Pedro Sánchez abre el curso político en el Congreso con una mochila que no cabe en una foto de familia del PSOE. Ceuta sigue en el centro, los Presupuestos de 2027 vuelven a ponerse sobre la mesa y el Gobierno intenta convertir una crisis fronteriza en una promesa de encaje europeo. Suena solemne. El problema es que Bruselas no funciona a golpe de eslogan.

Según Europa Press, el Ejecutivo quiere que Ceuta y Melilla entren en la Unión Aduanera y sean reconocidas como regiones ultraperiféricas. También ofrece a las dos ciudades una silla estable en el Comité de las Regiones. La última medida es la más sencilla: depende mucho más de la delegación española. Las otras dos exigen procedimiento europeo, propuesta de la Comisión y decisión del Consejo por unanimidad. Traducido: no basta con anunciarlo en Madrid; todos los socios tienen que comprarlo.

El propio relato oficial reconoce el volumen político de la operación. La Moncloa ha difundido un plan de apoyo a Ceuta que moviliza 309 millones de euros hasta final de 2026, con partidas para servicios esenciales, seguridad y ayudas a trabajadores, autónomos y empresas. Es dinero y es señal. Pero también es una admisión indirecta: la crisis ya no se arregla con una comparecencia ni con una carpa en el puerto.

La reunión de Sánchez con diputados, senadores y europarlamentarios socialistas llega después de un Pleno extraordinario en el que las críticas no salieron solo de PP y Vox. Sumar reprochó al presidente haber reaccionado tarde y cuestionó que la versión del Gobierno sobre Marruecos resulte convincente. Para un Ejecutivo acostumbrado a sobrevivir por suma parlamentaria, que el socio pequeño se desmarque en una frontera caliente no es un detalle: es una grieta.

El otro frente está en las cuentas. El Gobierno insiste en presentar Presupuestos de 2027 antes de final de año, justo cuando arranca un curso que desemboca en autonómicas, municipales y generales todavía sin fecha. Sánchez dice que quiere agotar la legislatura, aunque ya ha dejado abierta la puerta a un “adelanto técnico”. El mensaje interno es claro: resistir. El mensaje externo, bastante menos: aprobar cuentas con socios incómodos mientras Ceuta ocupa el centro del tablero.

La derecha también mueve ficha institucional. El PP plantea llevar al Senado un conflicto de atribuciones por las ausencias de ministros llamados a explicar la crisis de Ceuta. No es solo ruido parlamentario: es la forma de convertir cada silla vacía en argumento de desgaste. Moncloa busca elevar Ceuta a Europa; Génova busca bajarla al control diario del Gobierno. Y ahí se juega buena parte del curso.

La lectura desde la izquierda no debería esconder lo básico: si Ceuta y Melilla son frontera europea, Europa tiene que asumir algo más que comunicados. Pero exigir solidaridad europea obliga antes a ordenar la casa: explicar qué se pidió, qué se sabía, qué se hizo y qué no se puede prometer. Porque si la respuesta se queda en “más Europa” sin calendario ni unanimidad, la oposición solo tiene que esperar sentada.