No es un rumor de bar. No es una teoría conspirativa de telediario de madrugada. Es un informe de la Comisaría General de Información de la Policía Nacional, remitido a la jueza de la Audiencia Nacional María Tardón. Y lo que dice es sencillo, incómodo y difícil de ignorar.
En cinco vídeos publicados en medios marroquíes los días 30 y 31 de julio de 2026, dos altos mandos de la Policía marroquí con competencia en orden público y seguridad en la zona Fnideq-Castillejos aparecen en el entorno del paso fronterizo Bab Sebta. No de paseo. No de casualidad. Según el informe policial, ambos están «dentro del rango más alto en la cadena de mando operativa del dispositivo de seguridad» desplegado por Marruecos durante la entrada masiva a Ceuta.
Lo que se ve en los vídeos
En uno de los vídeos, junto a la valla de Castillejos, uno de esos mandos aparece impartiendo directrices a varios inmigrantes. Se le ve gesticulando con el brazo derecho, señalando la dirección hacia la que deben dirigirse. No es una imagen ambigua.
En otra grabación, tres policías nacionales marroquíes dan indicaciones con los brazos a un grupo de mujeres y menores sobre hacia dónde tienen que ir. En otra secuencia, tomada en el espigón de Bab Sebta, se ve una gran multitud caminando mientras aparecen vehículos policiales marroquíes en el entorno.
Y luego está el rótulo en árabe. La Policía española lo traduce: el Wali de seguridad de Tetuán y el jefe de distrito de Seguridad de M'diq-Fnideq se personan en el lugar «para impedir el asalto a la ciudad ocupada de Ceuta». Para impedir, dice el texto. Los vídeos muestran otra cosa.
En otra secuencia se escucha una voz hablando de estado de alerta máxima y refuerzo de Policía Nacional marroquí, Gendarmería real y fuerzas auxiliares en el perímetro.
El relato de la crisis espontánea
Desde que ocurrió la entrada masiva de finales de julio de 2026, el Gobierno español ha esquivado como ha podido la pregunta incómoda: ¿fue esto una crisis migratoria o fue una operación? La versión oficial, aquí y en Rabat, ha tirado siempre por lo primero. Desesperación, pobreza, flujos incontrolables. Lo de siempre.
Ese relato tiene un problema ahora mismo. Se llama informe policial con cinco vídeos, dos mandos identificados y gestos con el brazo señalando el camino.
Una avalancha espontánea no viene con mandos de orden público que indican direcciones. Una crisis de subsistencia no lleva aparejada la presencia en campo de los responsables operativos más altos de la zona fronteriza. Y si eso es lo que se ve en los vídeos que publicaron los propios medios marroquíes, caben pocas interpretaciones neutrales.
La jueza Tardón tiene la pelota
El informe de la Comisaría General de Información llega a manos de María Tardón, la jueza de la Audiencia Nacional que instruye la causa sobre la entrada masiva. No es una denuncia ciudadana ni un panfleto político. Es inteligencia policial con identificaciones, traducciones y ubicaciones sobre el terreno.
Qué haga la jueza con eso ya es otro capítulo. Pero lo que el informe añade es un conjunto de indicios que refuerzan una línea de investigación concreta: que lo que pasó en Ceuta en julio de 2026 no fue caótico por naturaleza. Que hubo organización. Que hubo dirección. Y que esa dirección venía de personas con rango, uniforme y autoridad operativa al otro lado de la valla.
Lo que este informe no es
Conviene ser precisos para no regalar flancos. Este informe no es una condena. No es una confesión de Marruecos. No prueba un acuerdo político sellado en ninguna sala de reuniones. Y no tiene nada que ver con las denuncias que Amnistía Internacional ha formulado sobre presuntos malos tratos de militares españoles a migrantes en Ceuta, que es una investigación paralela y completamente separada.
Lo que sí es, y eso no es poco, es evidencia documental de que dos altos mandos marroquíes de orden público estaban en el terreno durante el episodio, de que se les ve dando indicaciones sobre hacia dónde ir, y de que todo eso llega ahora en forma de informe oficial a una jueza de la Audiencia Nacional.
La pregunta que el Gobierno no quiere responder
Pedro Sánchez lleva meses construyendo su relación con Rabat como un activo estratégico. La normalización diplomática con Marruecos ha sido uno de los pilares de su política exterior. No es ilegítimo tener buenas relaciones con un vecino. Lo que no funciona es usarlas para enterrar preguntas que están en un sumario.
¿Sabía el Gobierno español lo que estaba ocurriendo en tiempo real? ¿Se negoció algún tipo de respuesta, o ausencia de ella, con las autoridades marroquíes? ¿Qué instrucciones recibieron los efectivos desplegados en el Tarajal?
No son preguntas caprichosas de oposición. Las pone encima de la mesa la Policía Nacional, con cinco vídeos y dos mandos identificados.
Que el Gobierno tenga la deferencia de responderlas no parece mucho pedir.
