Ceuta ha entrado en esa zona donde la política suele hablar más fuerte justo cuando debería medir mejor cada palabra. El Gobierno dice que aplicará los convenios migratorios con Marruecos para devolver a personas que han llegado de forma masiva a la ciudad. Al mismo tiempo, cientos de quienes cruzaron en las últimas horas han empezado a regresar voluntariamente por el espigón fronterizo, según pudo comprobar Europa Press.

La foto completa es más dura que cualquier consigna. La Guardia Civil localizó esta madrugada tres cadáveres más de inmigrantes que intentaron cruzar. Esos cuerpos se suman a los 16 hallados durante el jueves, siempre según la información de Europa Press, en una crisis en la que fuentes policiales citadas por la agencia hablan de entradas masivas por el entorno del Tarajal.

Ángel Víctor Torres, ministro de Política Territorial, explicó en una entrevista en La Radio Canaria que España actuará dentro del marco de los convenios firmados con países como Marruecos, Mauritania y Senegal. Añadió que se tendrán en cuenta los derechos, la humanidad y la respuesta humanitaria. La frase importante está ahí: devolución sí, pero por procedimientos reglados y atendiendo a la situación de cada persona, especialmente si es menor de edad.

Ese matiz no es decoración. Es el punto que separa un Estado de derecho de una reacción en caliente. En una frontera tensionada, con miles de personas desorientadas, centros sin capacidad para absorber nuevas llegadas y cuerpos apareciendo en el mar, la tentación política es simplificar: unos piden mano dura, otros apelan solo a la emergencia humanitaria. Pero la administración no puede permitirse ni el grito ni el atajo.

También hay un dato operativo nuevo: el Ejército fue movilizado para apoyar a la Guardia Civil y el Gobierno ha anunciado refuerzos policiales. Según 20minutos, Moncloa comunicó que las Fuerzas Armadas reforzarían a la Guardia Civil en sus competencias y en las tareas necesarias para mantener la seguridad en la ciudad. Interior mantiene y amplía efectivos de Guardia Civil y Policía Nacional.

La cuestión política es incómoda para todos. Para el Gobierno, porque cada hora de caos en Ceuta transmite falta de previsión. Para la derecha, porque convertir una tragedia con muertos en munición inmediata contra el adversario puede acabar deshumanizando a quienes ya no pueden defenderse. Y para Marruecos, porque cualquier relajación de su lado de la frontera reabre la sospecha de que la presión migratoria vuelve a ser usada como lenguaje diplomático.

Lo que sí está soportado por las fuentes es esto: hay retornos voluntarios, hay intención gubernamental de aplicar convenios migratorios, hay refuerzo militar y policial, y hay muertos. Lo que no debe venderse como hecho cerrado es que todos los cruces respondan a una orden política de Rabat, que todas las personas sean expulsables sin trámite individual o que la presencia del Ejército suspenda derechos. Ninguna de esas lecturas aguanta sin pruebas mucho más sólidas.

Ceuta necesita control, sí. Pero control no significa barra libre para saltarse garantías. También necesita humanidad, sí. Pero humanidad no puede ser una palabra bonita que ignore que la ciudad está desbordada. La política seria empieza justo donde acaba el cartel electoral: en ordenar una frontera sin borrar a las personas de la frase.