Una dimisión que llega 116 muertes tarde
El 3 de noviembre, pasadas las nueve de la noche, Óscar Puente anunció que dimitía como ministro de Transportes y Movilidad Sostenible. Lo hizo al final de una comparecencia de más de cuatro horas ante la Diputación Permanente del Congreso. Cuatro horas de preguntas, reproches y datos sobre los accidentes de Adamuz y Urda. 46 muertos en Córdoba. 69 en Toledo. 116 en total, según el recuento que maneja la oposición.
La noticia llegó como una piedra en el estanque. Puente afirmó que ni el presidente del Gobierno ni su equipo de confianza conocían la decisión hasta minutos antes del anuncio. También informó de que renunciaba a encabezar la candidatura del PSOE por Valladolid en las elecciones generales del 29 de noviembre. Se iba de todo: del ministerio y de la papeleta.
Sánchez reivindica. Feijóo responde
Al día siguiente, Pedro Sánchez publicó un mensaje de apoyo a su ya exministro. «Políticos como Puente dignifican a nuestro país», escribió el presidente. Y añadió: «Mientras unos solo dan lecciones, otros lo dan todo».
La respuesta de Alberto Núñez Feijóo llegó rápida y en dos palabras: «Aplícatelo».
Sin más. Sin adornos. Un dardo directo. Para el PP, el mensaje de Sánchez no era un homenaje a un compañero: era una manera de cerrar el asunto, de pasar página, de hacer como que con la dimisión del ministro todo queda saldado. Feijóo no lo ve así. Ni por asomo.
El parachoques ya no sirve
Ester Muñoz, portavoz del PP en el Congreso, fue más explícita. La dimisión «ha llegado 116 muertos tarde», dijo. Y apuntó al verdadero blanco del partido: «El responsable de haber puesto el sistema ferroviario en manos de Ábalos y de Puente sigue en su puesto». Ese responsable tiene nombre y apellidos, y no es el ministro dimisionario.
Miguel Tellado, también del PP, remató la faena: la dimisión era «imprescindible, pero no suficiente». Sánchez nombró a Ábalos —hoy en prisión preventiva— y luego a Puente. Y a Puente lo mantuvo en el cargo incluso después del accidente de Adamuz. Eso, para el PP, no es un desliz: es una política.
En la comparecencia, Muñoz enumeró lo que a su juicio constituye la base de la responsabilidad política del Gobierno: presupuesto no ejecutado, retrasos en sistemas de seguridad, avisos de la CIAF y de los sindicatos que quedaron en papel mojado, y una priorización de nuevas líneas sobre el mantenimiento de las ya existentes. No son acusaciones inventadas para la tribuna. Son datos que el propio Ejecutivo tendría que responder.
¿Lo hace por las víctimas o por las encuestas?
Desde las filas del PP —y esto hay que decirlo con toda la honestidad— hay quien va más allá del relato oficial. Fuentes del partido citadas por La Vanguardia sostienen que Puente no dimitió por las familias de las víctimas, sino «por las encuestas». La frase que circula en los pasillos es aún más afilada: «Le ha dimitido Tezanos». Es una acusación dura. Y es, de momento, solo una acusación. Pero encaja en un patrón conocido: un Gobierno que aguanta, aguanta y aguanta hasta que el coste político se vuelve insostenible. Puente sobrevivió a Adamuz. No ha sobrevivido a la suma de Adamuz más Urda más cuatro horas de Congreso.
El cese, pendiente del BOE
Una cosa es el anuncio y otra la formalidad. El cese de un ministro no se produce por declaración pública. Requiere un real decreto firmado por el Rey a propuesta del presidente del Gobierno, con posterior publicación en el Boletín Oficial del Estado, según los artículos 62 y 100 de la Constitución española. Mientras ese trámite no se complete, Puente sigue siendo ministro a todos los efectos administrativos. Quién ocupará el Ministerio de Transportes no es una pregunta con respuesta confirmada en el momento de publicar este artículo.
El 29-N, en el horizonte
Nada de esto ocurre en el vacío. Dentro de pocas semanas se celebran elecciones generales. Puente renuncia también a la cabecera de lista por Valladolid. El PP convierte cada declaración en campaña, y el mensaje es cada vez más nítido: no se trata de uno u otro ministro, sino de un modelo de gestión que viene de arriba. «Sacar a Sánchez del Gobierno», dijo Ester Muñoz sin rodeos. No es un objetivo nuevo para el partido. Pero la semana que acaba de pasar le ha dado munición fresca.
Mientras tanto, Vox fue aún más lejos. Pepa Millán anunció que harán «lo imposible» para que Puente responda ante un tribunal por cada una de las 116 muertes. Sus diputados abandonaron el hemiciclo tras su intervención. La responsabilidad penal, si llega, la determinarán los jueces: las investigaciones técnicas y judiciales sobre ambos accidentes siguen abiertas, y no corresponde a ningún partido anticipar su resultado.
Lo que no está abierto es el debate político. Dimitió el ministro. Sigue el presidente que lo nombró. Para el PP, eso lo dice todo. Para Feijóo, dos palabras bastaron para decirlo.
