Son las ocho de la mañana del miércoles y en Madrid vuelve a pasar algo que no debería ser noticia, pero lo es: los médicos están en huelga. Otra vez. Habían convocado paros para el 29 y el 30 de octubre, pero los suspendieron. Por respeto. El accidente de Urda se había llevado por delante a 69 personas y no era momento de pancartas. Ahora, con el luto algo más reposado, retoman la huelga desde las ocho del día 4 hasta las ocho del sábado 7. Tres días. Y de fondo, un calendario que aprieta: quedan 24 días para el 29-N.

La imagen de la jornada fue una marcha. Salió de la Consejería de Sanidad, en la calle Aduana, y apuntó al Congreso. ¿Cuánta gente? Depende de quién cuente. EFE habla de más de un centenar; El País rebaja la foto inicial a una cincuentena concentrada frente a la Consejería. Da un poco igual el número exacto. Lo que importa es lo que llevaban escrito y gritado: sanidad de calidad y «basta ya de bla bla bla».

Qué ha marcado las últimas horas (lectura progresista)

Detrás de la pancarta hay un comité que no son cuatro gatos: AMYTS, AME, Stop Peonadas, MUD y SIME-Csit UP. Al frente, voces como la de Ángela Hernández, de Amyts. ¿Y qué piden? Nada exótico. Piden acabar con las guardias de 24 horas o, al menos, reducirlas. Piden las 35 horas semanales, que Madrid es de las pocas comunidades que todavía no ha recuperado. Piden que las horas extra se reconozcan como lo que son. Piden que las guardias se paguen mejor, una carrera profesional que no esté cerrada con llave, una mesa de negociación propia y un sueldo que no se derrita con la inflación.

Léelo otra vez. No piden un yate. Piden no encadenar 24 horas seguidas con un bisturí o una receta en la mano.

Y aquí Hernández pone el dedo donde escuece: entre el 85% y el 90% de lo que reclaman depende del SERMAS y de la Comunidad. Es decir, de Madrid. El resto cuelga del Ministerio, con un Estatuto Marco que decayó por las elecciones. Traducido: casi toda la pelota está en el tejado de Ayuso, no en Moncloa.

Movimiento de bloques: por qué importa a 24 días del 29-N

Aquí entra la precampaña, porque esto ya no va solo de batas blancas. El Gobierno regional ha elegido su relato: esto es una «huelga política», parte de un «otoño caliente» orquestado contra Ayuso. Lo repite el portavoz, Miguel Ángel García Martín, y lo dejó caer la propia presidenta cuando a los docentes en huelga los llamó «coro rociero». El mensaje es siempre el mismo: aquí no hay un problema, hay una conspiración de la izquierda.

Mientras tanto, los datos que ofrece la propia Consejería hablan de un seguimiento del 3,5% en los hospitales y del 0,5% en primaria. O sea: según ellos, casi nadie secunda la huelga. Entonces, ¿a qué viene el nervio? No se puede sostener a la vez que esto no lo sigue nadie y que es una gran maniobra para tumbar al Gobierno regional. Una de dos. Elijan.

El martes 3, el Consejo de Ministros aprobó un real decreto que limita a 17 horas las guardias de los médicos residentes. Un paso. Pequeño, pero un paso. No resuelve el Estatuto Marco que afecta al resto, pero al menos alguien se mueve. Y ese contraste escuece en Madrid: la última vez que la Consejería se sentó con el comité fue en julio. Julio. Encima, acusan a la consejera Fátima Matute de no reunirse con ellos. Cuatro meses de silencio no son gestión; son desgaste.

Opinión de mesa

Lo decimos claro. Lo que Ayuso vende como «huelga política» es otra cosa mucho menos épica y mucho más seria: el agotamiento estructural de la sanidad pública madrileña. Hablamos de unas 25 jornadas de huelga en un solo año. Veinticinco. Eso no es un calentón de octubre; es un sistema crujiendo por las costuras. Y no es solo Madrid: hay paros en otras comunidades, porque el problema es el modelo, no un código postal.

El truco de precampaña es hábil, hay que reconocerlo. La derecha se presenta a las urnas vendiendo gestión, eficiencia e impuestos bajos. Pero debajo de esa foto hay médicos pidiendo, literalmente, no trabajar medio muertos. Esas dos cosas no caben en el mismo cartel. Y conviene no perderlo de vista: lo que se ensaya en Madrid, el PP quiere proyectarlo al resto del Estado como plantilla. El «modelo Madrid» no se queda en Madrid.

Lo que de verdad está en juego

Así que no, no es ruido. Cuando un médico sale a la calle a 24 días de las urnas, con 25 huelgas a la espalda y reclamando algo tan revolucionario como descansar, no está haciendo campaña por nadie. Está avisando de que el sistema que le vendieron como eficiente se está cayendo a cachos.

Llamarlo «coro rociero» o «política» es la manera más barata de no escuchar. Pero a veces el que grita «basta ya de bla bla bla» no es el que mete ruido. Es el único que está diciendo la verdad.

Fuentes y contexto