Había que «repensar» la DANA con ciencia. Había que reunirse cada mes. Había que entregar un documento en seis meses. Eso se contó el 3 de febrero de 2025, con ministros, cascos simbólicos y una sala llena de especialistas. Veinte meses después, lo que queda del Comité de Personas Expertas para la Reconstrucción cabe en una frase que repiten varias de sus voces a la Cadena SER y a Las Provincias: la foto sí; el informe, no.
No es un matiz de despacho. Es el relato de un órgano que el Gobierno presentó como brújula de la reconstrucción —economía, urbanismo, geología, medio ambiente, igualdad, sociedad civil— y que, según integrantes del propio comité, solo se reunió una vez al completo: el día de la presentación. Después, contactos puntuales, alguna reunión sectorial, y un silencio institucional lo bastante largo como para que varios expertos hablen de «paripé», «estafa» o, más seco, de haber sido usados para la imagen.
La hoja de ruta que no se cumplió
La SER resume el desajuste con fechas. El comité se constituyó el 3 de febrero de 2025. Se anunciaron encuentros mensuales y un documento final a medio año vista para «evaluar y comprender» el impacto de la riada de octubre de 2024 y «dotarnos de herramientas». Ese papel global no existe, según componentes del órgano. Hay quien ni siquiera recibió el encargo de redactar nada. Hay quien envió trabajo y no obtuvo acuse de recibo. Hay quien dice haber intentado «durante meses» que alguien mirara sus datos.
Las Provincias añade el tono humano que no sale en un comunicado: vergüenza de pertenecer a un foro que «no ha servido», sensación de haber «engañado a los ciudadanos», técnicos que renunciaron a vacaciones y ni siquiera vieron reembolsados gastos. «Nos buscaron para la foto, para nada más», resume una de las expertas citadas. El malestar no es de un solo perfil: el reportaje habla de una decepción extendida entre quienes aceptaron entrar.
La coordinación del órgano ha pasado por Zulima Pérez —primero al frente del comité y después alta comisionada para la reconstrucción— y por el entorno del Comisionado del Gobierno. En la foto inaugural estuvieron, entre otros, el ministro Ángel Víctor Torres y la ministra Diana Morant. La simbología era clara: ciencia al lado del poder. La práctica, según las fuentes expertas, fue otra: poca plenaria, poca trazabilidad y cero producto final público.
Moncloa cambia el guion
El Gobierno no niega del todo el vacío de reuniones plenarias. Fuentes centrales dicen a la SER que el comité nació para acompañar decisiones en la emergencia y las primeras fases de recuperación, y que «su encargo nunca incluyó la elaboración de un informe final para su publicación». Traducción: lo que se vendió como hoja de ruta con documento a seis meses se reinterpreta ahora como un panel de consulta bajo demanda.
Esas mismas fuentes insisten en que sí hubo aportaciones —igualdad, urbanismo, prevención, sistemas constructivos, colegios profesionales, CSIC, CEDEX, jornadas técnicas— y que la ciencia no exige necesariamente un tomo final con portada. Puede ser cierto en abstracto. El problema político es otro: si el mensaje público fue «vamos a medir, concluir y aprender», y el balance es «os llamamos si hace falta», la distancia no la tapa un matiz semántico.
Tampoco ayuda el calendario. A punto de cumplirse dos años de la gran riada, la Comunitat ha vuelto a ver episodios de inundación en zonas como La Safor y la Marina. Los expertos que debían pensar la siguiente ola de resiliencia confiesan perplejidad justo cuando el territorio vuelve a mojarse. Y la comisión mixta Gobierno-Generalitat, con ritmo trimestral teórico, se ha visto además golpeada por el adelanto electoral del 29-N. Reconstruir no es solo pagar facturas: es dejar por escrito qué falló y qué no se volverá a improvisar. Eso es lo que no está.
Lo que la izquierda no puede maquillar
Desde esta mesa no hace falta inventar sabotajes. Basta con mirar la secuencia. Se convocó a decenas de personas con currículum duro. Se prometió método. Se hizo la foto bajo el lema de unidad. Y cuando llega el momento de rendir cuentas —con precampaña encima y con vecinos que aún miden la normalidad en obras, seguros y miedo al siguiente temporal— el Gobierno responde que el informe final «nunca» fue el encargo.
Eso deja dos lecturas incómodas a la vez. La primera: si el comité no debía producir un documento, ¿por qué se presentó como herramienta para «repensar» la catástrofe en seis meses? La segunda: si sí debía orientar la reconstrucción con ciencia, ¿cómo se explica que integrantes digan que nadie les pidió el trabajo o que nadie confirmó haberlo leído?
La DANA no es un eslogan de oposición. Es una herida material y política. Usar la autoridad científica como decorado de rueda de prensa no repara un puente ni anticipa un cauce. Y en campaña, el riesgo es doble: que la reconstrucción se convierta otra vez en trinchera partidaria mientras el aprendizaje institucional se esfuma entre reuniones que no se celebraron y papeles que no se publicaron.
Los expertos no piden un milagro. Piden lo básico: que si se les llama para pensar el desastre, alguien recoja el pensamiento. Veinte meses después, el balance que dibujan SER y Las Provincias es demoledor en su sencillez. Hubo comité. Hubo ministros. Hubo eslogan. Faltó el informe. Y sin informe, la ciencia no guía: solo posa.
