Hay frases que valen más que un mitin. El 4 de noviembre, la presidenta de la AIReF, Inés Olóndriz, soltó una de esas: «mucho margen fiscal, a políticas constantes, no parece haber». Traducido del idioma de la autoridad fiscal al castellano de andar por casa: no hay dinero para grandes inversiones en infraestructuras. Ni para eso, ni para la ristra de promesas que vamos a oír hasta el 29-N.

No lo dice un partido. Lo dice el organismo que vigila las cuentas públicas, y lo dice el mismo día en que presentaba sus proyecciones. Justo cuando el país vuelve a discutir sus trenes y sus carreteras tras lo de Urda. Pero que no nos despisten: el titular de la jornada no es una dimisión más. Es el semáforo fiscal en ámbar.

Qué ha marcado las últimas horas (lectura conservadora)

Vamos a los números, pero sin convertir esto en una nota del Banco de España. Tres avisos, tres.

Uno. El déficit sube. La AIReF eleva su previsión al 2,8% del PIB en 2026, en buena parte por las medidas energéticas ligadas al conflicto en Oriente Medio. Gastar para amortiguar un shock se entiende; hacerlo sin brújula presupuestaria, bastante menos.

Dos. La deuda, ahí sigue. La senda baja, sí, pero seguimos rondando el 100% del PIB y la propia AIReF ve un 95% en 2031. Es una mochila que cargan también quienes hoy no votan porque todavía van al colegio.

Tres. Bruselas mira de reojo. Las desviaciones del gasto primario neto se saldrían de los márgenes del marco fiscal europeo ya desde 2026. Dicho fácil: estaríamos gastando por encima de lo pactado con la UE, con una política fiscal expansiva de alrededor de 1,3 puntos del PIB y una economía que ya va por encima de su potencial. Pisar el acelerador cuesta abajo.

Y el telón de fondo lo empeora todo: no hay Presupuestos. Olóndriz fue clara con la prórroga presupuestaria eterna, que no está pensada para encadenar ejercicio tras ejercicio. ¿El resultado? Una Administración General del Estado que funciona a golpe de modificación de crédito y un país que improvisa donde debería planificar.

Movimiento de bloques: por qué importa a 24 días del 29-N

Queda mes escaso —24 días— y los bloques ya están colocados. La media de encuestas que publicó Demócrata el mismo 4-N, con quince institutos dentro, deja al PP en el 31,0%, al PSOE en el 26,3%, a Vox en el 19,5% y a Frente Amplio en el 6,5%. No toca repartir escaños todavía; toca leer el tablero.

Y el tablero dice esto: la izquierda llega a la cita con el relato de la «reconstrucción» —redes, cheques, inversiones— y la derecha, con la enmienda del rigor. El informe de la AIReF, quieran o no, aterriza en el centro de esa pelea. Porque pone encima de la mesa una pregunta que ningún spot electoral resuelve: ¿con qué dinero?

Conviene decirlo claro para que nadie lo retuerza: la AIReF ni hace campaña ni señala tijeras. No elige partidas ni respalda a nadie. Recomienda una estrategia fiscal a medio plazo, evaluar las políticas públicas y decidir con criterio. Incluso se ofrece a actualizar su informe de infraestructuras de 2020 si el Gobierno se lo pide. La pelota, como casi siempre, está en el tejado del Ejecutivo.

Opinión de mesa: se vota rigor

Desde esta mesa lo decimos sin anestesia: sin margen, sin Presupuestos y con el gasto desbocado, prometer «reconstruir» media España o repartir cheques nuevos es, sencillamente, humo.

No porque no haga falta invertir. Hace falta. En infraestructuras, en defensa, en adaptarnos al clima, en sostener unas pensiones con un país que envejece. El problema es que esas cuatro presiones de gasto no caben a la vez en una caja medio vacía. Gobernar es elegir. Y elegir exige un presupuesto, no una prórroga perpetua.

Ahí está la trampa del relato: es facilísimo prometer cuando no hay que cuadrar la cuenta. Y es comodísimo gobernar sin Presupuestos, porque así nadie te obliga a poner negro sobre blanco a quién le quitas para dárselo a otro. La prórroga es el país en modo piloto automático. Y el piloto automático no prioriza: deja que todo siga igual mientras la factura engorda.

Que conste: esto no va de recortar por recortar. Va de ordenar. De sentarse, hacer unas cuentas creíbles y contarle a la gente qué va primero. Eso es lo que la autoridad fiscal lleva meses pidiendo y lo que una prórroga, por definición, no hace.

El 29-N, en una frase

Por eso el 29 de noviembre no se vota solo quién cae mejor en el debate. Se vota rigor. Se vota quién prioriza de verdad y quién gobierna a golpe de prórroga y titular.

La AIReF ha encendido la luz. Lo demás son 24 días de ruido. Al que venga a prometer la luna, pidámosle al menos que traiga la factura. Y que diga quién la paga.

Fuentes y contexto