Hoy, lunes 2 de noviembre, las Juntas Electorales Provinciales proclaman oficialmente las candidaturas que competirán en las elecciones generales del 29 de noviembre. Mañana, el Boletín Oficial del Estado lo publicará en papel timbrado. Es el momento en que las listas dejan de ser promesas de partido y se convierten, formalmente, en opciones de voto.

Hasta aquí, la mecánica. Pero conviene leer también lo que hay debajo.

Qué ocurre hoy y qué viene después

La proclamación de hoy no es un simple sello. Llega tras el examen de requisitos legales y el plazo de 48 horas que tuvieron los partidos para subsanar irregularidades. Según EFE, el calendario posterior es apretado: los días 4 y 5 de noviembre los partidos podrán presentar recursos; la Junta Electoral Central tendrá 48 horas para resolverlos. Si alguna formación considera que ha sido perjudicada, puede acudir al Tribunal Constitucional hasta el día 9. El TC dispondrá de 72 horas —hasta el 12 de noviembre— para pronunciarse.

Para esa fecha, el mapa definitivo de candidaturas estará cerrado. El ciudadano tendrá diecisiete días para decidir. Poco tiempo para digerir mucha información, especialmente si nadie la ha explicado bien.

El Senado ya tiene dueño antes de la urna

La Cámara Alta es donde la ingeniería preelectoral se ve con más nitidez. Antes de que el votante abra el sobre, los partidos ya han trazado líneas. Y esas líneas merecen atención.

PP y Vox han acordado no presentarse en determinadas circunscripciones del Senado: el PP ha renunciado en tres, Vox en seis. Es una estrategia de concentración de voto con lógica electoral —evitar la fragmentación del voto de centro-derecha y perder escaños frente a listas únicas de la izquierda—, pero que también recorta la oferta real para el elector. En esas circunscripciones, quien quisiera votar a uno de esos partidos sencillamente no tendrá papeleta.

Que los pactos de no concurrencia sean legales no los hace irrelevantes. Son decisiones tomadas en despachos que afectan directamente a qué puede elegir el ciudadano el 29-N. Merecen ser explicadas con claridad, no enterradas en notas de prensa o asumidas como inevitable costumbre electoral.

El «Senado de Progreso»: una coalición que pide escrutinio

En el otro lado del tablero, PSOE y Frente Amplio han sellado la alianza denominada «Senado de Progreso» (SDP) para concurrir conjuntamente en la Cámara Alta. La lógica es simétrica a la de la derecha: si ellos concentran, nosotros también.

Lo que conviene preguntarse —sin afirmar nada que no esté acreditado— es en qué condiciones se ha pactado esa alianza y qué compromisos lleva aparejados. Frente Amplio agrupa al Movimiento Sumar, IU, Más Madrid, Comunes y otras fuerzas. Su lista al Congreso, encabezada por Ada Colau, es la novedad más visible de esta campaña en el bloque de izquierda. Que esa misma constelación tenga ahora un acuerdo preferente con el PSOE en el Senado es un dato político de primer orden. El votante que evalúe su papeleta para la Cámara Alta debería saber exactamente lo que está eligiendo: no solo un nombre, sino toda la arquitectura de pactos que hay detrás.

Las caras de Madrid: lo que sí se sabe

Para el Congreso de los Diputados, las listas más seguidas son las de la circunscripción de Madrid. Según EFE, el PP encabeza con Alberto Núñez Feijóo, seguido de Cayetana Álvarez de Toledo y Borja Sémper en tercer lugar. El PSOE va con Pedro Sánchez al frente, Margarita Robles en segundo y Félix Bolaños en tercero.

Son nombres que pesan y que proyectan mensajes de campaña. El PP combina perfil presidencial, firmeza ideológica y un intento de apertura de centro. El PSOE pone al presidente en primera línea flanqueado por dos de sus ministros más identificados con defensa y gestión del Estado. Cada orden de lista es también una declaración de intenciones.

La transparencia que el votante merece

Hay una pregunta que suele quedar sin respuesta en las coberturas electorales: ¿quién diseñó la oferta que el ciudadano tiene delante? No los programas —esos se leen en la web—, sino las listas. No los eslóganes, sino las renuncias. No el atril del mitin, sino los acuerdos previos que determinan qué papeletas existen y cuáles no.

Desde una perspectiva liberal-conservadora, la competencia real en política es un valor en sí mismo. Cuando los partidos recortan su oferta —por estrategia, por acuerdo o por ingeniería de listas— conviene al menos reconocerlo con honestidad ante el elector. El que va a las urnas el 29 de noviembre merece encontrar en el BOE no solo nombres impresos, sino también la explicación de por qué algunas papeletas no estarán.

La proclamación de hoy abre la cuenta atrás oficial. Pero la campaña real —la de los pactos, las renuncias y las alianzas— lleva días en marcha. Leerla bien es también una forma de votar con conocimiento de causa.