Ayer, 2 de noviembre, el PP reunió en Génova su último Comité Ejecutivo Nacional antes del 29-N. No fue un CEN cualquiera: fue el reinicio. La precampaña llevaba días congelada por el luto oficial tras el accidente ferroviario de Urda, con al menos 69 muertos. Y cuando alguien vuelve a encender los micrófonos después de algo así, la primera frase que elige lo retrata.

Feijóo eligió tres palabras: gestión, rigor y experiencia. Y una que no estaba en el guion técnico: «España no necesita un influencer». Por si quedaba duda de a quién apuntaba, remató con un «yo sí sé hacerlo». Hoy, 3 de noviembre, toca desayuno informativo y ronda de entrevistas. El sábado 7, primer mitin post-Urda en Valladolid. Y Málaga el mismo fin de semana.

Qué ha marcado las últimas horas (lectura conservadora)

  • El PP ha decidido que su terreno es el oficio. Fuentes del comité de campaña lo dijeron a El Periódico sin anestesia: «En gestión es en lo que no nos van a adelantar, ni Sánchez ni Abascal». Traducción: ni por la izquierda ni por la derecha.
  • Feijóo sacó el currículum a pasear: 13 años en la Xunta con mayorías absolutas, consejero de Obras Públicas con Fraga, Insalud y Correos con Aznar. Que recuerde justo esta semana lo de Obras Públicas no es casualidad.
  • En el CEN se dejaron ver los barones que gobiernan: Mañueco, López Miras y Pérez Llorca en Valencia. El mensaje de familia: aquí se administra, no se predica.
  • Y el tono. Feijóo dijo dudar de que el Gobierno sea «buena gente» y calificó su actitud de «infame, cruel y ruin». Son sus palabras, literales, y como tales las dejamos. Mala leche, la que quieras; pero un adjetivo no es una sentencia.

Opinión del día

Tesis: después del luto, el 29-N se juega entre un currículum y un micrófono. Y el currículum sale con ventaja, porque las vías no se reconstruyen desde un atril.

Me explico sin tecnicismos. Llevamos una legislatura entera de comunicación. De relato. De «contexto». Se ha convertido el micrófono en herramienta de gobierno: lo que no se puede arreglar, se cuenta mejor. Y cuela, hasta que un día la realidad se sale de las vías —literalmente— y descubres que el relato no lleva ni traviesas ni balasto.

Ahí quiere llevar Feijóo la pelea. No a ver quién tiene más gracia en una tertulia, sino a quién firma presupuestos que cuadran, obras que se entregan y servicios que funcionan un lunes a las ocho de la mañana. Es un terreno aburrido, lo sé. También es el único desde el que puedes mirar a la cara a quien coge el tren todos los días.

Y ojo, que el aviso va para los dos flancos. Ese «ni Sánchez ni Abascal» no es floritura. Vox no suspendió sus actos de precampaña tras Urda; el PP sí paró, y ha tomado nota. En el relato conservador de esta semana, la sobriedad también es un argumento.

Matices, que aquí no vendemos humo

Uno: un currículum no es un programa. Trece años en la Xunta explican de dónde viene Feijóo, no qué piensa hacer con España el 30-N. La gente ya da por hecho que sabe gestionar; lo que quiere saber es qué va a gestionar, y eso todavía está a medio escribir.

Dos: el PP se personará en la causa de Urda —lo anunció Alma Ezcurra— y Feijóo reclama el cese de Óscar Puente y que Sánchez rinda cuentas. Pedir responsabilidades políticas es legítimo. Pero una cosa es exigir explicaciones y otra, muy distinta, firmar la culpa en un juzgado que aún no ha hablado. Hay una instrucción abierta: respetémosla. Puente, por cierto, comparece en la Diputación Permanente; que dé la cara es exactamente lo que toca.

Tres: Valladolid no es una plaza cualquiera. Es la provincia de Puente —exalcalde de la ciudad— que además encabeza la lista del PSOE. Plantar el primer mitin en su casa es un mensaje, y de los subrayados. Saldrá bien si Feijóo habla de gestión; se le volverá en contra si suena a ajuste de cuentas sobre una tragedia todavía caliente. La línea es finísima.

Qué debe pasar esta semana en clave conservadora

  • Bajar el currículum a la calle. Que el 7-N en Valladolid no sea autobombo. Una obra entregada, un hospital que abrió, una lista de espera que bajó. Datos, no medallas.
  • Exigir a Puente sin pasarse de frenada. Responsabilidad política, toda; condena anticipada, ninguna. El respeto a las 69 familias también se demuestra no convirtiendo su duelo en munición de mitin.
  • Marcar distancia con Vox sin regalarle el titular. El «ni Abascal» solo vende si se nota en el tono: sobriedad frente a ruido.
  • Convertir el «yo sí sé hacerlo» en algo comprobable. Una idea concreta para los trenes de este país pesa más que diez adjetivos contra Sánchez.

Diario de precampaña, 3 de noviembre. Tesis de esta mesa: tras el luto, gana quien demuestre oficio, no quien grite más fuerte; el atril no reconstruye vías, y esta semana a Feijóo le toca probar que lo suyo no es otro relato, sino un currículum con obra hecha.