La EPA del tercer trimestre de 2026 llega con la foto de siempre en campaña: hay quien mira solo la tasa de paro y hay quien mira cuánta gente tiene trabajo de verdad. Los números del INE, publicados este martes, permiten las dos lecturas. La seria empieza por aquí: España cierra el verano con un máximo histórico de ocupación.

Entre julio y septiembre había 22.852.600 ocupados, 73.600 más que en el trimestre anterior. En el último año se crearon 465.500 empleos (+2,1%). La población activa también marca récord: 25.443.800 personas (+169.500 en el trimestre). Eso no es un eslogan de mitin. Es gente que trabaja o que busca trabajo y entra en la estadística.

Sí: el paro subió en 95.900 personas hasta 2.591.200 y la tasa escaló al 10,18%, tres décimas más que en primavera. Europa Press lo sitúa como el mayor alza de un tercer trimestre en seis años y el menor incremento de ocupación estival desde 2019. Quien quiera titular “el paro sube” tiene base. Quien quiera esconder el matiz no la tiene.

El matiz importa. Economía ha subrayado que ese 10,18% es la tasa más baja en un tercer trimestre desde 2007. Y en términos interanuales el paro baja en 21.900 personas. En un mercado que engorda la población activa a ritmo alto, la tasa puede subir aunque el empleo siga creciendo. No es magia contable: es demografía laboral.

Hay otra capa incómoda para el relato fácil. El alza trimestral de ocupación se concentró en la población extranjera (+75.400) mientras los ocupados españoles retrocedieron ligeramente (−1.800). El empleo público sumó 89.900 puestos y el privado restó 16.300. Eso no borra el récord. Obliga a hablar de composición: quién entra, en qué sector y con qué calidad de contrato. La izquierda seria no debería negar esa letra pequeña; la derecha interesada no debería convertirla en el único titular.

En precampaña del 29-N, el dato sirve a dos trincheras. Moncloa venderá el máximo de ocupados y la tasa de verano más baja en casi dos décadas. La oposición mirará el repunte del paro y el frenazo del empleo estival. Las dos cosas están en la misma tabla del INE. La pregunta política no es si “hay o no hay empleo”. Es si ese empleo reduce la precariedad que Funcas y Eurostat siguen midiendo en pobreza severa, y si el sector privado vuelve a tirar cuando se acabe el efecto de la regularización y del verano.

Por ahora, el suelo factual es este: más gente trabajando que nunca, más gente activa que nunca, paro trimestral al alza y tasa todavía históricamente contenida para un tercer trimestre. Quien solo grite una de las dos mitades está haciendo campaña. Quien las ponga juntas está mirando el país.

Conviene no confundir la EPA con la afiliación a la Seguridad Social ni con el paro registrado del SEPE. Son termómetros distintos. La EPA mide hogares y situaciones laborales en sentido amplio; por eso sirve para ver el tamaño real del mercado, no solo el pulso administrativo del mes. El INE lo deja negro sobre blanco: ocupación al alza en el trimestre, activos en máximo y tasa de paro todavía contenida para un verano postcrisis financiera.

Si el 29-N se decide en bolsillo y estabilidad, este dato no cierra el debate de la vivienda ni el de la pobreza severa. Pero sí tumba el cuento de un país “sin empleo”. Hay empleo. La pelea es por salarios, estabilidad y acceso a un piso. Empezar por negar el récord de ocupados es hacer trampa con la calculadora.