Dos cosas importantes suceden hoy, 2 de noviembre, aunque en el debate político interno de la izquierda solo una está ocupando espacio, y es la equivocada.
La primera: las Juntas Electorales Provinciales proclaman hoy las candidaturas definitivas para el 29-N. El BOE las publicará mañana, 3 de noviembre. A partir de ese momento, quién aparece en la papeleta es oficial y ya no hay vuelta atrás. Las siglas que no pasaron el corte no estarán. Las que sí, tampoco pueden retirarse.
La segunda: desde hoy empiezan a llegar a los buzones las tarjetas censales. Ese papel pequeño —que mucha gente tira pensando que es publicidad— te dice en qué colegio votas y en qué mesa. El censo cerró el 1 de agosto de 2026. Si te cambiaste de piso después de esa fecha, el sistema no lo sabe todavía. Tienes que ir al sitio del censo, no al de tu nueva dirección. Esto no está en ningún anuncio electoral. Pero es lo que más votos pierde en silencio.
Los números que deberían estar en todas las reuniones de campaña
El INE coloca a 38.728.356 personas con derecho a voto el 29-N. De ellas, 35.958.711 votan desde España y 2.769.645 lo harán desde el extranjero. Pero el dato que debería estar encima de la mesa de cualquier partido que se llame progresista es otro: 1.615.127 personas votan por primera vez en unas generales desde el 23-J de 2023. Son jóvenes en su mayoría. Son el margen.
Para organizar la jornada, el Estado sortea las personas que compondrán las mesas entre el 31 de octubre y el 4 de noviembre. Las notificaciones llegarán entre el 3 y el 7. Hay unas 61.033 mesas y alrededor de 549.297 ciudadanos convocados a atenderlas. Si te cae esa carta, hay plazos para alegar excusa. No la ignores.
El voto por correo desde España puede solicitarse hasta el 19 de noviembre y remitirse hasta el 25. Desde el extranjero, el voto consular se deposita del 21 al 26. El CERA no requiere solicitud previa.
Los bloques se mueven. Uno mejor que el otro
Hay dos movimientos esta semana en el tablero político que merecen atención distinta.
El primero es positivo: la lista conjunta que PSOE y Frente Amplio presentan para el Senado bajo el nombre de 'Senado de Progreso'. Es una apuesta real por maximizar representación en la cámara alta, donde el sistema mayoritario provincial premia la coordinación. PP y Vox también lo han entendido y coordinan su estrategia senatorial. El campo de batalla no es solo el Congreso, y que el bloque progresista lo haya interiorizado es una buena noticia.
El segundo movimiento es el que este diario ve con peor cara: la pelea entre Frente Amplio y Podemos por los derechos electorales heredados de Sumar en RTVE. Según informó Infobae el 1 de noviembre, Podemos reclama el 21% de los tiempos de antena que correspondían a Sumar. La Comisión de Partidos de la JEC se reúne el 4 de noviembre para resolverlo. De momento, la JEC ha respaldado el criterio de RTVE y Sumar sobre los candidatos independientes integrados en la lista.
Podemos, Frente Amplio, sus abogados, sus portavoces, su porcentaje de pantalla. Mientras tanto, millón y medio de personas que votarán en generales por primera vez en su vida no saben si su tarjeta censal ha llegado al buzón o dónde está su colegio.
Lo que la mesa piensa
Seamos directos.
El Estado ha hecho hoy su trabajo: ha proclamado candidaturas, ha puesto en marcha el envío de tarjetas, ha abierto el período de sorteo de mesas. La maquinaria funciona. Lo que no termina de funcionar es la jerarquía de prioridades en el espacio político progresista.
Los sondeos no pintan bien para el bloque de investidura. La media de DatosRTVE del 26 de octubre daba a PP 133 escaños y a Vox 66, lo que suma 199 para el bloque de derechas. El bloque que hoy sostiene el Gobierno ronda los 149 escaños. La brecha no es imposible de cerrar en veintisiete días, pero desde luego no se cierra litigando ante la JEC por los minutos de televisión de una marca política que ya no existe como tal.
El censo no espera. Los 1,6 millones de votantes nuevos no van a buscar solos su mesa si nadie les dice que esa cartita que les llegó al buzón esta semana es importante. La movilización en municipios con abstención histórica alta, el voto exterior, acompañar a quienes llevan años sin votar: eso no sale en la pelea jurídica ante la JEC, pero es exactamente lo que puede cambiar el resultado el 29-N.
Que la izquierda sea capaz de sacudirse el ruido interno y concentrarse en el único objetivo que importa —que el 29 de noviembre la gente salga a votar— no es un deseo sentimental. Es aritmética.
Comprueba tu censo. Pide el voto por correo si lo necesitas. Habla con alguien que vota por primera vez y dile dónde queda su mesa. El Estado ya hizo su parte. Ahora toca la vuestra.
