El aviso más incómodo para Pedro Sánchez no ha llegado esta vez desde Génova ni desde Vox. Ha llegado desde un lugar bastante más delicado para Moncloa: el lehendakari Imanol Pradales, dirigente de un PNV sin el que la legislatura respira peor.
En una entrevista en Los Desayunos de RTVE y EFE, Pradales pidió a Sánchez medidas que “doten de sentido” a lo que queda de mandato. Si no, advirtió, será “muy complicado que la legislatura aguante”. La frase no es un calentón de tertulia. Es un mensaje político con destinatario, calendario y factura pendiente.
La izquierda puede intentar envolverlo en papel de normalidad parlamentaria, pero el fondo es bastante simple: los socios ya no quieren limitarse a sostener al Gobierno por miedo a lo que venga detrás. Quieren que el Gobierno gobierne. Y eso, en este tramo, significa aprobar cosas, cumplir acuerdos y dejar de convertir cada semana en un ejercicio de supervivencia.
El socio que no compra el “todo es lawfare”
Pradales fue especialmente claro con el clima judicial que rodea al PSOE y al Ejecutivo. Dijo que el momento político es “crítico”, habló de “sobresaltos de los juzgados” a diario y consideró insuficientes las explicaciones dadas por Sánchez en el Congreso. También dejó una precisión importante: no vale meter todos los casos en el saco del lawfare. Según el lehendakari, algunos asuntos pueden estar cerca de ese debate, pero otros están “bien fundamentados”.
Ese matiz duele porque rompe una comodidad discursiva. Para una parte de la izquierda, la tentación es refugiarse en la idea de que todo ataque judicial o mediático forma parte de una misma operación política. Pradales viene a decir: cuidado, no todo cabe ahí. Y cuando lo dice un aliado parlamentario, la advertencia pesa más que cien titulares hostiles.
Transferencias: la paciencia vasca también se gasta
El lehendakari no se quedó en la bronca abstracta. Señaló la falta “preocupante” de avances en las transferencias pendientes del Estatuto vasco, con especial atención a Seguridad Social y Puertos. Según RTVE, Pradales tiene previsto reunirse con Sánchez, pero aún no hay fecha cerrada y las reuniones preparatorias con ministerios no van bien.
Su frase fue directa: se encuentran con “una pared” que dice no y no pone alternativas. Traducido al lenguaje de cualquier comunidad de vecinos: si firmaste un acuerdo para que te apoyaran, no puedes aparecer meses después con cara de sorpresa cuando te piden cumplirlo.
Para una lectura progresista, el problema no es que el PNV presione. Eso forma parte de la política. El problema es que un Gobierno que se presenta como plurinacional no puede vivir de proclamar sensibilidad territorial mientras atasca los compromisos que dan contenido real a esa palabra. La plurinacionalidad sin BOE, sin calendario y sin cesiones concretas acaba sonando a póster.
Sanidad, médicos y el desgaste de gestionar desde arriba
Pradales también apuntó al conflicto sanitario con el Ministerio de Sanidad por el Estatuto Marco. Pidió a Mónica García que retire la propuesta y, si no lo hace, reclamó que intervenga Sánchez. Según su relato, Euskadi acumula 195.000 citas de atención primaria retrasadas por el impacto de la huelga médica. El dato no es pequeño: cuando una pelea ministerial se traduce en consultas anuladas, el ruido deja de ser ruido y se convierte en cola.
Aquí hay otra lección para el Gobierno: no basta con tener razón ideológica en un despacho. Si la negociación se percibe como imposición, la medida se pudre antes de nacer. Y quienes pagan el coste no son los ministros, sino la gente que espera una cita, una prueba o una respuesta.
La moción, Feijóo y el miedo a Vox
El lehendakari tampoco regaló nada al PP. Acusó a Feijóo de “marear la perdiz” con la moción de censura y recordó que las relaciones del PNV con el PP no pasan por su mejor momento. Los pactos autonómicos con Vox, dijo, generan una “hondísima preocupación” en su partido.
Ese es el equilibrio que deja la entrevista: Pradales no compra el relato de una derecha salvadora, pero tampoco está dispuesto a firmar cheques en blanco a Sánchez. Para Moncloa, la señal es cristalina. La legislatura no se sostiene solo con el miedo al bloque PP-Vox. Se sostiene con resultados, acuerdos cumplidos y una mínima sensación de rumbo.
La política española lleva meses confundiendo resistencia con proyecto. Resistir puede servir una semana, quizá un trimestre. Pero una legislatura entera necesita algo más que aguantar los golpes y señalar al enemigo. Pradales ha puesto nombre a esa fatiga. Y si el Gobierno no escucha a sus socios cuando aún hablan en público con cuidado, el siguiente aviso puede llegar ya en forma de voto.
