Esta tarde, a las seis en punto, la plaza Elíptica de Bilbao va a ser el escenario de una concentración que no convoca el Ayuntamiento, ni ningún partido con representación parlamentaria, ni nadie con especial apego al orden público. La convocan Aske, Jardun y Jarki, con el respaldo de unas cuarenta organizaciones del entorno abertzale más radical. Y los comerciantes del centro llevan horas poniendo tablones en los escaparates y adelantando el cierre. Esa es la forma más honesta de decir lo que todo el mundo sabe: esta noche puede arder.
El precedente que nadie debería olvidar
El domingo 26 de octubre hubo una protesta en Deusto. No una cualquiera: una concentración contra el periodista Vito Quiles. Cuando la Brigada Móvil de la Ertzaintza se retiró, los encapuchados hicieron lo suyo: 38 contenedores incendiados, una moto policial quemada y cinco vehículos particulares destruidos. No fue un accidente. Fue una demostración de qué ocurre cuando desaparece la presencia policial de una calle.
Cinco días después, la misma Ertzaintza tiene sobre la mesa la convocatoria de esta noche, la más preocupante de un fin de semana en el que se contabilizan hasta 25 actos vinculados a este entorno. El consejero Zupiria ha prometido que el orden quedará garantizado. Bienvenido sea el anuncio. La pregunta es si esta vez la policía autonómica llega antes de que los contenedores vuelen, o después de recoger los escombros.
Los comerciantes votan con los tablones
No hace falta encuestar a los tenderos del entorno de la plaza Elíptica para saber lo que piensan. Lo dicen con madera y cinta americana. Decenas de establecimientos han protegido sus escaparates y han adelantado el cierre. En la práctica, están haciendo lo que ningún político del PNV se atreve a decir en voz alta: que el Gobierno vasco no garantiza la integridad de los negocios en determinadas noches.
Ese es el verdadero termómetro de la seguridad pública. No los comunicados del consejero. No las ruedas de prensa con tono institucional. Los tablones en los escaparates del centro de Bilbao un viernes por la tarde. Esa imagen dice más sobre el País Vasco de 2026 que cualquier estadística oficial.
Quiénes vienen, desde dónde y con quién
La concentración no es ni espontánea ni local. Hay autobuses fletados desde Donostia, Vitoria, Pamplona y distintos puntos de Navarra. Unos cuarenta grupos abertzales participan en la organización o el apoyo. Entre los convocantes o simpatizantes figuran grupos ultras del fútbol vasco: Herri Norte Taldea, Bultza EHML, Iñigo Cabacas Herri Harmaila, Indar Baskonia e Iraultza 1921. No es una reunión de vecinos cabreados.
La excusa formal es pedir la libertad de Aratz Bilbao y Malen Grünig, militantes de Jardun con causas abiertas ante la Audiencia Nacional por presuntos delitos de terrorismo. El consejero Zupiria ha calificado a las organizaciones convocantes como alegales. El Mundo las llama en su portada «herederos de ETA», que es un titular periodístico, no una sentencia judicial. Lo que sí son hechos documentados: los imputados responden ante la Audiencia Nacional por terrorismo y el ecosistema que rodea a estas organizaciones ha protagonizado los episodios más violentos del País Vasco en los últimos meses.
Blocus Bilbao: el detonador digital también tiene nombre y antecedentes
La Policía Nacional ha detenido al administrador de la cuenta de Instagram Blocus Bilbao. Tiene 20 años y antecedentes por robos y estafas. Se le imputan conspiración para provocar desórdenes públicos, delitos contra la propiedad y participación en grupo organizado. Blocus también ha convocado sus propias movilizaciones de Halloween en Bilbao, Donostia y Vitoria. Una misma noche, varias convocatorias simultáneas, distintos canales de movilización, la misma geografía urbana como diana.
El Sindicato Unificado de Policía (SUP) no ha podido resistirse a una ironía sobre el color del uniforme de la Ertzaintza, lo que da idea de la temperatura que rodea a todo esto. PP y Vox llevan días exigiendo responsabilidades al consejero. El consejero dice que la Ertzaintza actuará. Todos hablan. Los comerciantes tapian.
Esta noche es el examen que no se puede suspender dos veces
La cuestión ya no es ideológica. No se trata de si Jardun merece o no manifestarse, ni de cómo gestiona la Audiencia Nacional sus causas. La cuestión es concreta y urgente: ¿puede la Ertzaintza proteger a los ciudadanos de Bilbao esta noche, o volveremos a ver contenedores ardiendo mientras los agentes han desaparecido del mapa?
Si esta noche Bilbao vuelve a arder, las consecuencias políticas para Zupiria deberían ser inmediatas. No valen excesos de protocolo mal ejecutados ni la coartada de que la convocatoria era formalmente legal. Tenía un precedente a cinco días vista, tenía información de inteligencia y tenía los medios. Si con todo eso falla, no hay excusa que lo cubra.
Los tablones en los escaparates del centro de Bilbao son un voto. Un voto de desconfianza en la capacidad del Gobierno vasco para hacer lo más básico que se le pide a cualquier Estado: que un comerciante pueda bajar la persiana sin tener que blindarla antes.
