Una silla vacía. Esa es la imagen que los docentes madrileños en huelga pusieron delante de la Consejería de Educación el pasado 26 de octubre, cuando cientos de profesores cortaron la Gran Vía durante casi una hora. La pancarta lo decía sin rodeos: «Zarzalejo, negocia con la pública». La consejera no apareció. La silla siguió vacía. Y todo apunta a que seguirá así.
Diecisiete días en la pizarra, y la Consejería ni se inmuta
La huelga indefinida en la enseñanza pública no universitaria de la Comunidad de Madrid arrancó el 14 de octubre de 2026. Detrás hay un comité amplio: Menos Lectivas, CCOO, CGT, CNT, Queremos FP, Educación Especial Digna, STEM y UGT. No es una protesta de un único sindicato ni de una única sensibilidad. Son docentes de Infantil, Primaria, Secundaria, FP y Régimen Especial que piden cosas bastante concretas: bajar las horas lectivas, reducir las ratios de alumnos por aula, mejorar la atención a la diversidad, 600 euros más al mes en 14 pagas, menos carga burocrática y que los colegios no se conviertan en hornos en verano ni en neveras en invierno.
Nada del otro mundo, diría cualquiera que haya pisado un aula en los últimos años. Pero la consejera Zarzalejo tiene otra opinión: las demandas son «irrealizables», su coste llevaría a la «quiebra del sistema» y, además, la culpa de todo la tiene la política. No los años de recortes. No las ratios disparadas. La política.
El doble rasero que lo explica todo
Aquí viene el detalle que no tiene ninguna explicación técnica, solo política: mientras Zarzalejo se niega a sentarse con el comité de huelga de la enseñanza pública, la Consejería tiene prevista una reunión con la FSIE, la federación que agrupa a los centros privados y concertados.
Que quede claro lo que esto significa: los docentes que sostienen la red educativa pública madrileña, a quienes paga directamente la Comunidad de Madrid con dinero de todos los contribuyentes, no merecen una mesa de negociación. Pero los representantes de los colegios privados y concertados sí. La Consejería habla de «mesa de carrera profesional» como alternativa, pero el comité de huelga no se reconoce en esa mesa ni en ese proceso. Quieren negociar sus condiciones laborales concretas. Lo que manda la ley, en realidad.
Y aquí entra el requerimiento formal que el comité ha lanzado esta semana: si la Consejería no se sienta a negociar, irán a la vía judicial. Los abogados del comité citan el artículo 8 del Real Decreto-ley 17/1977, que establece la obligación de negociar. No es una amenaza vacía. Es el recordatorio de que el derecho a la huelga incluye el derecho a que alguien al otro lado de la mesa se digne a escucharte.
Ayuso convierte una huelga laboral en asunto electoral
La presidenta Ayuso ha calificado la huelga de «política» y ha recordado que la convocatoria se lanzó en julio, antes de las elecciones sindicales del 29 de noviembre. El argumento es conocido: si hay elecciones sindicales cerca, cualquier conflicto laboral se convierte automáticamente en campaña. Es una forma elegante de no responder a ninguna de las demandas concretas.
El problema con ese argumento es que la huelga lleva semanas activa, que los docentes están perdiendo parte de su sueldo por ir a ella, y que las familias de sus alumnos las apoyan mayoritariamente. El 24 de octubre, unas 500 familias se concentraron en solidaridad con el profesorado. Más de 300 asociaciones de madres y padres —AMPA y AFA— firmaron un manifiesto de apoyo. Eso no es campaña electoral. Eso es una comunidad educativa que dice que algo no funciona.
La Gran Vía y la silla que nadie quiso ocupar
El 26 de octubre, los docentes tomaron la Gran Vía. Cientos de profesores cortaron una de las arterias principales de Madrid durante aproximadamente una hora. La pancarta pedía negociación. La silla, colocada simbólicamente frente a la Consejería, representaba el hueco que Zarzalejo lleva semanas dejando vacío. Al final de la concentración hubo cargas policiales. La imagen completó el relato: profesores que piden sentarse a negociar, y el Estado respondiendo con porras.
No es la primera acción de esta huelga, y probablemente no será la última. El comité ya ha advertido de que si no hay negociación, el conflicto escala a los tribunales. La pelota está en el tejado de la Consejería. Que lleva semanas mirando hacia otro lado.
La silla sigue vacía. Los alumnos, en clase con sustitutos o en casa. Y Zarzalejo, preparando su reunión con la escuela privada.
