. PP y Vox se suman a una movilización que une dos eslóganes en uno solo: elecciones ya y Ceuta no se toca.

El recorrido está cantado. A las 10:00, plaza de Cibeles. Luego Alcalá, Gran Vía, Princesa y llegada al Arco de la Victoria, en Moncloa, hacia las 13:30-14:00. Manifiesto, himno y el mensaje de siempre con traje de urgencia: España, fronteras y un Gobierno al que quieren echar a las urnas.

Tellado marca el paso; Abascal no se esconde

El secretario general del PP, Miguel Tellado, lo dejó por escrito en redes: el partido participará el 26 de septiembre para exigir elecciones generales porque, dijo, “España sufre un gobierno peligroso para la democracia”. Según La Vanguardia, Cuca Gamarra también ha confirmado asistencia. En Vox, Santiago Abascal ha confirmado su presencia y José Antonio Fúster ya había llamado a una “enorme demostración” de dignidad en la calle.

No es la primera vez. El 23 de mayo, la misma plataforma sacó a decenas de miles de personas —unas 40.000 según la Delegación del Gobierno— entre Colón y Moncloa. Entonces el lema era la dimisión de Sánchez y el caso Zapatero tiñó consignas. Ahora el foco se desplaza: Ceuta y Melilla ocupan el centro del relato tras la entrada masiva de finales de julio.

Segunda movilización en un mes… y foto con cuidado

El País lo resume bien: apenas tres semanas después de las concentraciones del Día de Ceuta (2 de septiembre), PP y Vox reabren el ciclo de protestas. En aquella cita de Madrid coincidieron Feijóo y Abascal, pero evitaron la fotografía conjunta. La derecha quiere compartir calzada sin reeditar, todavía, la foto de familia de Colón 2019.

Ese matiz importa. Converger en la calle no es lo mismo que pactar un gobierno. En la Comisión de Exteriores, el PP se abstuvo ante una proposición de Vox para retirar embajadores y suspender el Tratado de Amistad con Marruecos. Misma frontera, distinto termostato diplomático. La marcha del sábado puede disimular esas grietas con banderas; no las borra.

El marco de la derecha: frontera, urnas y presión

Para Génova y para Vox, Ceuta ha reactivado una movilización social comparable —dicen— a la de la amnistía. Sociedad Civil Española, con nombres del conservadurismo civil como María San Gil, Marcos de Quinto o Jaime Mayor Oreja en su órbita, presenta la cita como defensa de la integridad territorial y rechazo a lo que llama “invasión” de Ceuta y Melilla. Libertad Digital sitúa además la exigencia de elecciones generales antes del 15 de noviembre.

Se puede discutir el vocabulario. No se puede discutir el hecho político: la oposición ha encontrado en la crisis migratoria un eje para volver a monologar en asfalto mientras Sánchez está en Nueva York vendiendo multilateralismo. La calle, para esta derecha, no es adorno: es contrapeso cuando el Congreso no le da los números.

Lo que la marcha no resuelve sola

Una manifestación no devuelve retornos, no cierra un vallado y no negocia con Rabat. Sirve para otra cosa: señalar al Gobierno, forzar agenda y medir si la indignación de Ceuta escala a majaría nacional. El PP habla de democracia en peligro; Vox habla de dignidad perdida. Ambos coinciden en el diagnóstico de enemigo —Sánchez— y divergen en el manual de Marruecos.

Quien mire solo el cartel verá unidad. Quien mire el Boletín y la Comisión de Exteriores verá matices. El sábado, en cualquier caso, Cibeles volverá a ser termómetro. Y Moncloa, destino simbólico. La pregunta no es si habrá ruido: es si ese ruido se traduce en una alternativa de gobierno o en otra foto de presión sin hoja de ruta compartida.

Mientras tanto, el mensaje de la mesa de la derecha es frontal: si el Ejecutivo no controla la frontera ni convence en Ceuta, que lo digan las urnas. La II Marcha por la Dignidad es su forma de adelantar el mitin.