Javier Milei no viene de turista. Vuelve a Madrid en plena precampaña del 29-N, sin agenda con Pedro Sánchez ni con el rey Felipe VI, pero con hueco para la Fundación Disenso —el think tank de la órbita de Vox— y, según el relato mediático, con cita prevista con Isabel Díaz Ayuso. No hace falta un mitin conjunto para que la visita funcione como cartel: el presidente argentino es el símbolo que la derecha española ha normalizado y que la izquierda quiere convertir en advertencia.
Qué ha pasado. En un mitin en Valladolid, Sánchez cargó contra PP y Vox con una frase hecha a medida del momento: planean «gobernar con el de la motosierra». El ministro de Transportes, Óscar Puente, debutó en la precampaña socialista como «azote» de la derecha y clavó el contraste numérico que Moncloa quiere que quede en la cabeza del votante: España con récord de afiliados a la Seguridad Social (22,6 millones) frente a una Argentina donde, según Puente, unos 11 millones de trabajadores —el 45%— cobran en negro; SMI español al alza (+66% en ocho años) frente a una caída del 40% del mínimo argentino desde 2023; 100.000 empresas nuevas aquí frente a 36.000 menos allí. La conclusión del ministro no era sutil: «la motosierra no crea ni construye nada, solo siega».
El detalle que delata el cálculo. Santiago Abascal, que ha presumido de amistad con Milei hasta el punto de que el argentino le llamó el único que le abrazó «cuando nadie me quería», ha preferido no repetir la foto en esta visita. laSexta lo resume sin eufemismos: el líder de Vox llena agenda para que la motosierra no alimente el relato de recortes, y en entrevistas habla de «bisturí» más que de sierra. En cambio, Ayuso sí pone alfombra: encuentro el miércoles a las 17:00, con protestas convocadas («Milei no es bienvenido»). Es decir, la ultraderecha nacional dosifica el icono; la derecha madrileña lo exhibe. El mensaje para el votante progresista es el mismo en ambos casos: el laboratorio ya no está en Buenos Aires, está en la agenda de campaña española.
Por qué importa. No se trata de insultar a un presidente extranjero ni de convertir la política argentina en novela. Se trata de si España asume como horizonte legítimo un modelo que recorta red pública, precariza empleo y vende la austeridad como virtud moral. Cuando Feijóo y Abascal negocian el Senado y Ayuso posa con Milei el mismo mes en que el Gobierno empuja prestaciones y vivienda tensionada, el contraste deja de ser abstracto. Quien diga que «solo es un foro económico» miente por omisión: en precampaña, cada foto es programa.
Lectura de mesa. Esta mesa no pide fe: pide memoria corta. Si la derecha quiere motosierra con bandera española, que lo diga con cifras y calendarios, no con eufemismos de bisturí. Y si Abascal huye de la foto mientras Ayuso la busca, el problema no es el protocolo: es el miedo a que el votante entienda el manual completo. El 29-N no se vota un influencer de YouTube; se vota si el Estado social se defiende o se desmonta por entregas.
