En la precampaña del 29-N, Vigo no ha sido un mitin de costa: ha sido un aviso de orden. Alberto Núñez Feijóo, arropado por Alfonso Rueda y el PP gallego, convierte los disturbios de A Coruña —unas 5.000 personas en una protesta contra un acto de Vox que acabó a pedradas con antidisturbios, según las crónicas— en eje del sábado: «Hay que discrepar con palabras, no con piedras». Y lanza la consigna de urna: «derribar el muro de Sánchez». No es solo seguridad. Es la pelea por si la alternancia llega sin que la calle decida con violencia quién puede hablar.

Qué ha marcado las últimas horas (lectura conservadora). Feijóo pregunta en voz alta si España quiere «los disturbios de Francia» y acusa a «determinados partidos» de agitar una calle que, dice, les da la espalda. Apoya a agentes y periodistas agredidos y niega que la intolerancia represente a Galicia. En el mismo acto despliega programa: rebaja fiscal generalizada desde 2027 (IRPF para compensar inflación desde 2022, IVA 0% en alimentos básicos y electricidad mientras haya inflación, exención de IVA a autónomos bajo 85.000 euros, mínimos familiares), un millón de viviendas en cuatro años, reforma del suelo y desalojo de ocupación en 48 horas, más financiación autonómica «no como moneda de Gobierno». Cierra con corrupción: «Me encargaré de que paguen por todo. Sea Sánchez, sea Ábalos, sea Cerdán, sea Leire, quien sea». En paralelo, Cayetana Álvarez de Toledo, número dos por Madrid, endurece el marco en El Mundo: el 29-N es «decencia o indecencia»; Sánchez buscaría división para que suba Vox y baje el PP; y avisa de «guerracivilismo» si la izquierda no acepta perder.

Opinión del día. Se puede llamar «alarma de campaña». Esta mesa lo llama lo contrario del cinismo de Ferraz: si después de A Coruña el Gobierno solo habla de «amor» y el PP no clava orden + bolsillo en la misma frase, gana quien tira la piedra y quien vive del miedo al cambio. Quien normaliza que un mitin de la derecha necesite cordón sanitario callejero no defiende democracia: la secuestra. El 29-N no se gana solo denunciando cloacas: se gana si el votante cree que Feijóo puede bajar impuestos, hacer vivienda y castigar corrupción sin convertir el país en trinchera permanente.

La lectura de metro es seca. El votante de centro-derecha no discute a las ocho el aforo de Vigo: discute si podrá ir a un acto sin casco y si su nómina dejará de ser la hucha silenciosa de un Estado sin Presupuestos serios. «Derribar el muro» suena bien; sin IRPF, IVA y pisos se queda en eslogan. Feijóo acierta al unir piedra y programa. Cayetana acierta al nombrar el riesgo de división del voto: si Vox crece solo para que Sánchez arañe escaños, el muro no cae, se rediseña. El PP debe convencer sin complejo y sin regalar el relato de «violencia de Estado» a quien no ha gobernado la calle con autoridad.

Hay un matiz que esta mesa no regala. No todo protestatario es milicia ni toda crítica a Vox es kale borroka. Inflar la amenaza puede asustar al moderado que odia la bronca tanto como la corrupción. Las promesas fiscales y el millón de viviendas exigen números y plazos, no solo atril. Y la frase «pagarán por todo» debe ser justicia, no caza de brujas: si el PP llega y solo hace revancha sin regeneración institucional, repite el vicio que denuncia. Orden sin proyecto es porra; proyecto sin orden es PowerPoint.

Qué debe pasar esta semana en clave conservadora.

  • Clavar una frase de metro: discrepar sí, apedrear no —y el 29-N es la urna, no la plaza.
  • Publicar ficha corta de rebajas 2027 + vivienda + ocupación 48 h, con fechas, para que no quede solo el «muro».
  • Atar el ticket Madrid (Feijóo–Cayetana) a unidad de voto útil sin humillar al votante de Vox.
  • Separar denuncia de corrupción de espectáculo: hechos, causas, plazos —sin convertir cada titular en venganza.

Diario de precampaña, día dieciséis. Tesis de esta mesa: el 29-N también se gana en Vigo, cuando la derecha convierte una pedrada en A Coruña en contrato de orden y bolsillo. Si Feijóo transforma el muro de Sánchez en alternancia útil y no solo en bronca de sábado, no habrá ganado solo un mitin gallego: habrá enseñado que sabe gobernar la calle sin rendirla al grito.