Ha pasado algo importante esta madrugada en Washington. Los demócratas han ganado las elecciones legislativas de Estados Unidos —las midterms— y se han hecho con el control tanto de la Cámara de Representantes como del Senado. Donald Trump tendrá que gobernar los dos años que le quedan de mandato con una oposición capaz de bloquearle parte de la agenda legislativa. Eso no es un detalle menor.

En España, la reacción ha tardado minutos. Y no ha venido del área de Política Internacional del Gobierno. Ha venido directamente del candidato.

Sánchez pone nombre a la ola

Pedro Sánchez, candidato socialista a la reelección el 29 de noviembre, no ha dejado pasar la ocasión. En un mensaje en X ha celebrado el resultado, lo ha comparado con la victoria de Lula da Silva en Brasil y ha afirmado que la sociedad estadounidense votó contra políticas que «solo empobrecen» y contra el odio, el machismo y el negacionismo climático.

Pero la frase con más pegada ha sido otra: «La ola ultra a la que pretenden subirse Feijóo y Abascal ya no crece: se desmorona». Breve, directa y con nombre y apellidos. No es un comentario de política exterior. Es un arranque de campaña.

El mapa que la izquierda lleva meses dibujando

El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, ha ido más lejos si cabe. Ha dicho que la ola de cambio de EE.UU. va a continuar en España «porque está en juego exactamente lo mismo». El PSOE ha vaticinado una nueva victoria de Sánchez. Nada de sutileza, todo de frente.

Pablo Bustinduy, ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, de Sumar, ha tirado de hemeroteca internacional en su mensaje en X: Bolsonaro, Netanyahu, ahora Trump. Ha augurado que el 29 de noviembre la derrota de Trump será la misma que tendrán Feijóo y Abascal. Los ciclos electorales no se copian y pegan, eso es verdad. Pero el mensaje funciona: hay una tendencia, y la derecha dura pierde cuando la gente se moviliza.

Ada Colau, desde el Frente Amplio, ha añadido que el resultado evidencia que se puede «vencer a la extrema derecha y a sus aliados tecnooligarcas» y que el 29-N hay que derrotar a Feijóo y Abascal «para seguir ampliando derechos en España».

Antonio Maíllo, coordinador de Izquierda Unida, ha optado por el análisis más clásico y quizás el más preciso: Trump ha sufrido «una de las derrotas electorales más abultadas» y «al fascismo se le frena defendiendo los intereses de la clase trabajadora». Sin metáforas marítimas. Con eso se basta.

Montero: alegría con advertencia incorporada

Irene Montero, de Podemos, ha puesto la nota más compleja de la jornada. Ha aplaudido que los estadounidenses dijeran «basta a Trump» y lo ha calificado de «buen día para la humanidad», pero ha añadido algo que merece leer despacio: «No basta el voto, hay que forzar los cambios. Si nada cambia, Trump habrá ganado igual».

También ha señalado que el resultado debe servir «para acabar con las guerras y el genocidio». Una manera de recordar que ganar elecciones es condición necesaria, no suficiente. Es la tensión de siempre: el alivio de que pierda el adversario y la exigencia de que quien gane haga algo con ese mandato.

El humor de Rufián

Gabriel Rufián, diputado de ERC, ha optado por el tono que mejor maneja. En X ha escrito: «Verás cuando se levante Abascal y vea lo de Trump». Economía de palabras, efecto garantizado.

La derecha también habla: vuelco y relativización

Sería trampa contar solo la mitad. Alberto Núñez Feijóo también ha reaccionado, y su mensaje no ha sido exactamente de duelo. Ha pedido a Sánchez que «tome nota» de lo que predecían las encuestas y ha lanzado su propia lectura: si las encuestas americanas han acertado en EE.UU., las españolas también acertarán el 29-N, y eso significaría un «vuelco político» en España. Ha reconocido que el pueblo americano ha retirado su confianza a Trump. Pero lo ha convertido en argumento propio. Talento no le falta.

Santiago Abascal, por su parte, ha optado por restar importancia. En Onda Cero ha recordado que muchos presidentes pierden la mayoría legislativa a mitad de mandato y siguen gobernando. Ha pedido centrarse en la perspectiva de los españoles y en mantener buena relación con EE.UU. «esté quien esté en el poder». Sin drama. Seguimos.

Que tanto Feijóo como Abascal hayan salido a hablar con prisa dice tanto como lo que han dicho.

Washington, Madrid y la aritmética de las urnas

Nada de lo que pase en Estados Unidos determina mecánicamente lo que va a ocurrir en España el 29 de noviembre. Las instituciones son distintas, los sistemas electorales no tienen nada que ver y los contextos son muy diferentes. Quien diga lo contrario sabe que lo está simplificando.

Pero hay algo que sí cruza fronteras: la demostración de que movilizar electorado de izquierda frente a una derecha radical es posible. Que no es inevitable rendirse. Que el miedo puede perder.

La izquierda española lleva meses construyendo un relato en serie: Lula frenó a Bolsonaro, los demócratas frenan a Trump. El capítulo español, según ese guión, se escribe el 29-N. Es propaganda, claro. Pero es propaganda con hechos reales detrás.

Lo que hagan los votantes españoles dentro de veinticinco días es otra historia. Pero esta noche, al menos, la ola tiene un poco menos de tamaño.