Francisco Martín no se ha ido de la Delegación del Gobierno en Madrid por un cambio de carpeta. Se ha ido porque Ferraz le ha dejado sin escaño a cinco semanas del 29-N y, según fuentes de la propia Delegación, «no se dan las condiciones para seguir ejerciendo su responsabilidad». El mensaje es frío. El contexto, no.
Martín llevaba en el cargo desde marzo de 2023. Antes había sido secretario general de la Presidencia: no era un desconocido de paso. En Madrid se había convertido, para bien o para mal, en la cara del Estado central frente a Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez-Almeida. Y justo cuando la precampaña aprieta, el partido le ha dicho que no hay hueco en las listas al Congreso ni al Senado.
El feo de las listas
Lo sangrante no es solo la exclusión. Es el contraste. Otras delegadas del Gobierno sí irán en las candidaturas socialistas: Pilar Bernabé en Valencia, Adriana Lastra en Asturias. El martes pasado, el Consejo de Ministros cesó a los delegados de Cataluña, Andalucía, Comunidad Valenciana, Asturias y Aragón para que pudieran concurrir. En Madrid, con Martín, el guion fue otro: fuera de la plancha y, acto seguido, dimisión.
Según The Objective, Ferraz apostó por dar continuidad a diputados de la pasada legislatura y por perfiles nuevos de la ejecutiva, mientras la lista madrileña al Congreso la encabezan ministros —Robles, Bolaños, Marlaska—. Traducción práctica: hay sitio para el aparato federal y poco para quien ha estado en la trinchera diaria de Sol.
Sol, profesores y el derecho a molestar al poder
En las últimas semanas, Martín ha sostenido un pulso abierto con la Comunidad de Madrid por la acampada de la Puerta del Sol, iniciada a finales de septiembre tras un desahucio con mucho eco. Ayuso pedía el desalojo; la Delegación defendía el derecho de reunión y no ordenó el desalojo inmediato que reclamaba el Gobierno regional. A eso se sumó la orden de investigar cargas policiales contra profesores concentrados a las puertas de un acto de la presidenta, y las quejas de sindicatos policiales por las críticas de Martín a cargas en manifestaciones educativas en Ciudad Universitaria.
Se puede discutir la gestión. Lo que no se puede es fingir que era un cargo decorativo. En una comunidad gobernada por la derecha, el delegado del Gobierno o se moja o se convierte en notario. Martín se mojó. Y el premio de campaña ha sido la puerta.
Primarias y recados internos
Tampoco ayuda el tablero interno del PSOE madrileño. En julio, Martín se situó del lado de Enma López frente a Reyes Maroto en las primarias a la Alcaldía. Ganó Maroto. López, apartada después de la dirección del grupo municipal, ha agradecido en X la «entrega» de Martín y ha dicho que Madrid pierde a un gran servidor público. No hace falta dramatizar: en política, elegir bando en primarias se cobra más tarde, y a veces se cobra en silencio, con un nombre que no aparece en la lista.
Se espera que el martes el Consejo de Ministros nombre relevo. La opción que más se repite es la actual subdelegada, Pilar Trinidad Núñez, con un mensaje de continuidad ante la huelga general del 11 de noviembre y el arranque formal de campaña. Continuidad operativa, sí. Continuidad política del pulso con Ayuso: eso ya es otra película.
Lo que esta dimisión dice del 29-N
Hay quien preferirá leer la salida como un simple ajuste de agenda. La lectura de esta mesa es otra: a las puertas de unas generales, el PSOE prioriza ministros, escaños seguros y equilibrios de lista sobre quien ha personificado el choque institucional en la capital. Si la campaña se vende como muro frente a la derecha madrileña, resulta llamativo que el muro humano de la Delegación se quede sin asiento.
Martín se va diciendo que no hay condiciones. Ferraz, con los hechos, ha contestado antes: no hay lista. Y en política, cuando no hay lista, el resto de explicaciones llega siempre un poco tarde.
