La frase bonita y el torpedo que viene después

Alberto Núñez Feijóo lleva semanas con Catalunya en la boca. Este domingo, en una entrevista en La Vanguardia, lo ha vuelto a escenificar: «No se puede ser presidente de España sin entender a Catalunya». Bonita frase. El problema es lo que viene justo después en la misma conversación.

Porque en esa misma entrevista, Feijóo ha anunciado que derogará la ley de Amnistía «aunque no tenga ningún efecto jurídico concreto». Él mismo lo dice: sabe que jurídicamente no sirve de nada. Pero quiere hacerlo de todas formas. Un gesto. Político. Para su base. No precisamente para Catalunya.

Eso es lo que ha visto Salvador Illa. Y lo ha dicho sin rodeos.

Las promesas que llegan justo antes del 29-N

Feijóo se ha presentado en la entrevista como constitucionalista y autonomista. Ha prometido que Catalunya será su prioridad si llega a La Moncloa. Ha dicho que ejecutará el presupuesto y que irá trimestralmente a Catalunya a rendir cuentas de inversiones y obras públicas. Compromisos de campaña, quede claro: las elecciones generales son el 29 de noviembre y aún no ha gobernado.

También ha tendido la mano a los «socialistas catalanes decepcionados». Ha hablado de impuestos, de ocupación ilegal y de delincuencia en Catalunya. El relato habitual del PP, ahora con acento catalanista de última hora.

La amnistía: sin efecto jurídico, pero la derogo igual

El nudo de la contradicción no tiene pérdida. Feijóo quiere derogar una ley que, según sus propias palabras, no tendría ningún efecto jurídico concreto si se suprimiera. ¿Para qué, entonces? Para mandar un mensaje. Para no amnistiar «al sanchismo en ninguno de los casos que tiene por delante», dice. Para satisfacer a su electorado más duro.

Pero ese electorado más duro no es precisamente el que vive preocupado por el encaje territorial de Catalunya en España. Es el que lleva años usando la confrontación con el catalanismo como combustible electoral. Y Feijóo lo sabe perfectamente. Por eso la promesa existe: no porque cambie algo en los juzgados, sino porque suena bien en según qué mítines.

El pacto con Vox en el Senado y la respuesta de Junts

Hay más equipaje que cargar. Feijóo ha tenido que justificar también el acuerdo con Vox para el Senado. Su argumento: fue una respuesta a que el PSOE haya hecho desaparecer sus siglas en esa cámara y confluido con dieciocho partidos. Dice que no es una coalición ni una mezcla de siglas, sino un ejercicio «quirúrgico» en algunas provincias para mantener la mayoría. Aclaró que el cordón sanitario del PP en 2024 lo fijó con Bildu, no con Vox.

Feijóo también ha criticado a Junts por haber hecho presidente a Sánchez, y ha dicho que el jefe del Gobierno se aprovechó de esa relación para consolidar al PSC en Catalunya. Marta Nogueras, de Junts per Catalunya, no tardó en responder: fue Junts, dice, quien forzó al PSOE a hacer lo que decía que no haría. Y dejó un aviso con pocas dudas sobre la mesa: por la derogación de la amnistía, los votos de Junts «nunca irán al bloque de derechas».

Illa: dos líneas y un portazo

Salvador Illa, president de la Generalitat, no necesitó mucho espacio para contestar. Lo hizo en X el domingo con una sola frase que cierra el argumento de Feijóo sobre sí mismo: «Efectivamente. Por eso nunca serás presidente de España. Primero contra el catalán, ahora contra la amnistía: curiosa manera de entender a Catalunya».

La lógica es implacable. Si Feijóo tiene razón y no se puede ser presidente sin entender Catalunya, y el PP lleva años siendo primero contra la lengua y ahora promete tumbar la amnistía, la conclusión la saca el propio president: la puerta de La Moncloa seguirá cerrada para él.

El PSC y veinte años de ofensiva que no se olvidan

El Partit dels Socialistes de Catalunya fue un paso más allá en sus propias redes. El PP, recuerda el PSC, lleva veinte años de ofensiva judicial, política y social contra Catalunya. El partido que habla ahora de «entender» es el mismo que convirtió la hostilidad en motor electoral durante dos décadas.

Los socialistas catalanes también han sacado a relucir el voto del PP contra los decretos de vivienda y el llamado «Contrato con España», un documento que, según el PSC, pone en el punto de mira la inmersión lingüística. Para el PSC, el modelo del PP se resume en tres palabras: imposición, judicialización y supresión del autogobierno. Esto es la posición del PSC, no una sentencia firme, pero es el diagnóstico político con el que llegan al 29-N.

Lo que se juega el 29-N más allá de los escaños

Las elecciones del 29 de noviembre se acercan y la cuestión territorial no va a desaparecer del debate. Feijóo intenta abrirse paso en Catalunya con un discurso más suave, más autonomista, más de vuelta al centro. Pero arrastra lo que arrastra: el acuerdo con Vox en el Senado, la promesa de derogar una ley aunque reconoce que no serviría de nada jurídicamente, y los años de confrontación acumulados.

La pregunta que queda en el aire no es si Feijóo entiende Catalunya. Es si ese doble lenguaje —«entiendo Catalunya» más «derogo la amnistía aunque no cambie nada»— le cuela a alguien más allá de su propio electorado. Illa piensa que no. Y lo ha dicho en público, con nombre y apellido, el primer día de noviembre.

Lo que está en juego el 29-N no es solo quién ocupa La Moncloa. También es si el giro territorial del PP es una apuesta real o simplemente otro ciclo de gestualismo antes de volver a la judicialización. Eso lo decidirán los votos. Pero el debate ya está abierto, y Feijóo lo ha abierto él solo.