La frase que lo resume todo
Santiago Abascal lo dijo sin rodeos en una entrevista a El Mundo publicada este fin de semana: «El crecimiento de Vox es lo que asegura la alternativa» a Pedro Sánchez. No el PP solo, no una derecha fragmentada y disciplinada al silencio: Vox fuerte o el cambio queda incompleto.
Es la contestación más directa que ha lanzado Abascal contra quienes llevan meses predicando el voto útil hacia el PP. El razonamiento es sencillo y, en su lógica, inapelable: si Vox se encoge, el margen de negociación desaparece y quien llegue al gobierno llega sin palancas reales. Hay un largo camino entre ganar unas elecciones y aplicar un programa de verdad.
Un electorado que no cabe en la etiqueta
Abascal rechaza que Vox sea un partido de derechas al uso. «A nosotros nos vota gente que ha votado a la derecha toda la vida, algunos que han votado a la izquierda y otros muchos que se abstenían», explicó. Y añadió: «Creo que Vox conoce al suyo y no es un electorado de derechas».
Eso cambia el marco del debate. No es una pelea entre el PP y Vox por repartirse el mismo trozo de pastel. Es Abascal llegando a ciudadanos hartos del sistema en general —no solo del PSOE— que en el PP no se sienten representados, o que llevaban años sin ir a votar.
Si el análisis es correcto, el voto útil hacia el PP tiene una trampa: puede hacer desaparecer a Vox sin capturar a esos votantes, que simplemente se quedarían en casa otra vez. No sería voto útil; sería voto perdido.
Cuatro ejes, una condición y ningún ministerio
En la entrevista, Abascal identificó cuatro ejes que definen el proyecto de Vox: prioridad nacional, desregulación, bajada fiscal intensa y remigración. Sobre este último punto conviene ser precisos: la remigración no es hoy una política vigente en España. Abascal defiende repatriaciones de quienes entraron de forma irregular y la expulsión de extranjeros delincuentes, y reconoce que requeriría cambios legales tanto en el marco español como en el europeo. Y fue claro: quien no comparta esos ejes «puede ir al PP».
El mensaje a sus propios simpatizantes no deja mucho margen de interpretación: «Si no queréis que me quede a medias, no me votéis a medias». Media papeleta, medio cambio. La aritmética es política, pero la lógica es la de siempre: la fuerza importa en la mesa de negociación.
Y sobre esa mesa de negociación, Abascal fue llamativamente explícito. No va a andar midiendo ministerios. «A mí no me va a encontrar nadie hablando de reparto de poderes, de ministerios ni de nada parecido». Su condición irrenunciable es la «prioridad nacional»: el interés general del Estado, con énfasis en el control de fronteras y mención expresa a Ceuta. Y la primera actuación que sitúa en un hipotético gobierno alternativo es una auditoría a fondo de las cuentas y el gasto del Estado, porque desconfía de los datos que ofrece el Ejecutivo actual.
El Senado como tablero de ajedrez
Abascal también abrió el capítulo de la cámara alta. Habla de «gestos recíprocos y mutuos» con el PP para evitar que el Senado se convierta en un obstáculo ante un eventual gobierno alternativo, respondiendo así a la coordinación que ya ejercen los partidos de izquierda. Su deseo es alcanzar una mayoría de tres quintos en esa cámara, aunque no proyectó ninguna cifra concreta de escaños.
Para situar el contexto numérico sin confundirlo con un resultado: la media de catorce institutos demoscópicos recogida por Demócrata el 1 de noviembre de 2026 apuntaba a un PP en torno al 30,8% de intención de voto, un PSOE en el 27,3%, Vox en el 18,9% y el Frente Amplio en el 6,4%. Son estimaciones de sondeos, no resultados electorales. El 29-N dirá cuánto se parece la realidad a ese mapa.
Urda: «Que nadie utilice el luto para callarnos»
Abascal reservó parte de la entrevista para la tragedia de Urda. Su posición fue directa: «Que nadie utilice el luto para callarnos». Y cargó con dureza contra la versión que reduce toda la explicación a un error del trabajador del centro de control: «Intentar convencer a la opinión pública de que es un error humano y exponer a ese trabajador me parece una canallada de la peor especie».
El líder de Vox pide que sean técnicos y jueces quienes determinen las causas reales. En la entrevista formuló acusaciones sobre la gestión e insinuó posibles irregularidades en la infraestructura ferroviaria. Son afirmaciones del dirigente político: a día de hoy no cuentan con respaldo en ninguna investigación judicial o técnica concluida, y no existe nexo probado entre esas acusaciones y las causas del accidente.
La trampa del voto útil
El discurso de Abascal es coherente de principio a fin. La alternativa a Sánchez no se construye adelgazando a Vox, sino fortaleciéndolo. El PP puede ser la formación más votada, pero sin el músculo de Vox —en escaños, en programa, en control del Senado— la derecha llega al poder sin capacidad real de imponer nada de lo que prometió.
Eso es el antídoto al argumento del voto útil: no elijas al que más fácil parece ganar; elige al que va a negociar con firmeza lo que importa. Y también es una advertencia al PP, que necesita a Vox para gobernar pero lleva meses lanzando mensajes de «bienvenidos, pero callaos»: no puedes pedir silencio a quien necesitas para tener mayoría.
Abascal ya ha puesto precio. Prioridad nacional. Auditoría del Estado. Control de la frontera. Sin ministerios por ahora, sin ceder en lo esencial. El 29-N dirá si sus votantes están dispuestos a pagar ese precio completo, o solo a medias.
