Hay una escena que se va a repetir estas semanas en muchos grupos de WhatsApp de España. Alguien reenviará un GIF, un clip de vídeo o un montaje de humor político. El receptor verá «reenviado muchas veces» y pensará: esto viene de algún canal. Y ese canal, probablemente, lo habrá puesto en marcha el PSOE, Frente Amplio o Podemos.

No es casualidad. Es estrategia. Y tiene nombre: el Ejército de Lula.

Qué es esto y de dónde viene

En Brasil, cuando Lula se medía con Flávio Bolsonaro en la segunda vuelta, el diputado André Janones impulsó un canal de WhatsApp que empezó con unos 55.000 seguidores tras la primera vuelta y acabó reuniendo casi 11 millones de personas. Los expertos señalan ese canal como uno de los factores que explican la remontada lulista: mensajes directos, humor, consignas, desmentidos de bulos, todo en tiempo real, sin que un algoritmo de Meta o de X decidiera quién lo veía y quién no.

Esa es exactamente la apuesta que, según informa Álvaro Carvajal en El Mundo, están haciendo ahora mismo PSOE, Frente Amplio y Podemos de cara al 29-N. Los números, una semana después de arrancar, ya dan que pensar: el PSOE ronda los 45.000 miembros en su canal; el Frente Amplio supera los 41.000; Podemos se acerca a los 11.400. Más de 97.000 personas en canales de partido en menos de siete días.

El meme que se reenvió 1.600 veces

El canal oficial del Frente Amplio, 'Frenteamplistas', publicó por Halloween un mensaje con un hipotético gabinete PP-Vox: Feijóo presidente, Abascal de vicepresidente y al frente de Defensa, Figaredo en Trabajo, Pepa Millán en Cultura y Familia, Cayetana Álvarez de Toledo en Exteriores, Tellado en Transportes, Ester Muñoz en Educación. Quince ministerios repartidos entre los dos partidos. Solo desde ese canal oficial, el mensaje se reenvió más de 1.600 veces. La difusión secundaria —cuántas veces llegó ese gabinete fantasma a grupos de amigos, familia y compañeros de trabajo— no la puede medir nadie, y esa es justamente la gracia.

Cuando algo llega por WhatsApp, no viene de un anuncio pagado ni de un post impulsado por el algoritmo. Viene de tu cuñado, de tu amiga del trabajo, de tu madre. Esa diferencia de origen cambia cómo se recibe el mensaje. Es básico, pero funciona.

Hackear el algoritmo sin necesitar permiso

Eduardo Fernández Rubiño, número cinco de la lista del Frente Amplio por Madrid —procedente de Más Madrid—, lo explica sin rodeos en declaraciones a El Mundo: el canal permite «hackear» el uso de redes y algoritmos. Su argumento es que los llamados tecnoligarcas —propietarios de las grandes plataformas— tienen incentivos para poner sus herramientas al servicio de narrativas de la ultraderecha. Ante eso, WhatsApp funciona de otra manera: los chats directos activan a la ciudadanía sin pasar por ese filtro.

Hay que decirlo con claridad: que los algoritmos sean exclusivamente una herramienta al servicio de la ultraderecha es la lectura de Rubiño y del entorno progresista, no una ley física demostrada. Pero el diagnóstico sobre la concentración de poder en las grandes plataformas tiene base real, y la respuesta que proponen —desintermediar, ir de persona a persona— tiene una lógica propia que no depende de que el diagnóstico sea absoluto para tener sentido.

El propio Rubiño escribió en el canal: «No vamos a ser espectadores... el candidato eres tú... sumar compañeros de trabajo, amigos, familia, al desanimado.» El mensaje no es solo para movilizar a la base ya convencida: va explícitamente a por el indeciso, a por quien cree que da igual ir a votar, a por quien ha comprado la idea de que una victoria PP+Vox es inevitable y ya no hay nada que hacer.

No solo memes: desmentir bulos en tiempo real

El contenido que circula por estos canales mezcla registros. El PSOE ha colgado animaciones de Sánchez bailando y un montaje de Star Wars —El amor contraataca, con Begoña Gómez— que entra en la categoría del humor político de trinchera. Pero junto a eso hay audios y vídeos de actos, consignas serias y, sobre todo, materiales pensados para desmentir bulos en tiempo real: imágenes, clips y datos que cualquier seguidor puede usar si en una cena de familia alguien saca una noticia falsa.

Esa función de refutación instantánea es quizás la más interesante del modelo. No esperas a que el partido publique un comunicado al día siguiente, cuando el bulo ya ha dado tres vueltas al barrio. Tienes el material en el móvil en el momento en que lo necesitas.

El reto que conviene no ignorar

Hay un problema con toda esta estrategia que sería deshonesto pasar por alto: un canal de WhatsApp no convierte seguidores en votos de forma automática. La relación entre 97.000 suscriptores y el resultado del 29-N es una incógnita real. El caso Brasil 2022 fue un factor entre muchos en una campaña muy particular, y aquí también lo será.

Lo que sí hace este modelo es disputar quién tiene la iniciativa sobre el relato. Si la narrativa que más circula es que el resultado está decidido de antemano —que movilizarse no sirve para nada, que PP y Vox van a gobernar sí o sí—, tener decenas de miles de personas reenviando mensajes, llamando al desanimado y poniendo el gabinete Feijóo-Abascal en el WhatsApp de sus grupos es un contrapeso concreto a esa resignación fabricada.

No es la revolución. Es organización de base en el siglo XXI. Y de momento, los números crecen rápido.