En Vigo, «jugando en casa», Alberto Núñez Feijóo no vino a regalar matices sobre corrupción. Llamó al de Sánchez «el Gobierno de la corrupción» y soltó la frase que la derecha quería oír en precampaña: si llega a Moncloa tras el 29-N, no va a «indultar a los corruptos». «Me encargaré de que paguen por todo».
El mitin en la Estación Marítima —con Alfonso Rueda presentándole como el candidato «en su mejor momento»— mezcló tres hilos: sumarios que el PP atribuye al entorno socialista, el aviso contra la violencia en la calle tras los disturbios de A Coruña, y el catálogo económico (bajada de impuestos, un millón de viviendas, ley antiocupación).
Los números que Feijóo pone sobre la mesa
El líder del PP enumeró lo que, según su relato, empuja al adelanto electoral: «17 sumarios abiertos» que afectan al Partido Socialista, con acusaciones de «23 delitos», «131 imputados» y penas que, «según el código penal», podrían superar los 1.000 años de cárcel. Son cifras de mitin —el listado completo no se desglosó expediente a expediente en el acto— pero el marco es claro: la corrupción no es anécdota, es el motor del calendario.
Nombró a Pedro Sánchez, José Luis Ábalos, Santos Cerdán y Leire Díez para advertirles de que «todo tendrá consecuencias, todo». Y reservó un dardo para el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero y el caso de las joyas: «Todavía estamos esperando a que nos expliquen de dónde salieron». Exigencia de campaña: que lo explique al juez y «pida perdón a los españoles» por «la vergüenza».
El estribillo social: «los currantes son los que tienen que pagar la mordida de los corruptos». En clave popular, no hace falta un informe de la AIReF para entender el golpe: si hay saqueo, paga quien no tiene despacho.
Palabras, no piedras: el otro frente
Feijóo enlazó corrupción con clima político. Tras lo ocurrido en la plaza de María Pita (A Coruña), preguntó en voz alta: «¿Queremos también los disturbios de Francia?». Y fijó el eslogan de convivencia que la SER recogió en el mismo acto: quiere un país donde se pueda discrepar con palabras, no con piedras, y pidió «derribar el muro de Sánchez» el 29-N.
Es un marco de orden: el PP se presenta como garante de seguridad y de «reconstrucción nacional» frente a un Ejecutivo al que acusa de polarizar y de aislar voces discrepantes. Sea o no justa la atribución de la violencia al Gobierno —eso es tesis política, no sentencia—, el mensaje electoral es de mano dura institucional y de rechazo a la calle como atajo.
El menú gallego exportado a España
El candidato repitió que lleva «toda la vida» preparándose para ser presidente y que el PP gallego es «una máquina» que pondrá «a tope». En economía prometió bajar impuestos a rentas medias, familias, autónomos y jóvenes; reducir el IVA de alimentos básicos y de la luz «mientras dure la inflación»; y construir un millón de viviendas para aumentar oferta y bajar precio. En vivienda y orden, la SER le atribuyó también el empuje a una ley antiocupación, reforma del suelo y de la propiedad horizontal.
Atacó las «más de 100 subidas de impuestos» de la legislatura y el hecho de gobernar sin presupuestos: «se ha gastado un billón de euros de los españoles y no le ha dado cuentas a nadie». De nuevo: cifra de mitin que el lector debe tomar como acusación política, no como liquidación contable cerrada aquí.
Qué hay de fondo
La derecha elige el terreno de la impunidad cero y del orden público el mismo día en que la izquierda elige el de los derechos constitucionales. No es el mismo tema contado al revés: es otra agenda. Feijóo necesita que el votante crea que el 29-N es limpieza de sumarios y fin de indultos políticos; Sánchez, que es muro frente a la motosierra.
Lo factual del sábado en Vigo: el acto, las citas sobre indultos y corrupción, el recordatorio de Zapatero/joyas, el aviso anti-disturbios y el paquete de promesas fiscales y de vivienda. Lo que queda por demostrar, como siempre en precampaña, es si el «me encargaré de que paguen por todo» se traduce en reformas procesales reales o se queda en eslogan de Estación Marítima.
