Miércoles 4 de noviembre. El Mundo abre el día con una fotografía que a esta mesa no nos sorprende, pero conviene mirar de frente: Feijóo y Abascal ya no se pelean tanto por las trincheras autonómicas —hay una tregua implícita entre Génova y Bambú— y han trasladado la pugna a algo más de fondo. Quién manda en la suma. El martes dejaron dos mensajes que no son lo mismo aunque apunten al mismo adversario.

Feijóo, en el desayuno de Europa Press, pidió "un mandato claro para hacer posible la reconstrucción nacional". Y se molestó en definirlo: presidente con grupo parlamentario que respalde al Gobierno en las dos cámaras, frente a lo que llamó "componenda permanente". Minutos después, en Telecinco, Abascal pedía respaldo de quienes quieran "un cambio más contundente", "no simplemente que hablemos de gestión, sino un cambio de rumbo político". Y remató: si dan más respaldo a Vox, "cambiarán más cosas".

Qué ha marcado las últimas horas (lectura conservadora)

Lo marcó una encuesta y dos frases. La encuesta es la de Sigma Dos para El Mundo: más de 1,5 millones de votantes moviéndose entre PP y Vox —en torno a 1,3 millones del PP a Vox y unos 200.000 en sentido contrario—. Ese dato explica el tono del martes mejor que cualquier teoría. No se están peleando por el votante de Sánchez; se están peleando por el mismo votante de centroderecha que duda entre gestión y contundencia.

Las frases ya las han leído arriba. La de Feijóo apela al que quiere gobernar y dormir tranquilo. La de Abascal apela al que está harto y quiere que "cambien más cosas". Abascal, además, no esconde que no está del todo satisfecho con las coaliciones ya selladas en cuatro comunidades, y mete el dedo donde duele: recorte "drástico" de subvenciones a partidos, sindicatos, patronal y asociaciones, y cuestionamiento del "gasto ideológico" en clima, verdes y género. PP y Vox ya pactaron en cuatro autonomías reducir a la mitad las aportaciones a los agentes sociales. Hay sintonía parcial, no total.

Opinión del día

La tesis de esta mesa es incómoda para los dos cuarteles: la derecha puede ir unida en la suma y dividida en el mando, y eso no es una contradicción, es el verdadero contenido del 29-N. Quien les diga que el domingo solo se vota "cambio sí o cambio no" les está vendiendo la mitad de la papeleta. También se vota cuánto pesa el PP de gestión frente al Vox de contundencia. Son dos cosas distintas y se deciden en el mismo gesto.

Vamos a ponerlo en lenguaje de metro, que es donde se juega esto de verdad. Imaginen un coche con dos pasajeros que están de acuerdo en el destino: echar a Sánchez. Perfecto. El problema es que uno quiere ir rápido y por la autovía, y el otro quiere ir rápido, por la cuneta y pisando a fondo. Mismo destino, viaje muy distinto. Y el conductor —el que saque más papeletas— decide la ruta. Por eso la frase de Abascal, "si nos dan más respaldo, cambiarán más cosas", es honesta y es un aviso: cada voto a Vox no es solo un voto contra Sánchez, es un voto sobre cómo de brusco quiere usted el frenazo.

Aquí viene el matiz honesto, porque sin él esto sería propaganda. Feijóo ha marcado líneas que a parte de su electorado le gustan y a Vox no: ha dicho en La Sexta que no cambiará la ley de violencia de género ni la ley del aborto, y que como mucho introducirá el "conocimiento previo" de los padres en el IVE de las menores de 16 y 17 años. En migración hay convergencia —Abascal reconoce, sin enfadarse, que el PP se acerca a sus posiciones—, pero con letra distinta: Vox resume con un "no hace falta más gente en España en este momento"; Feijóo habla de inmigración controlada y regulada. No es lo mismo. Y conviene que no lo sea.

Un apunte sobre sondeos, con la mano quieta: varios barómetros tras lo de Urda —Sigma Dos, SocioMétrica, NC Report según El Confidencial— dibujan un PP en torno a 138-140, un PSOE entre 99 y 106, un Vox entre 64 y 68 y una suma de la derecha por encima de 200. No son resultados, son fotos movidas de una semana que aún no ha terminado. Pero si esa foto se parece de lejos al domingo, la pregunta del mando deja de ser teórica.

Qué debe pasar esta semana en clave conservadora

  • Que Feijóo diga qué es un "mandato claro" sin eufemismos: si quiere gobernar en solitario o apoyado, que lo diga con sujeto y verbo. El votante de centroderecha aguanta cualquier cosa menos la ambigüedad calculada.
  • Que Vox explique dónde está el techo de "más contundente": una cosa es recortar el gasto ideológico, que a muchos aquí nos parece sano, y otra convertir el veto mutuo en doctrina. Contundencia no puede significar bloqueo.
  • Que los dos dejen de usar las subvenciones a los agentes sociales como arma arrojadiza interna y digan, en números, qué recortan y qué no. El "a la mitad" de cuatro autonomías es un punto de partida, no un eslogan.
  • Que nadie confunda mandato con cheque en blanco: ni un PP que gobierne como si Vox no existiera, ni un Vox que cobre peajes por respirar. Esa es la trampa en la que la izquierda quiere verles caer.

Diario de precampaña, 4 de noviembre. Tesis de esta mesa: el 29-N la derecha no solo elige frente a Sánchez, elige su propio carácter; un mandato claro no es lo mismo que un cheque en blanco a la contundencia, ni que un empate eterno de veto mutuo, y quien no distinga esas tres cosas el domingo estará votando con los ojos cerrados.