El Congreso vuelve a colocar al Gobierno ante su problema más simple y más brutal: quiere Presupuestos, pero no tiene mayoría garantizada para abrirles camino. La Cámara vota este martes la senda de estabilidad 2027-2029, paso previo a las cuentas públicas, con el rechazo anunciado de Junts, PP y Vox. Traducido: el Ejecutivo puede tener techo de gasto récord, discurso social y calendario, pero sin votos todo eso se convierte en papel mojado.
Según EFE, la senda replica los objetivos del plan fiscal: déficit del 1,8% del PIB en 2027, 1,6% en 2028 y 1,5% en 2029. Junto a ella, el Gobierno informa del límite de gasto no financiero de 226.032 millones de euros, aprobado la semana pasada por el Consejo de Ministros. Ese techo no necesita validación parlamentaria, pero la senda sí. Y ahí empieza el atasco.
Junts aprieta donde duele
La clave política no está en el PP ni en Vox, que iban a votar no. Está en Junts. El diputado Josep María Cruset confirmó el rechazo de su grupo con una frase de las que no dejan puerta medio abierta: “Esta propuesta es una estafa para Cataluña, no pueden contar con los siete votos de Junts”, recoge EFE. Con siete escaños, Junts no gobierna, pero decide cuándo el Gobierno puede presumir de legislatura útil y cuándo tiene que volver al taller.
Para la derecha, el episodio es un regalo: permite presentar al Ejecutivo como rehén de sus socios y como gestor incapaz de ordenar sus propias cuentas. El PP ha cargado contra la gestión económica y Vox ha enmarcado el rechazo en su crítica fiscal y migratoria. Que cada cual ponga su música, pero la letra parlamentaria es la misma: no hay mayoría suficiente.
Un techo alto con suelo quebradizo
El Gobierno defendió el límite de gasto como el mayor de la historia: 226.032 millones, un 6,6% más que el ejercicio anterior según La Moncloa. La promesa oficial es conocida: más margen para vivienda, becas, dependencia, sanidad, educación e innovación. Pero una cosa es aprobar el techo en Consejo de Ministros y otra convertirlo en Presupuestos que sobrevivan al Congreso.
Si la senda cae, el Ejecutivo tiene que volver a aprobarla en Consejo de Ministros en el plazo de un mes. Puede insistir con la misma o cambiarla. Y si el bloqueo se repite, entrarían en juego los objetivos pactados con Bruselas, con menos margen para las comunidades autónomas, según explica EFE. Es decir: el choque no es solo una bronca de portavoces; puede acabar tocando el margen de gasto territorial.
La legislatura de la ventanilla
La lectura conservadora es evidente: un Gobierno que depende de negociar cada palmo no puede vender estabilidad como si tuviera mayoría absoluta. La lectura incómoda para Moncloa es que cada votación presupuestaria se parece ya a una ventanilla donde cada socio cobra su peaje político. A veces sale. A veces no. Y cuando no sale, el relato de “normalidad institucional” queda bastante abollado.
También conviene no exagerar: un rechazo de la senda no tumba por sí solo al Gobierno ni impide automáticamente que haya Presupuestos. Pero sí enseña la grieta. Si el Ejecutivo necesita a Junts para lo grande y Junts decide exhibir distancia, la aritmética deja de ser una hoja Excel y se convierte en una amenaza diaria.
El país no vive de sendas de déficit. Vive de alquileres, nóminas, listas de espera, impuestos y servicios. Pero precisamente por eso importa esta votación: porque detrás del trámite está la pregunta política de fondo. ¿Tiene el Gobierno fuerza para aprobar unas cuentas nuevas o solo para anunciar que las quiere?
