El Gobierno prometió una cumbre iberoamericana de altura. Madrid, 4 y 5 de noviembre, más de catorce presidentes —según anunció con rotundidad Andrés Allamand, secretario general de la SEGIB, apenas diez días antes—. Gran escaparate diplomático, a veinticinco días del 29-N, con el país aún de luto tras los 69 muertos de Urda y la dimisión de Óscar Puente todavía reciente. Lo que ha quedado es una fotografía con sillas vacías donde debían sentarse los referentes del progresismo latinoamericano.
Los que no vinieron
Lula da Silva no estará en Madrid. El presidente brasileño acaba de ganar las elecciones municipales del 25 de octubre —con la derrota de Flávio Bolsonaro incluida—, y el Gobierno español justifica su ausencia por el desgaste postelectoral y los compromisos de la COP31 en Turquía. Puede ser. También puede ser que un mandatario que acaba de ganar unas elecciones tenga otras prioridades que volar a la capital de alguien que ya ha convertido su victoria en un eslogan de campaña propio.
Claudia Sheinbaum tampoco viene. La presidenta de México es el caso más llamativo, porque el deshielo parecía real: Felipe VI reconoció los abusos coloniales en marzo, viajó a México en junio y Sheinbaum se mostró abierta a la reconciliación. Y, sin embargo, no hace el viaje. Moncloa alega que viaja poco y que tiene pendiente un viaje a China. La explicación técnicamente no miente. Pero tampoco convence del todo cuando la cumbre lleva meses en la agenda.
Delcy Rodríguez, vicepresidenta de Venezuela, tampoco estará al máximo nivel. Aquí la justificación es más comprometida: las sanciones de la Unión Europea sobre el régimen venezolano dificultan ciertos formatos de participación institucional, aunque el propio Gobierno ha admitido que existía margen para una excepción. No se gestionó, o no se quiso gestionar con suficiente empeño. El resultado es el mismo.
En total, de los veintidós países de la comunidad iberoamericana, solo alrededor de diez estarán representados al máximo nivel. Lejos, en cualquier caso, del augurio «contundente» que Allamand lanzó públicamente.
Los que sí vinieron
Javier Milei estará. Y José Antonio Kast también. Los dos referentes más combativos de la derecha latinoamericana, adversarios ideológicos declarados de Pedro Sánchez, han confirmado su presencia en una cumbre que el presidente español convocó y preside. Milei, que llamó «dictador» y «corrupto» a Sánchez durante su campaña, regresa a Madrid. Moncloa ha descartado cualquier reunión bilateral con él, que es lo mínimo que cabe hacer cuando el huésped más ruidoso es alguien que te ha insultado en público y en repetidas ocasiones.
La imagen tiene su propia lógica interna: quienes comparten proyecto político con Sánchez no han venido; quienes llevan meses señalándole como el enemigo del liberalismo, sí han sacado hueco en su agenda.
El relato y la realidad
El 26 de octubre, pocas horas después de conocerse los resultados brasileños, Sánchez publicó en sus redes: «Lo que ha pasado en Brasil, pasará en España. La remontada del progresismo global acaba de comenzar». Lo dijo como presidente de la Internacional Socialista y, sin disimulo, como candidato en campaña. Nueve días después, la cumbre que debía ilustrar esa remontada se celebra sin los presidentes progresistas más relevantes del continente.
Puede que sea mala suerte. Puede que sean circunstancias. Pero la narrativa que Sánchez necesitaba —la foto con Lula, con Sheinbaum, con la izquierda latinoamericana unida en Madrid— no va a existir. Eso no es una hipótesis: es el programa del día.
El Gobierno intenta relativizarlo. Recuerda que la cumbre de Cuenca de 2024 también tuvo escasa asistencia de líderes y ni siquiera produjo una declaración consensuada. Recuerda también que el propio Sánchez no acudió a aquella cita por la DANA. Ambos datos son ciertos. Ninguno deshace el contraste entre la fanfarria del relato y la foto real de Madrid.
La agenda oficial no es desdeñable: red de gestión de desastres y protección civil —especialmente pertinente tras la tragedia de Urda—, alianza de inteligencia artificial, Carta de movilidad académica, cooperación en cuidados. Participarán observadores como India, Turquía y Angola, y figuras de peso como António Guterres, António Costa y Teresa Ribera. No es una cumbre vacía de contenido.
Pero el contenido nunca fue lo que Sánchez quería vender en campaña. Lo que quería vender era la comunidad. La familia progresista reunida en Madrid, con él en el centro, a menos de un mes del 29-N. Esa foto no va a existir. La diplomacia tiene sus propias reglas, y rara vez obedece al calendario electoral de los anfitriones.
