Si alguien esperaba que el Frente Amplio fuese Sumar con otro logo, ya puede guardar el eslogan. Las listas al Congreso del 29-N cambian de cara de arriba abajo: apenas repiten 10 de los 27 diputados del grupo parlamentario y, de los ministros del ala minoritaria del Gobierno, solo entra Ernest Urtasun, como número dos por Barcelona. El resto —con Yolanda Díaz ya fuera de la primera línea— hará campaña, pero no va en las papeletas.
El dato que ordena el mapa no es un tuit. Según el desglose publicado este martes por El Mundo a partir del cierre de candidaturas, el Frente Amplio concurre en 51 circunscripciones y la formación que más cabezas de lista coloca es Izquierda Unida: 29, más de la mitad. Movimiento Sumar se queda con siete números uno; Comunes, con las cuatro provincias catalanas; Más Madrid lidera la capital; Compromís abre Valencia y Castellón; Chunta, Zaragoza y Huesca; Nueva Canarias, Las Palmas. El reparto territorial no es decorativo: IU hace pleno o casi pleno en Andalucía (salvo Cádiz), Castilla y León (salvo Valladolid), Castilla-La Mancha, Extremadura, Asturias, Murcia, Navarra, Cantabria, La Rioja, Álava y Guipúzcoa.
En el relato progresista esto se vende —con razón a medias— como renovación y no como funeraria. Ada Colau asume el liderazgo de la candidatura desde Barcelona y Comunes. En Madrid debuta como número uno Emilio Delgado (Más Madrid), con Tesh Sidi, Toni Valero (IU) y Verónica Barbero (Movimiento Sumar) en la cabecera. Enrique Santiago pasa de Córdoba a Sevilla. Hay fichajes con carga simbólica, como la exdirigente de Podemos Andalucía Raquel Martínez en Málaga. También hay cortes limpios: fuera de los puestos de salida por Barcelona queda Aina Vidal, coportavoz del grupo; Pisarello se reserva para las municipales de mayo; el exembajador ante la ONU Agustín Santos, número dos de Díaz en 2023 por Madrid, no repite.
Quien mire solo el “cambio de caras” se pierde la jugada de fondo. El espacio llega al 29-N después de una legislatura en la que Sumar obtuvo 31 escaños y el grupo plurinacional se quedó en 27 tras la ruptura con Podemos. Ahora la coalición intenta reconstruir músculo territorial con IU como armazón y Colau como cara reconocible. No es un detalle cosmética: es una apuesta de implantación frente a la marca personal que se agotó.
Desde la izquierda el mensaje útil es este: la derecha soñaba con un sumatorio de residuales y se encuentra con un mapa redibujado, con peso municipalista y con una lógica de unidad que, al menos en el papel, corrige la atomización de 2023-2026. Eso no garantiza escaños. Sí cambia la pregunta de campaña. Ya no es solo “¿cuántos se pelean en la foto?”. Es “¿quién organiza el territorio cuando toca pelear distrito a distrito?”.
Hay matices que no conviene edulcorar. Urtasun es el único ministro reconocible en listas; Bustinduy, Mónica García o Sira Rego no compiten. La renovación también expulsa capital político acumulado y deja cicatrices internas —el caso Vidal lo ilustra— que la derecha explotará como caos. Y el Senado va por otra vía: la alianza Senado de Progreso con el PSOE coloca al Frente Amplio mayoritariamente en segundos puestos, un “win-win” aritmético solo si la fórmula gana circunscripciones a la derecha.
A un mes vista, la izquierda alternativa ya no puede fingir continuidad. Ha elegido otra arquitectura: más IU, menos corte ministerial, Colau al frente y Madrid con cara propia. Si funciona, será porque la renovación conecta con votantes que pedían relevo. Si no, el 29-N medirá sin anestesia el precio de haber cambiado el tablero tan tarde.
