Sumar ha salido de su asamblea con una decisión que suena menos épica que necesaria: dejar de ser un paraguas improvisado y empezar a comportarse como un partido con reglas propias. Después de meses de dimisiones, malos resultados y bronca interna, Verónica Martínez Barbero y Rosa Martínez han sido elegidas coordinadoras del Movimiento Sumar con el 95,92% de apoyo de la lista “Sumar para gobernar”. La cifra es cómoda; el problema es todo lo que viene después.

Según Europa Press, la ponencia político-organizativa recibió el respaldo del 98,96% de los poco más de 300 delegados presentes en la asamblea celebrada este sábado en Madrid. El mensaje interno es claro: cerrar la etapa de provisionalidad y dar a la organización una estructura capaz de aguantar hasta las generales de 2027. Dicho en cristiano: menos sopa de siglas y más maquinaria política.

Una izquierda que ya no puede vivir solo de la marca Yolanda

El cambio llega en un momento delicado. Yolanda Díaz fundó el proyecto, lo llevó al Gobierno y acabó apartándose de la dirección orgánica. Después llegaron crisis, salidas y una pregunta incómoda: si Sumar no es Yolanda, ¿qué es exactamente? La respuesta aprobada este sábado intenta ser ambiciosa. Otra información de Europa Press cuenta que Movimiento Sumar quiere dejar atrás el papel de “paraguas” de partidos para definirse como una fuerza estatal con identidad propia dentro del laborismo ecosocialista.

La fórmula es bonita, pero la prueba será muy terrenal: militancia, territorio, candidaturas municipales y pactos con aliados que no siempre quieren el mismo asiento en la mesa. La nueva hoja de ruta habla de duplicar afiliación, crear una fundación propia, levantar una red de Ateneos Populares y reforzar alianzas con Verdes Equo, los Comunes y espacios territoriales. Todo eso puede sonar a arquitectura interna. En realidad, es supervivencia.

El reto: ordenar sin aplastar a los aliados

El punto más sensible es el equilibrio con las organizaciones que componen el espacio. Sumar dice que quiere reglas comunes para aportar “estabilidad” al frente amplio. Bien. Pero la izquierda española sabe que “reglas comunes” puede significar dos cosas muy distintas: coordinación leal o mando desde Madrid. Si el nuevo Sumar quiere ser una fuerza útil, tendrá que demostrar que ordenar no es absorber y que federar no es colocar una etiqueta encima de todo.

La asamblea también aprobó un Espacio Joven con personalidad jurídica, censos y estatutos propios. Entre sus propuestas aparecen el voto a los 16 años, una renta básica universal para jóvenes, la semana laboral de 32 horas, intervención de alquileres, más vivienda pública y transporte colectivo gratuito. Es un programa reconocible para una izquierda que quiere hablar de vida cotidiana, no solo de equilibrios parlamentarios. La cuestión es si tiene fuerza social para convertir esos lemas en agenda o si quedarán como póster de congreso.

Martínez Barbero llega con peso parlamentario: es portavoz del grupo plurinacional en el Congreso. Rosa Martínez aporta experiencia en Derechos Sociales, Podemos y Verdes Equo. La dupla puede servir para coser política institucional y cultura ecosocial. Pero no tiene todavía un liderazgo electoral de masas. Y esa ausencia pesa. Europa Press recuerda que Sumar todavía debe elegir un cabeza de lista con tirón para remontar unos malos resultados demoscópicos. Ahí está el agujero negro de la operación.

La lectura política

Desde la izquierda, la refundación de Sumar tiene una virtud evidente: intenta dejar de depender de una figura providencial. Eso es sano. Los proyectos que solo viven de un rostro suelen acabar mal cuando ese rostro se cansa, se quema o cambia de pantalla. Pero también tiene un riesgo: convertirse en una organización muy ordenada para un electorado que quizá ya se fue a otra parte.

Si Sumar logra presencia territorial, acuerdos claros y un discurso que hable de salarios, alquileres, cuidados y clima sin jerga de seminario, puede seguir siendo pieza clave de una mayoría progresista. Si se limita a discutir organigramas, 2027 llegará como llegan siempre las urnas: sin pedir permiso y cobrando facturas atrasadas.