Hay regresos de película y regresos de papeleo. El de Toni Comín es, de momento, lo segundo: avión, Madrid, Congreso y la Junta Electoral Central. Tras casi nueve años fuera de España, el exconseller de Junts acude este jueves a recoger su credencial de eurodiputado, jurar o prometer la Constitución y desbloquear un escaño que ganó en junio de 2024 y que no pudo estrenar porque la ley exige personarse… y personarse, hasta ayer, olía a detención.
El cambio de escenario no es mágico. Es la ley de amnistía y el decaimiento de la orden que pesaba sobre él. Lo cuenta con claridad El Periódico: sin ese paraguas político-penal, el trámite de la JEC seguía siendo una trampa. Con él, el hemiciclo europeo deja de ser un escaño fantasma.
La JEC manda y el paseo de montaña espera
Comín había planeado volver el 25 de octubre cruzando a pie un puerto entre la Catalunya Nord y la Catalunya Sud, rodeado de allegados. La citación en Madrid le obligó a reordenar la agenda. Aun así, mantiene la convocatoria del domingo: ir al Congreso, dice, “no es volver del exilio”; el regreso de verdad sería pisar Catalunya. Es un relato cuidado al milímetro —primero la credencial, después la foto de frontera— pensado para no regalarle a nadie el monopolio del simbolismo.
El orden de los factores también es político. Después de Lluís Puig y antes de Carles Puigdemont, a quien su entorno quiere reservar un “regreso institucional” con honores del Parlament. Comín no espera al 29 de noviembre: admite “cierta urgencia” por incorporarse al Parlamento Europeo y representar a quienes le votaron. Traducción: la amnistía no solo cierra causas; abre agendas y escaños en Bruselas mientras España entra en precampaña dura.
Lo que la derecha no puede fingir que no ve
Se puede discutir el encaje constitucional de la amnistía hasta quedarse sin voz. Lo que ya no se puede discutir es el efecto práctico del 22 de octubre: un dirigente del 1-O entra en la casa de la soberanía nacional española —el Congreso— a recoger un acta europea porque una mayoría política le borró el riesgo penal inmediato. No es un rumor de pasillo. Es un acto administrativo con nombre, fecha y sede.
Quien venda “normalización” debería explicar por qué el normalizado necesita todavía el guion del paseo fronterizo y por qué Puigdemont se guarda el plató mayor. Quien grite solo “impunidad” también debería mirar el reloj electoral: este regreso ocurre a menos de cuarenta días del 29-N, con la amnistía convertida otra vez en cartel de campaña y con RTVE situando el episodio en el centro de la crónica política del día.
Credencial ahora, urna después
La Junta Electoral no hace política exterior ni relata el procés: exige el cuerpo presente y la fórmula constitucional. Cumplido el rito, Comín pasa de prófugo mediático a eurodiputado con carpeta. España, en paralelo, se prepara para decidir si premia o castiga el marco que ha hecho posible esa escena.
Eso es lo que hay sobre la mesa, sin adornos: amnistía aplicada, acta recogida, frontera simbólica pendiente y generales a la vista. El resto —si esto cierra heridas o las reabre— lo dirán las urnas, no el sello de la JEC.
