Alberto Núñez Feijóo ha bajado este viernes del eslogan al catálogo. En la Cadena SER, con Aimar Bretos, ha dibujado el trozo de programa que más enfada a la izquierda y más tranquiliza a una parte de su electorado: Estado más delgado, Igualdad sin ministerio exclusivo, aborto con debate sobre las menores, eutanasia reformada y pensiones con IPC… y con plan de viabilidad.

No es la pieza del Senado ni el tira y afloja provincial con Vox. Eso es aritmética de cámara. Esto es otra cosa: la agenda de costumbres y de cartera pública con la que el PP quiere gobernar si el 29-N le da los números.

Igualdad sí; chiringuito, no

Feijóo ha sido explícito: no piensa mantener 22 ministerios. Quiere bajar la estructura —el marco que manejan las crónicas habla de acercarse a unos 15— y meter las competencias de Igualdad dentro de otros departamentos. “Le voy a decir a la ministra o al ministro que lleve igualdad que se encargue de otras cosas”, ha dicho. Y ha cargado contra la idea de una jornada política que, en su relato, se va en AVE a pasar la tarde.

El PSOE traduce eso como motosierra ideológica. Feijóo lo traduce como organización. Se define feminista —“me he criado en mi casa con muchas más mujeres que hombres”— y reconoce que sigue habiendo brecha salarial. El matiz liberal-conservador es de manual: igualdad de derechos, sí; ministerio hinchado como símbolo de moral pública, no. Quien confunda carpeta administrativa con derecho de las mujeres está haciendo campaña, no organigrama.

Aborto: la ley del TC… y el debate de los 16

Sobre la interrupción del embarazo, el líder del PP ha intentado no regalar un titular de “vuelta a Fraga”. Dice respetar la ley avalada por el Tribunal Constitucional. Garantiza asistencia sanitaria “de acuerdo con las leyes” en pública y privada. Aclara que no puede obligar a todo médico a practicar abortos. Y, a renglón seguido, reabre el punto que la izquierda llama involución y mucha derecha llama sentido común familiar:

Su opinión personal es que los padres de una chica de 16 o 17 años deberían tener conocimiento de que va a abortar. Insiste en el matiz: habla de información, no de un permiso ya convertido en articulado. Compara con el tatuaje o con no poder conducir. Y deja el “cómo” para la legislatura si gobierna: “Veremos… cómo planteamos este asunto”.

Se puede estar en desacuerdo. Lo que no se puede es fingir que ha anunciado la derogación del derecho. Ha anunciado un debate de tutela familiar en la franja de menores maduras. El Gobierno responde con el mantra de la España “en blanco y negro”. Feijóo responde con una pregunta incómoda: ¿una decisión irreversible se gestiona mejor en soledad administrativa que en el radar de la familia?

También ha metido el gancho económico: que nadie aborte solo por no poder sacar adelante un hijo. Si hay problema de recursos y la mujer quiere ser madre, se compromete a buscar una solución. Es el clásico del conservadurismo social europeo: proteger la vida posible sin vender la abolición total que ni su propio espacio aguantaría en las urnas.

Eutanasia: muerte digna, no vía exprés

La reforma de la ley de eutanasia es el otro pilar. Feijóo dice estar de acuerdo con la muerte digna, pero no como atajo. Quiere más peso del médico y del especialista; según La Vanguardia, ha apuntado que los procesos en tramitación con la ley actual se paralizarían al reformarla. Cita el caso Noelia —una joven de 25 años— como “fallo sistemático” de servicios sociales y sanitarios.

Desde el marco liberal-conservador la tesis es clara: la dignidad no empieza en la firma del final; empieza en no abandonar a alguien hasta que la única salida parezca apagar la luz. La izquierda oye “recorte de derechos”. Una parte de la sociedad oye “filtros y cuidado”. El 29-N decidirá quién gana el marco.

Pensiones y SMI: IPC, Pacto de Toledo y salario medio

En pensiones, Feijóo se aferra a dos frases que quiere clavar en el electorado mayor: actualización anual con el IPC y viabilidad para los jóvenes. Mecánica: reactivar el Pacto de Toledo, sentar a sindicatos, patronal y partidos, y llevar un plan. Habla de auditoría porque “no me creo muchas de las cuentas que tiene el Estado”.

Ojo editorial: en la misma entrevista elDiario.es señala que su recuerdo de la “hucha” de Aznar no cuadra con el relato fiscal serio. Aquí no se repite ese eslogan como dato. Se queda lo verificable: compromiso de IPC + plan de sostenibilidad + desconfianza contable hacia el Gobierno actual.

En el salario mínimo elude el “subiré X euros”. Prioriza que suba el salario medio y el poder adquisitivo. El PSOE replica con la estadística de las subidas del SMI: de ocho, solo una con el sí de la patronal. Es el choque de siempre: decreto político frente a diálogo social. Feijóo apuesta por el segundo y por crecer la tarta antes de repartir la miga.

La bronca previsible

Sánchez y el Gobierno han salido en tromba: “criarse entre mujeres no te hace feminista”; riesgo de involución; peligro para LGTBI, aborto y eutanasia en una eventual coalición con Vox. Es el guion de precampaña del bloque progresista. Feijóo, por su parte, sitúa el primer objetivo en que Sánchez salga del Gobierno y abre la puerta a completar mayorías si “lo mandan los españoles”, con el recordatorio de que ya hay coaliciones autonómicas PP-Vox con “líneas rojas”.

Para esta pieza el foco no es el reparto de sillones. Es el catálogo moral y administrativo: menos ministerios, familia informada, médico en el centro de la muerte digna, pensiones que no se vendan solo con el IPC del titular. Quien llame a eso involución tendrá que explicar por qué recortar el BOE de carteras y pedir un padre informado es más peligroso que un Estado que multiplica símbolos y aplaza la letra pequeña de la sostenibilidad.