En la precampaña del 29-N, la pelea ya no es solo el Congreso: es la Cámara Alta y el reloj del lunes. PP y Vox negocian a contrarreloj una fórmula para el Senado antes de que el 26 de octubre cierre el plazo de retirar o modificar listas. El objetivo no es cosmética: aspirar a los tres quintos (alrededor de 160 votos sobre 266) que permiten, entre otras cosas, renovar de un golpe los cuatro magistrados del Constitucional que tocan al Senado sin pasar por el PSOE. La izquierda ya movió ficha con listas conjuntas PSOE–Frente Amplio. La derecha responde con aritmética cruda.
Qué ha marcado las últimas horas (lectura conservadora). Fuentes y crónicas sitúan a Miguel Tellado (Génova) y Montse Lluis (Bambú) en la mesa. El plazo de coalición formal se les escapó cuando el bloque progresista cerró el suyo de madrugada; ahora exploran retirada de Vox en provincias críticas, posibles encajes en listas del PP o compensación vía senadores de designación autonómica. Vozpópuli cifra un escenario teórico de hasta trece senadores extra para el PP en doce circunscripciones (más Navarra con UPN). Newtral y El Confidencial subrayan tensiones internas: no es un abrazo gratis. Feijóo, en COPE, habló de «buscar alguna fórmula» y recordó que los cinco senadores actuales de Vox salen de pactos autonómicos. El fondo: quien mande en el Senado manda en tiempos, vetos y pieza clave del tablero institucional del día después del 29-N.
Opinión del día. Se puede llamar «pacto sucio». Esta mesa lo llama lo contrario del cinismo de Ferraz: si la izquierda une papeletas en la Alta para blindar el sanchismo residual, la derecha tiene derecho —y deber— a no regalar restos ni dejar el Constitucional como botín permanente del bloque de investidura. Quien grita «cordón» cuando PP y Vox suman escaños y aplaude la coalición PSOE–Frente Amplio practica moral de ida. El 29-N no se gana solo en el cara a cara de noviembre: se gana también en si el Senado vuelve a ser contrapeso o sigue siendo sala de espera del BOE.
La lectura de metro es clara. El votante de centro-derecha no discute a las ocho el reglamento de grupos: discute si Feijóo va a poder gobernar sin que cada ley muera en un laberinto de recursos y magistrados capturados por la legislatura anterior. Tres quintos no son un capricho de despacho: son la llave para renovar el TC sin chantaje permanente. Vox pedirá precio —plazas, visibilidad, designaciones—. El PP deberá pagar lo justo para sumar sin regalar el relato de gobierno a la bronca. Si Génova se acompleja y Bambú se hincha de ego, gana Sánchez sin sacar un escaño de más. La ambición de desalojar al sanchismo, dijeron fuentes de la negociación, «está por encima de egos». Habrá que verlo el lunes a las doce.
Hay un matiz que esta mesa no regala. Un acuerdo de restos no es un programa de país. Si la única promesa es «derogar amnistía desde el Senado» sin vivienda, fiscalidad y seguridad jurídica en la boca, el votante moderado se asusta y el de Vox se impacienta. Las tensiones internas que describe la prensa no son invento: hay divisiones reales sobre cuánto ceder. Tampoco conviene vender los tres quintos como hecho consumado: son umbral, no milagro. Y usar el Senado solo como trituradora del adversario sin ofrecer alternativa de Estado es repetir el error que la derecha critica en la izquierda. El contrapeso se gana con votos y se legitima con proyecto.
Qué debe pasar esta semana en clave conservadora.
- Cerrar antes del 26-O una fórmula escrita: provincias, retiradas, compensaciones —sin filtraciones que conviertan el pacto en pelea de egos.
- Explicar en una frase de metro para qué sirven los tres quintos: renovar el TC y devolver contrapeso, no «venganza».
- Atar el relato Senado a gobierno útil (vivienda, impuestos, seguridad jurídica), no solo a la guerra cultural del día.
- Marcar línea: acuerdo electoral de Cámara Alta no es cheque en blanco postelectoral; el PP manda el proyecto de país.
Diario de precampaña, día quince. Tesis de esta mesa: el 29-N también se gana en la Cámara que mucha gente ignora hasta que bloquea un gobierno. Si PP y Vox convierten el reloj del 26-O en mayoría útil y no en subasta de vanidades, no habrán ganado solo un lunes de listas: habrán enseñado que saben montar Estado, no solo oposición de atril.
