El martes 27 de octubre, Alberto Núñez Feijóo llegó al Espacio Jorge Juan de Madrid y puso las cartas encima de la mesa. Lista del PP al Congreso por la capital para el 29 de noviembre: Feijóo de número 1, Cayetana Álvarez de Toledo de número 2, Borja Sémper de número 3. Tres nombres que, juntos en ese orden, cuentan más que cualquier programa electoral.
La foto que llevaba tiempo pendiente
Sobre el escenario había algo que no siempre se ve en la política española: unidad que parece real. Isabel Díaz Ayuso intervino, puso su firma en el ticket y respaldó una lista que ella misma había impulsado. Que la presidenta de Madrid y el líder del PP aparecieran juntos ante miles de simpatizantes es exactamente la señal que muchos votantes conservadores llevaban pidiendo desde la caída de Casado.
Conviene no olvidar que esto no era inevitable. Álvarez de Toledo no tiene la lengua de trapo. En su libro Políticamente Indeseable llamó a Feijóo «barón blando» y a ella misma «chica dura». Lo recordó ella misma en el mitin, con la desfachatez que la caracteriza. «El PP no es una secta», dijo. Traducción libre: en este partido se puede haber discrepado y seguir en el mismo equipo. Esta vez, al menos, parece que sí.
Ayuso no desperdicia el micrófono
La presidenta madrileña elogió a Feijóo con una frase que ya circula por todos los grupos de WhatsApp conservadores: «No ha llegado por ser un guapito tramposo». Y añadió, para que nadie dudara a quién iba dirigido: «El poder no se hereda, se conquista». Recado enviado, recado recibido.
La alianza entre Ayuso y Álvarez de Toledo no nació ayer. Se forjó en la tormenta de 2022, cuando la crisis que acabó con Pablo Casado puso a todo el mundo ante el espejo. Álvarez de Toledo fue de las pocas que no miró para otro lado cuando las cosas se pusieron feas. Casado la había destituido como portavoz parlamentaria en 2020 por no encajar en el molde. La rueda giró.
Feijóo sube el tono: el Gobierno echa gasolina
El acto no esquivó la tensión política del momento. Con los recientes disturbios de fondo, Feijóo cargó contra el Ejecutivo con palabras más duras de lo habitual. «Saben que están perdiendo y cuanto más pierden, más tensión general crean», declaró. Y añadió: «Quien gobierna tiene que apagar los fuegos, no echar gasolina».
Son acusaciones políticas enérgicas, formuladas como retórica de campaña. Álvarez de Toledo subió un peldaño más: acusó a Sánchez de tener «su kale borroka» y llamó «neoetarras» a jóvenes que protagonizaron altercados en Barcelona. El Gobierno respondió de inmediato: la portavoz Elma Saiz calificó esas palabras de «barbaridad» e «irresponsabilidad». Conviene subrayarlo con claridad: no hay pruebas de que el Ejecutivo haya organizado ni financiado las protestas, algo que El País también señala en su crónica del acto. Las palabras de Álvarez de Toledo son acusaciones políticas, no hechos probados.
Feijóo completó el cuadro con algo de ironía: «Yo no soy Sánchez. Yo no bailo en los mítines». Que cada uno saque sus conclusiones.
No es solo Madrid: la estrategia de las listas
Lo de Espacio Jorge Juan no es un hecho aislado. Feijóo lleva días diseñando candidaturas con una lógica que se repite en toda España: combinar perfiles de combate parlamentario con gestores autonómicos que saben lo que es gobernar de verdad, con presupuestos reales y responsabilidades concretas.
En A Coruña, la consejera gallega Fabiola García Galicia va de número 2. María Pardo, consejera de Educación de Castilla y León, encabeza la lista por Valladolid. Isabel Urrutia encabeza la candidatura por Cantabria. Carlos Velázquez, alcalde de Toledo, repite en su circunscripción. Gema Igual, alcaldesa de Santander, va al Senado. Y en Barcelona, Albiol pone el tono más duro.
El mensaje de Génova es coherente: un grupo parlamentario capaz de gobernar, no solo de protestar desde la tribuna. Gente que sabe lo que es negociar una ley de presupuestos, que ha gestionado servicios públicos, que ha tenido que rendir cuentas ante ciudadanos de carne y hueso. Y junto a ellos, voces que no van a morderse la lengua en los debates duros.
El detalle que no pasa desapercibido: Sémper no habló
Hay un dato que El País señaló con discreción pero que vale la pena notar: Borja Sémper, número 3 de la lista, no tomó la palabra en el acto de presentación. Él representa el ala más moderada y conciliadora del partido. Que el micrófono no le llegara el día en que se presentaba su propia candidatura dice algo sobre el tono que el PP quiere proyectar en esta campaña. No es que Sémper esté fuera —el número 3 por Madrid no es una posición menor—, pero el protagonismo fue para los perfiles más combativos.
¿Qué queda claro después del 27-O?
Que el PP que se presenta el 29-N no es el mismo que el de hace cuatro años. Feijóo ha entendido que la unidad interna hay que demostrarla, no solo proclamarla. Que Ayuso es un activo electoral que no conviene tener enfrente. Que Cayetana, con toda su carga polémica y sus roces pasados con el propio líder, conecta con un electorado que está harto de eufemismos y de candidatos de perfil bajo.
Y sobre todo: que Génova está construyendo una candidatura pensada para el día después de las elecciones, con nombres concretos para responsabilidades concretas, con experiencia de gestión demostrada y un discurso que no rehúye el conflicto cuando hace falta. Los que buscan una alternativa real al Gobierno de Sánchez ya tienen una lista. Con nombres. Con apellidos. Y con un historial que tendrán que defender —o explicar— ante los ciudadanos el 29 de noviembre.
